NUEVE AÑOS… UN DESTINO

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Presentación de Fray Carlos Alfonso Azpiroz Costa OP en la inauguración del Congreso para la Misión de la Orden (Roma, 17 de enero de 2017).


Queridos hermanos, queridas hermanas:

Agradezco la posibilidad que el Maestro de la Orden me ha ofrecido para –de alguna manera- abrir esta sesión inaugural del Congreso… En el Angelicum, casa donde he estudiado, he enseñado…

Permítanme iniciar esta breve reflexión “Nueve años, un destino” citando dos versículos del Salmo 90 (89) que -en primera persona del plural- nos ayuda a mirar de alguna manera la historia de la Orden (800 años de su confirmación papal, algunos más de su generación o nacimiento) y nos prepara para renovar nuestro compromiso evangelizador:

“Enséñanos a calcular nuestros años,

Para que nuestro corazón alcance la Sabiduría.”

[Salmo 90 (89) 12]

También quisiera recordar en esta asamblea las palabras del O Lumen, antífona tan cercana a todos nosotros (los de habla española, castellana, podrán seguirme rezando conmigo):

Oh Luz de la Iglesia,

Doctor de la Verdad,

Rosa (ejemplo) de paciencia,

Marfil (Ideal) de castidad,

Tú nos diste gratuitamente (con largueza,

el Agua de la Sabiduría,

Predicador de la gracia,

Llévanos a la Patria Celestial

(Únenos a los santos)

 

Atletas de la Fe; Campeones de la Fe

Estas son expresiones de Honorio III y del Prefacio de la Fiesta de Nuestro Padre Santo Domingo. Los deportistas (atletas y campeones) suelen hace su precalentamiento antes del juego o performance; el atleta antes de su salto en alto, o en largo… corre “hacia atrás” tomando fuerza, como en un “envión” para adquirir velocidad, sprint o como se lo llame… y asegurar así un buen “salto” (en alto, en largo).

También los Profetas recorren la historia tomando velocidad…para un salto

Los verdaderos profetas, en el “HOY” que les ha tocado vivir a cada uno de ellos, ante un momento especial, difícil y desafiante, transformaron esa “crisis” en un verdadero kairòs: no dudaron en mirar atrás, asumiendo el PASADO, haciendo MEMORIA, recorriendo rápidamente la historia para reconocer el paso de Dios por la vida de su Pueblo… para así abrazar el FUTURO con ESPERANZA.

La Orden, como Familia de Santo Domingo, también quiso preparar el advenimiento de este Jubileo “desde antes”, como guardando en el corazón todo lo que Dios hizo en su historia, en fidelidad creativa al amor inicial… para seguir siendo fiel en un mañana que aguarda prometedor, preñado de esperanza.

Un viaje que ha cambiado la vida de Santo Domingo (y la nuestra)

Ya en mayo de 2003, a través de una Carta a la Orden (“Caminemos alegres y pensemos en nuestro Salvador” – pinceladas sobre la itinerancia dominicana) celebrábamos de alguna manera los 800 años de aquel viaje que emprendieron Diego de Aceves, obispo de Osma y Nuestro Padre Santo Domingo, sub prior del Cabildo de Osma, hacia las Marcas, un viaje “diplomático” que cambió sus vidas ¡y las nuestras! Es verdad, habrían de partir sabiendo que “quien no parte, no llega”.

En el Capítulo General de Definidores celebrado en Cracovia (fines de julio hasta el 17 de agosto de 2004) se dialogaba ya acerca de algunas fechas insignes que, digamos, se recordaban al acercarse a su octavo centenario.

Los cirios encendidos para celebrar

Santa Catalina de Siena, Doctora de la Iglesia, nos susurró al oído del corazón, como el Señor al de ella, una bella expresión: Domingo había recibido el mismo oficio del Verbo (cf. Diálogo 158). El día de su Fiesta, 29 de abril, y hasta el 4 de mayo de 2006 se reunieron en Fanjeaux, digámoslo así, los “organismos internacionales” de la Orden (es decir, el Maestro de la Orden y los miembros del Consejo General de los frailes; la Comisión Internacional de las Monjas; el Equipo coordinador de Hermanas Dominicas Internacionales (DSI); el Consejo Internacional de las Fraternidades Laicales Dominicanas;  el Equipo coordinador de Voluntarios Dominicos Internacionales; el Secretariado Ejecutivo del Movimiento Juvenil Dominicano Internacional y la Comisión Internacional de Justicia y Paz). Lo hicieron para promover la memoria, discernir juntos los desafíos a la misión de la Orden, fortalecer un camino en común, y –claro- conmemorar los 800 años de la fundación del primer monasterio dominicano: Santa María de Prouilhe. En dicho Monasterio celebramos con la comunidad la misa inaugural y conclusiva con nuestras monjas.

Con este impulso, desde el 3 de diciembre de 2006 (y hasta la Epifanía de 2008) la Orden celebró los 800 años de la fundación de su primera comunidad de contemplativas (Monasterio Santa María de Prouilhe). Todos hemos vivido con intensidad el Jubileo de nuestras contemplativas.

Hace ahora diez años, el Capítulo General de Provinciales reunido en Bogotá, Colombia  (julio – agosto 2007) pidió “al Maestro y a las Provincias preparar de manera adecuada la celebración del VIII Centenario de la confirmación de la Orden de Predicadores en 2016, de modo que la celebración que ha comenzado en Fanjeaux en 2006, abriendo abriendo así el decenio de la Familia Dominicana, sea ocasión de renovación de nuestra vocación de predicadores (ACG Bogotá 2007 n. 51).”

Esto se intentó hacer desde el Secretariado de la Familia Dominicana, el cual preparó los temas y citas bíblicas que acompañaron nuestra reflexión y nuestros corazones en esta “novena” de años… que concluyó con este Año Jubilar (De alguna manera análoga a la que propusiera San Juan Pablo II a toda la Iglesia para preparar y celebrar el Gran Jubileo del 2000).

El tema general: «¡Ay! de nosotros si no predicamos el Evangelio» (cf. 1 Cor 9,16)

No se podían imaginar entonces, ni menos planificar, acontecimientos y celebraciones providenciales que ayudaron a vivir la “Novena” con un particular sentido eclesial. Permítanme repasar con ustedes los temas que hemos ido meditando, orando, contemplando y “rumiando” juntos desde entonces.

2007: «Caminemos fieles al amor inicial para que tengamos vida» (Ap 2,4 y Juan 10, 10): Los 800 de las contemplativas [En Aparecida, Brasil, se había reunido la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano inaugurada por Benedicto XVI. Su Documento final nos invitó a ser “Discípulos y misioneros de Jesucristo”. El 28 de octubre de ese año fueron beatificados en Roma 74 mártires de la Familia Dominicana en la España del siglo XX: 62 frailes –entre ellos fray Buenaventura García Paredes quien fuera Maestro de la Orden entre 1926 y 1929 y quien iniciara una tarea delicada readquiriendo para la Orden este edificio que hoy nos alberga; 9 hermanas de vida apostólica (7 Dominicas de La Anunciata y 2 de la Inmaculada Concepción –llamadas de Jarauta-; una hermana contemplativa –Sor Josefina Sauleda Paulis- y dos laicos de la Orden].

2008: «Mi alma canta la grandeza del Señor» (Lc 1, 46): El Santo Rosario, memoria, teología y piedad popular. (Ya contando con un Promotor General del Rosario desde el año anterior).

2009: «En el principio era el Verbo» (Jn 1,1): Santo Domingo, Predicador de la Gracia recibió el mismo oficio del Unigénito, el Verbo (Diálogo 158).

2010: «¿Cómo saldrán a predicar sin ser enviados?» (Rom 10,15): La Misión de la Predicación (500 años de la primera comunidad dominicana en la isla Hispaniola formada por fray Pedro de Córdoba, fray Antonio de Montesinos, fray Bernardo de Santo Domingo y fray Domingo de Villa Mayor –cooperador-).

2011: «Todos los oímos hablar en nuestros idiomas las maravillas de Dios» (Hch. 2,11): Predicación y Cultura / Predicación Comunitaria (Aniversario del sermón o grito de Antonio de Montesinos en el Adviento de 1511: “¿Acaso estos no son hombres?”; fruto fecundo y maduro de un diálogo enriquecedor con sus hermanos profesores dominicos de Salamanca, como Fray Francisco de Vitoria y tantos otros profesores y teólogos del siglo XVI).

2012: «Ve y diles a mis hermanos…» (Jn 20,17): Las Dominicas y la Predicación. Siguiendo la misión de nuestra patrona, primera predicadora de la Resurrección, María Magdalena.

2013: «Hágase en mí según tu Palabra» (Lc 1,38): María: Contemplación y Predicación de la Palabra [Beatificación de fray Jean- Joseph Lataste el 3 de junio de ese año: “¡He visto maravillas!”, fue su propio Magnificat después de la predicación a las internas de la prisión de Cadillac, en Francia, inspirado en Santa María Magdalena].

[En tanto el Capítulo General de Definidores, reunido en Trogir, Croacia, en 2013 eligió el lema para el Jubileo: “Enviados a predicar el Evangelio” y precisó  su inicio para el 7 de noviembre de 2015 (Fiesta de todos los santos sugerida también como Día de la Familia Dominicana años antes) y clausura, el 21 de enero de 2017 (aniversario de otra Bula del Papa Honorio III de invalorable contenido para comprender la vida y misión de la Orden).

2014: «Derramaré mi Espíritu sobre toda la humanidad. Tus hijos e hijas hablarán de mi parte, los ancianos tendrán sueños y los jóvenes verán visiones» (Joel 3,1): El Laicado Dominicano y la Predicación.

2015: «Si permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn 8, 31-32); – «Para ser libres fue que Cristo nos liberó» (Gal 5, 1): Domingo: Gobierno, Espiritualidad y Libertad.

2016: «¡Ay! de nosotros si no predicamos el evangelio» (cf. 1 Cor 9, 16): La Orden de Predicadores: Ayer, Hoy y Mañana. En tanto el Papa Francisco llamó a celebrar la Misericordia en un Año Santo Extraordinario ¡Año de la Misericordia! El mismo Santo Padre, el 4 de agosto, recibió a los frailes y otros miembros de la Familia Dominicana reunidos en Capítulo General de Provinciales en Bolonia (cf. su discurso en esa ocasión).

Celebramos este encuentro de la Orden, como Familia.

El 14 de septiembre de 1995 San Juan Pablo II publicaba la Exhortación post sinodal Ecclesia in Africa. Animaba a construir la Iglesia como Familia. En efecto, “la imagen pone el acento en la solicitud por el otro, la solidaridad, el calor de las relaciones, la acogida, el diálogo y la confianza” (n. 63). Permítanme agregar la “docilitas” (el saber dejar decirse algo).

El Capítulo General de Provinciales reunido en Bolonia (Italia) en 1998 expresaba la belleza de ambas analogías: Orden y Familia.

La palabra «Orden» debería entenderse de un modo dinámico, como la tarea específica o la misión que reúne a un grupo de personas reconocido públicamente y encargado de realizar esta misión. Nuestra Orden es enviada para la proclamación de la Palabra de Dios (Constitución Fundamental 1, I). «Orden de Predicadores» se refiere a la asociación religiosa de todos aquellos que a través de su compromiso público son incorporados a la misión dominicana, tal y como es reconocida por la Iglesia universal.

La Orden suscita una familia. Esto puede explicarse, ya que la predicación no está dirigida simplemente a los individuos, sino que, al crear una comunidad, puede dar sus frutos. «Familia» es una metáfora que evoca y expresa la experiencia de una pertenencia mutua, compartiendo el mismo nombre y las mismas raíces, reconociéndose y ayudándose mutuamente en una relación afectuosa como hermanos y hermanas.

La «Familia Dominicana» es así esta comunión de frailes, monjas, hermanas de vida apostólica, miembros de institutos seculares, fraternidades de sacerdotes y de laicos, asociaciones anexas a la Orden, que gracias a su carisma común, han recibido la orden de asumir la misma misión de predicación y de compasión.

La familia aspira a establecer una Orden. Trata de organizarse como una “orden”, en la cual los roles y las responsabilidades de los miembros son definidos en el seno de este conjunto en el que cada uno y cada una tiene su sitio. Otras personas pueden considerarse miembros de la Familia Dominicana. Han sido atraídas por la misión de la Orden y encuentran en ella aspiraciones v apoyo individualmente o a través de las diferentes asociaciones. Por esta razón, la Familia Dominicana puede ser considerada como un movimiento abierto a nuevas formas de vida y de misión [ACG 1983 (Roma) 271].

Conclusión

Se acercan nuevos “Jubileos de 800 años para la Orden”. Están aquí presentes fray Augustine Laffay, y otros historiadores, algunos son miembros del Instituto Histórico Dominicano ¡aunque no pretendo darles con esta lista meramente ejemplificativa nuevas tareas y pedidos de Congresos y Asambleas!

2016: También hemos celebrado el así llamado “Capítulo fundacional” en Tolouse (cuando los frailes a instancias de Inocencio III eligieron la Regla de San Agustín para ser fieles a lo decidido en el canon XIII del Concilio de Letrán de 1215)

2017: Este año que apenas ha comenzado, celebraremos un momento clave en nuestra historia, me refiero al “Pentecostés Dominicano” o dispersión de los frailes (el 15 de agosto, desde Prouilhe, según la tradición de la Orden) ¡Esto exigirá a la Orden una renovada disponibilidad e itinerancia!

2020: Primer Capítulo General de la Orden (Bolonia) subrayando su unidad.

2021: Segundo Capítulo General de la Orden (Bolonia) asumiendo su diversidad en la creación de las primeras provincias. También recordaremos el VIII centenario de la pascua de Santo Domingo.

2024: Nacimiento de Santo Tomás de Aquino… ¡y seguirán otros aniversarios y celebraciones que nos ayudarán a hacer memoria y crecer en la esperanza!

¿Entonces? Sigamos caminando alegres, pensando en el Salvador, entre la Memoria y la Esperanza. No simplemente como pseudo – expertos, en una suerte de “arqueología espiritual” (huyendo hacia lo ya vivido porque creemos que todo tiempo pasado fue mejor); ni tampoco tentados de “huir hacia al futuro” (en búsqueda desesperada de nuestras expectativas meramente humanas) porque quizás el presente pareciera hacerse insoportable, como esperando que pase la tormenta.

Parafraseando lo que escribió –refiriéndose a la Iglesia- el beato Pablo VI en su “Meditación ante la muerte” (llamado de alguna manera su “Testamento espiritual”) quisiera hoy nuevamente referirme a la Orden, a la Familia Dominicana, fundada y confirmada in medio Ecclesiae como en una confesión de amor que pocas veces podemos animarnos a hacer:

Es el amor a la Iglesia  –vivida desde la Orden- lo que nos ha sacado de nuestro mezquino y selvático egoísmo, y nos ha encaminado a su servicio como predicadores del Evangelio… Tengamos siempre conciencia de nuestra misión: tengamos sentido de las necesidades verdaderas y profundas de los hombres. Caminemos pobres, libres, fuertes y amorosos hacia Cristo. Cumplamos con gusto, sencillamente, humildemente, con fortaleza, como voluntad del Señor, el deber que deriva de las circunstancias en que nos encontramos. Hagamos pronto. Hagamos todo. Hagamos bien. Hagamos gozosamente: lo que el Señor quiere de nosotros, lo que su Iglesia espera de nosotros, aun cuando supere inmensamente nuestras fuerzas y nos exija la vida.

Hace 40 años, el Capítulo General de definidores reunido en Quezon City, Filipinas, en 1977 proyectando hacia el futuro la misión evangelizadora de la Orden hablaba de “Prioridades” (La catequesis en un mundo descristianizado; La evangelización en el contexto de las diversas culturas; la Justicia y Paz; La comunicación humana a través de los medios de comunicación social).

Hace 30 años, el Capítulo de definidores reunido en Ávila, España, en 1986 nos invitó a vivir una “Misión más allá de las fronteras” (La frontera entre la vida y la muerte – el gran reto de la justicia y la paz en el mundo; La frontera entre la humanidad y la inhumanidad – el gran reto de los marginados; La Frontera cristiana – el reto de las religiones universales; La frontera de la experiencia religiosa – el reto de las ideologías seculares; La frontera de la Iglesia – el reto de las confesiones no católicas y otros movimientos religiosos). ¡Recordamos en este sentido la bella y desafiante expresión de nuestro hermano, también Obispo, fray Pierre Claverie  (+ 1º de agosto de 1996): invitándonos a situarnos en las “Líneas de fractura de la humanidad”!

En la Evangelii Gaudium (2013) el Papa Francisco también nos invitó a ser una Iglesia evangelizadora en “salida”, enviada a las “periferias existenciales”…

Nuestra vida nos impulsa a comprender y hacer comprender la anchura, longitud, altura y profundidad del amor de Cristo que supera todo conocimiento, para ser colmados por la plenitud de Dios (cf. Ef. 3, 18).

¡Vamos por todo!: Esta es una expresión que en mi país provocó en el mundo político no pocas polémicas (de parte de quienes la usaban como programa de gobierno y de parte de quienes lo atacaban). De todos modos leamos nuevamente el texto con el cual concluye el Evangelio de Mateo:

«Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra (se nos ha dado la gracia de la predicación). Vayan entonces y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (el alcance de la predicación), y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado (el contenido de la predicación). Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo» (el tiempo de la predicación) (Mateo 28, 19-20).

iLa gracia, los destinatarios, el contenido y el tiempo de la predicación!

 En la Constitución fundamental de los frailes (LCO 1, III) recordamos que estamos totalmente consagrados, entregados a la Iglesia universal, dedicándonos por entero, a la evangelización íntegra de la Palabra de Dios.

Hemos sido llamados para buscar y conocer a Dios; conservar y profundizar la Fe; hacernos responsables de la fe de los demás ¡misioneros! ¡evangelizadores!

Junto a esta perspectiva de “Orden y Familia” (un verdadero “nosotros”) se une también, en el estupor del propio corazón, una mirada del todo personal. También recurro a las palabras del salmista:

 “Señor dame a conocer mi fin

y cuál es la medida de mis días,

para que comprenda lo frágil que soy:

No me diste más que un palmo de vida

 y mi existencia es como nada ante ti”

[Salmo 39 (38) 5-6]

Refiriéndose a fray Reginaldo de Orleáns (patrono de las vocaciones dominicanas) escribió el Beato Jordán de Sajonia en su Libellus : “No puedo menos de recordar que, estando en vida fray Mateo, que había conocido [a fray Reginaldo] en el mundo vanidoso y delicado, le preguntó -como admirado- en cierta ocasión: «Maestro, ¿os pesa haber tomado este hábito?». Él, bajando la cabeza, respondió: «No creo haber merecido nada en esta Orden, porque en ella me he encontrado siempre demasiado a gusto» (n. 64)”.

 Permítanme citar las palabras del Beato Hyacinthe-Marie Cormier (76º Maestro de la Orden) a quien recordamos como fundador del Angelicum: “Sin duda será para nosotros una dulzura y una delicia no sólo convivir unidos, sino también orar unidos, velar unidos en los tiempos sagrados, sufrir unidos las contrariedades, afrontar unidos la muerte, deleitablemente confortados con las oraciones y la compañía de los hermanos. En esa hora suprema, viendo con mayor claridad la excelencia de nuestra vocación, a la luz de la eternidad, no podremos menos de exclamar: ¡Demos gracias a Dios por su don inefable! (2ª Cor. 9, 15).” [Carta a toda la Orden de Predicadores, el 29 de junio de 1904, después de su elección como Maestro de la Orden].

San Juan Pablo II, a quien está dedicada esta Aula Magna que nos reúne, al final de su Exhortación Vita Consecrata (1996) se dirigió a los consagrados y consagradas con las siguientes palabras que cito pero usando el “Nosotros” en lugar de la tercera persona del plural:

¡Nosotros no solamente tenemos una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia por construir! Pongamos los ojos en el futuro hacia el que el Espíritu nos impulsa para seguir haciendo grandes cosas (cf. Vita consecrata 110)

 Que esta sea nuestra actitud en estos días de fraternidad; oración, escucha, reflexión y predicación compartidas.

Orden de Predicadores, Familia Dominicana ¡Feliz cumpleaños!

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