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 Av.
Vélez Sarsfield 30
X5000JNN Córdoba
Tel: (0351) 423 9005
Fax: interno 215
Actividad Conventual
Santuario
de Nuestra Señora del Rosario
del Milagro
(Patrona de Córdoba).

Docencia.
Atención
del Monasterio Santa Catalina,
Asociaciones
y Movimientos laicales.
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Una joya brilla en el centro cordobés
Recientemente restaurada, la Basílica de Santo Domingo luce
esplendorosa desde la tradicional esquina céntrica de Vélez
Sársfield y Deán Funes.
Ícono citadino como el que más, el templo se incorpora
armoniosamente al conjunto de iglesias que convierten a la ciudad
en un centro de recogimiento religioso y en una apetecible plaza del
turismo histórico y cultural.
Como su nombre lo indica, esta basílica está bajo la
custodia de la orden de los padres dominicos que, este año,
celebran los 400 años de su permanencia en Córdoba.
El actual templo se edificó en 1861, en base a un proyecto
de Agustín Cánepa y John Lockley, por iniciativa de
fray Olegario Correa y fue el tercero que los dominicos levantaron
en el solar. Los dos anteriores fueron arrasados por las aguas de
La Cañada que, por entonces, inundaba periódicamente
a la naciente ciudad.
En marcha
Como sucedió con otros templos cordobeses, desde hace unos
días lugareños y turistas pueden realizar una visita
guiada por la Basílica de Santo Domingo.
El circuito comienza en una oficina ubicada en la Catedral a la que
se accede por el pasaje Santa Catalina.
Por el callejón empedrado, los primeros pasos conducen hasta
la fachada de la iglesia de Santa Catalina de Siena y, desde allí,
se continúa por el sector comercial del paseo homónimo.
En esa galería se realiza una parada para poder apreciar la
fachada de la Basílica. En este punto, la guía explica
que el estilo es clásico italianizante.
En su parte inferior, los pares de pilastras marcan, con dos óculos
y una ventana coral, la división en tres naves de la iglesia.
Luego de una marcada cornisa, están las torres que se destacan
por sus cúpulas revestidas con azulejos. Según apuntan
las crónicas, estos azulejos fueron especialmente donados por
Justo José de Urquiza.
Cuatro pequeñas cúpulas acompañan a la cúpula
mayor que culmina con un escudo del Sagrado Corazón de Jesús.
Finalmente, hay que decir que, de acuerdo a datos documentales gráficos,
el templo estuvo originalmente pintado de blanco. No obstante, a principios
del siglo 20 ya presentaba dos tonalidades, similares a las que exhibe
en la actualidad.
Techos y naves laterales
Una vez en el interior, lo primero que se destaca es la forma de cruz
latina que posee la iglesia. Pero, la atención mayor se concentra
en las bóvedas y cúpulas decoradas con altos relieves
dorados y fondos en granate y verde.
Sobre ellos, el óleo de Honorio Mossi La muerte de Santo Domingo,
es el que abre el recorrido por las joyas artísticas que guarda
el templo.
A mano izquierda se accede a una de las naves en donde se alinean
los retablos del Espíritu Santo Personificado; San José
y el Niño; San Vicente Ferrer entre los arcángeles San
Rafael y San Miguel; Santo Domingo de Guzmán (el fundador de
la orden de los dominicos) y del Sagrado Corazón, nuevamente.
En este sector también hay algunas obras de Genaro Pérez,
una réplica del Señor del Milagro de Salta y, en las
alturas, un óleo realizado por Mossi en 1896 sobre revoque
estucado que muestra el encuentro de Santo Domingo y San Francisco
en Soriano.
En la nave derecha continúan los retablos dedicados a Santa
Catalina de Siena; Nuestra Señora de la Asunción; Santo
Tomás de Aquino; Santa Rosa de Lima; San Martín de Porres
y El Calvario.
El ingreso
Luego de trasponer los portones de hierro forjado y el atrio, se ingresa
al sector denominado nítrex, una especie de galería
ubicada antes de la puerta principal.
En ese lugar es posible distinguir la presencia de cuatro placas en
las que se hace referencia a las órdenes religiosas que más
influencia tuvieron en el desarrollo y la historia de la ciudad: dominicos,
mercedarios, jesuitas y franciscanos.
La nave central
En el sector central se destacan el altar de plata, realizado en el
Alto Perú y de típica factura jesuítica, del
siglo XVIII; las cúpulas en las que figuran las pinturas de
los Evangelistas; el altar con el Cristo crucificado, Santo Domingo
y San Francisco; y los escudos de las familias cordobesas acaudaladas
que aportaron económicamente para la construcción de
la basílica.
Arriba del altar, preside la escena la imagen de Nuestra Señora
del Milagro del Rosario, coronada en 1892 y declarada patrona de la
Arquidiósesis de Córdoba en 1937.
También, sobresale el púlpito que data del año
1862. Es de madera tallada y está coronado por la figura de
un ángel policromado, dorado en oro y con ojos de vidrio.
Detrás del altar la Capilla del Santísimo, un particular
lugar de recogimiento en el que se ubica el sagrario realizado en
plata.
Promesantes
Ahora llega el momento de subir por las escaleras de mármol,
llamada la escalinata de los promesantes que conduce hasta
el sector posterior del habitáculo de la Virgen.
A lo largo de la escalera, numerosos nichos guardan las ofrendas de
quienes hicieron sus promesas y, una vez en la planta alta, se puede
observar el cofre que protege a la imagen de la Virgen montado sobre
columnas de ónix diseñadas por el arquitecto Roca, ofrendas
y banderas que fueron donadas por el virrey Liniers utilizadas durante
las invasiones inglesas.
La sacristía
Por sus características constructivas, se supone que el sector
donde está la sacristía corresponde al período
colonial.
En esta sala sobresalen numerosos cuadros de la escuela cuzqueña
(del siglo XVIII), la imagen de vestir de Santo Domingo y la cripta.
El órgano
El órgano es una de las joyas más queridas de la iglesia.
Fue realizado en 1866 por el inmigrante italiano Jacinto Colombatti
y posee 2.160 tubos que suenan a través de un sistema neumático.
Para escucharlo funcionar a pleno hay que concurrir a los oficios
religiosos que se efectúan de lunes a sábados a las
7.20 y 18.40, y los domingos a las 7.50 y 18.40. Esos son los momentos
en los que es posible disfrutar de exquisitas melodías gregorianas.
Una curiosidad: el órgano es ejecutado por Juan Antonio Paredes,
un médico que desde hace 30 años reparte su tiempo entre
el consultorio y la Basílica Santo Domingo.
Más alto
Finalmente, se visita la biblioteca, en la que se encuentran libros
desde el año 1500, y la torre en la que están las campanas.
Desde allí, se obtienen impactantes imágenes de la ciudad
y es muy fácil observar los detalles de los azulejos que ornamentan
a las cúpulas.
Artículo publicado en el diario "La voz del Interior"
de Córdoba. 12/09/2004
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