¿Éste no es el hijo de José el carpintero?

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IV Domingo del Tiempo Ordinario

3 de febrero de 2019

Jer 1,4-5.17-19; Sal 70; 1 Co 13, 4-13; Lc 4,21-30

 

Fray Pablo Caronello. Santiago de Chile

Queridos hermanos:
Del mismo modo que el profeta Jeremías, Jesús experimentó el rechazo de sus iguales y la intervención en la sinagoga de Nazaret fue considerada como un signo de contradicción. Su anuncio como el mesías esperado generaba dudas en sus contemporáneos. El pueblo ya no debía mirar al pasado pues el Reino de los cielos ya estaba presente en medio de ellos, en la persona de Jesús. No obstante esta realidad del Reino ya presente y las profecías cumplidas en el mesías generó repudio por parte del pueblo y no convenció, no querían dejar de ver el pasado y se negaban a abrirse al presente de la salvación.
Así mismo, surgieron las dudas y preguntas entre sus compatriotas: ¿acaso han llegado los tiempos mesiánicos?, ¿No seguimos bajo el dominio de los romanos? Y en cuanto a la persona de Jesús: ¿este no es el hijo de José el carpintero? En efecto, este mesías no tiene padres importantes, ni ha nacido en una ciudad profética, ni pertenece a la familia sacerdotal. Para el pueblo de Nazaret era imposible que Dios obrara por medio de alguien como Jesús, cuyo origen conocían muy bien. Por esta razón lo desafían a que realice algún milagro tal como lo hizo en tierras paganas, sin embargo Jesús se niega a esto, el no es un mago o un maestro de espectáculos y sobre todo Jesús no puede dar lugar a generar una equivocación por parte del pueblo a satisfacer las expectativas mesiánica de ellos, cuando eran en algún punto distintas a lo que el venía a anunciar. El desea que el pueblo entienda que la fe en el Mesías no es el resultado de un cálculo matemático de probabilidades, sino que el objeto de la fe es una confianza total en la vida divina nueva que llega en la Persona de Cristo.
Jesús encontró persecución, indiferencia y la desautorización de quienes se creían que estaban por encima del resto. Como personas de fe también seremos signados por no ser profetas en nuestra propia tierra. Hoy, muchos pretenden ser profetas sin exigencias, sin incomodidades ni renuncias. Sin embargo, Jesús en Nazaret, en su propia tierra, no se desanimó y siguió adelante su misión con valentía. Imitemos nosotros también a Cristo y aceptemos no sólo la predicación de Jesús sino también a la persona del Mesías objeto último de nuestra fe.