Oración del Beato Jordán

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Sacerdote santísimo de Dios,
confesor admirable
y eminente predicador,
bienaventurado Padre Domingo,
varón elegido por el Señor
y sobre todos, en tu tiempo,
agradable a Dios.
Tú, instruido por inspiración divina,
te entregaste totalmente a Dios.
Tú, negándote con decisión a ti mismo,
te esforzaste por seguir
los pasos de nuestro Redentor
y verdadero maestro.
Tú encendido por el celo divino
y profesando la pobreza perpetua,
por tu enorme caridad
y el fervor de tu espíritu
te entregaste del todo a ti mismo
al ideal apostólico
y a la predicación evangélica,
y con este fin fundaste
la Orden de Predicadores.
Tú iluminaste a la santa Iglesia,
por todo el mundo,
con tus gloriosos méritos
y, al abandonar la envoltura carnal,
llegaste hasta el Señor
como nuestro abogado.
Tú, que con tanto celo anhelaste
la salvación del género humano,
acude benévolo en nuestra ayuda.
Guía esclarecido, Padre singular,
bienaventurado Domingo,
guárdanos y gobiérnanos siempre,
orienta a los que te han sido encomendados,
y, una vez orientados,
actúa a favor nuestro.
Preséntanos con alegría,
al final de este destierro,
ante Cristo nuestro Salvador,
tu querido y bendito Señor,
el Hijo del Dios Altísimo;
a Él gloria, alabanza y honor,
con la gloriosa Virgen María
y el conjunto de los ciudadanos celestiales,
por los siglos de los siglos.
Amén.