No toda noche es oscura

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Una vez más la noche es oscura. Esta vez el cielo moja la ciudad. Pocas luces en las calles y el submundo de la noche comienzan a despertar. La noche se presta a muchas cosas. La seducción está presente, el daño encuentra momento preciso. La noche, la noche.
Pero también en la noche hay unos locos lindos, revolviendo café, llenando termos, preparando el alimento caliente, que quizás muchos de sus hermanos envueltos en dolor, angustia y soledad, sean lo único que llevaran a su boca esta noche, en esta noche oscura y mojada.
El agua sigue cayendo. Hay quienes buscan su refugio o… ¿una guarida? Hospitales que se convierten en residencia para los cuerpos cansados de los ancianos que no tienen donde estirar su pasado. Solo una fría banqueta dura de madera, envueltos en frazadas. Para niños cuya alegría, en esta noche oscura, solo será mitigar el frío y la ausencia de cariño. Para el adicto que busca el sentido de su vida en el aire viciado y confuso de esta noche oscura y mojada.
Allí están ellos, con su juventud a cuestas. Alguno quizás no tan joven, con historias de vidas y pecados redimidos. Ahí están ellos vestidos de blanco y resaltando su presencia de hábito en una noche oscura y mojada. No importa la hora, no importa el clima. Su misión es poner luz en los corazones en una noche oscura y mojada.
La calle los alberga. Sus pasos siguen las huellas de su Maestro. Aquel que dijo que lo hagan por los más pequeños y sufridos que allí estaría Él. El encuentro se produce, las manos se extienden, los ojos se cruzan, los corazones se funden. Creo que lo llaman caridad. No esperan nada a cambio, ya lo están recibiendo todo. Sentimientos encontrados y difíciles de definir. Exaltados por el bien realizado, pero a la vez enfrentados cara a cara al dolor humano. La impotencia se apodera y lucha entre la bronca, la injusticia y la paz interior. El llanto de una madre, la preocupación de un padre. El dolor de un niño que hiere al corazón de quien ayuda.
Allí están ellos, dándole alimento a los cuerpos y sonrisas a las almas. Mirándolos a los ojos, acariciándolos sin miedo al contagio. Infundiendo esperanza, ayudando al necesitado.
Quizás no todas las noches son tan oscuras. Quizás estos locos lindos ponen luz y calor. Quizás sus sonrisas y manos extendidas iluminan un pedacito de vida del sufriente, quizás mitigan su dolor.
Levanté los ojos al cielo, creí ver que el Maestro sonrió.

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