Dios y el hombre prefieren un mediador humano

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IV Domingo Tiempo Ordinario

Dt 18,15-20; Sal 94;  1 Co 7,32-35; Marcos 1,21-28

28 de enero de 2018

Fray Diego José Correa, OP

Mendoza, Argentina

En la primera lectura de este domingo (Deuteronomio 18, 15-20), se manifiesta con claridad la opción tanto de Dios como del hombre, de querer un mediador humano entre Dios y los hombres. La iniciativa parte de Dios, la aceptación es plena de parte del pueblo. La distancia y el ser del hombre creado es tanta con su Dios, que el hombre se aterroriza cada vez que Dios muestra aunque sea levemente su poder y su trascendencia, por eso le agrada a la asamblea de Dios la mediación de Moisés. No quiere oír ni ver directamente a Dios.

Pero Dios que es Amor (y de otro modo no se lo puede concebir), no sólo le dará un mediador humano como Moisés, sino que le dará, a su debido tiempo, un mediador humano-divino. Para Dios no hay nada imposible, nuevamente lo recordó Dios, al momento de la encarnación en María. Este acontecimiento, único en la historia de la humanidad, preanunciado tantos siglos antes, es cumplido acabadamente en el momento en que Dios se hace hombre en el vientre de María Virgen.

Confirmó esta interpretación de este pasaje bíblico (Deut 18, 15), tanto san Pedro (cf. Hechos 3, 22), como San Esteban (cf. Hechos 7, 35). También se puede afirmar que San Juan evangelista (cf. Juan 1, 17) enseño esta interpretación. Aún más, el mismo Jesús (cf. Juan 5, 45ss). Por lo cual, no podemos negar que este texto, que hoy oímos en la primera lectura, es un verdadero oráculo divino y un clarísimo testimonio de que Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre, creído y enseñado ya por Moisés en el Deuteronomio. Al mismo tiempo, en el mismo contexto, se anuncia la profecía en el pueblo de Israel. Institución que será tan importante y que, sin duda, será lo que más moldeará a este pueblo para la venida del Mesías.

En esta preciosa lectura de hoy también está condensado, que así como Moisés es el legislador por excelencia de la Antigua Ley, en la nueva y definitiva Ley lo será Jesús (cf. Juan 1, 12; Hechos 3, 22, y 7, 37). También aquí está asegurado de parte de Dios mismo a Moisés, que tanto los profetas como Jesús dirán todo lo que Dios quiere decir a los mortales. Por lo cual los profetas como Jesús, plenitud de profecía, deberán ser escuchados por los hombres, los que no los escuchen Dios mismo asegura que le pedirá cuentas de ello. ¿Qué es esto sino afirmar el juicio particular de Dios para cada persona al final de su vida humana?

En la segunda lectura que oímos este domingo (I Corintios 7, 32-35), San Pablo, queriendo lo mejor para cada uno de nosotros,  o sea, vivir sin preocupaciones, nos insta al celibato y a la vida de consagración total a Dios. Primero se dirige a los varones, exhortándoles a que vivan sin mujer, para tener un corazón totalmente dedicado a Dios. Ojo que el dedicado totalmente a Dios, no puede entenderse como si esa persona célibe se dedicara todo el día a orar. Si bien la oración será una parte importante de su jornada, sin embargo y siguiendo el ejemplo del mismo San Pablo, célibe antes de su conversión al cristianismo, el tiempo dedicado al apostolado y a ganarse su pan con su trabajo, también insume gran parte del día del apóstol. Lo que para el apóstol por excelencia (San Pablo), es la preocupación esencial del célibe por el reino de los cielos, es buscar en todo agradar al Señor Jesús. Esto unificará toda su actividad, pensamientos y deseos. Luego Pablo se refiere a la mujer, tanto soltera como virgen, a que se preocupe de las cosas del Señor, sin división, pensando en cómo agradar a Dios y a su marido al mismo tiempo. Es evidente que Pablo no lo da como un mandado divino ni tampoco para que lo sigan todos, sino se terminaría el mundo y la Iglesia en pocas décadas. Pero tampoco, se lo debe tomar como que es sólo para escogidos, con llamamiento externo divino, habitualmente raro. Prueba de que para los discípulos de Cristo no fue un llamamiento estéril sino muy importante, es ver la gran cantidad de seguidores que ha tenido esta exhortación paulina a lo largo de los siglos cristianos y la cantidad inmensa de gente que ha llevado a la consagración a Dios. Las vírgenes cristianas, las viudas asociadas, los monjes en sus diversas y variadas formas, ya sea eremítica o comunitaria, posteriormente en sus diversas familias religiosas, y los muchos sacerdotes y obispos célibes. Solamente en épocas de frío invierno espiritual, como el que estamos pasando por el materialismo y la impiedad actual, es que ha habido una merma muy marcada. Pero sin embargo, Dios nuevamente suscitará seguidores “full-time” de Dios y con la alegría de su consagración de por vida a Jesús y su reino. Nuestra esperanza cristiana así lo aguarda y en varios lugares del mundo ya se vislumbra este cumplimiento.

Finalmente, en el evangelio de este domingo (Marcos 1, 21-28), vemos el inicio de la actividad pública de Jesús después del bautismo de Jesús y del arresto del precursor. Según Marcos, testigo de la enseñanza de Pedro, Jesús inicia su predicación en Cafarnaún y lo hace en día de sábado y en la sinagoga. Es la lógica consecuencia de lo que el Padre ha dicho en su bautismo y de lo que corresponde al Siervo de Yahvé. Jesús no sólo habla con autoridad sino que lo demuestra expulsando a un demonio de un poseso. Para Marcos este es el primer milagro de Jesús. Es obvio, el príncipe de este mundo tiene que ser despojado de su poderío y reinado, para que comience la implantación del Reino de Dios. Es lo que directamente le dice el demonio a Jesús por boca del poseso: “¿Has venido para acabar con nosotros? (Mt 1, 24). Pero cuando el demonio da un testimonio sobre Jesús, diciéndole: “Ya sé quién eres: El Santo Dios” (ibídem), Jesús le manda callar, ya que sabe que su testimonio no es genuino sino engañoso y con el fin de confundir a la gente. De todos modos, se cumple lo que Marcos buscaba, que es que quede manifiesto que Jesús enseña de una manera nueva y llena de autoridad y que los demonios le obedecen a él. Su predicación y la expulsión de demonios, dejó admirados a todos, y todos ya se preguntan “¿Qué es esto? Este interrogante será la clave para interesarse por Jesús y su mensaje y acción.

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