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Fray José
Leanes, de la Orden de Predicadores Solicita se le reconozcan
sus servicios en el
Sur y en las Invasiones Británicas de 1806-1807
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Por Horacio Bojorge
Señor General:
Fray José Leanes, Religioso de la Orden de Predicadores de
esta Provincia ante Vuestra Señoría con mi mayor veneración
comparezco y digo: que mi fiel vasallaje a Nuestro Monarca, mi amor
a la Religión y a la Patria, y el empeño propio de mi
estado y condición por estos tan sagrados deberes me ha hecho
emplearme en los ejercicios más penosos, emprender las más
difíciles y penosas expediciones, y sacrificar el sosiego y
tranquilidad del Claustro, cuando de esto resultaba algún bien
a mi Rey, a mi Religión, y a mi Patria. Pero la suerte adversa
me ha perseguido en términos que cuando mi ocupación
me lisonjeaba, sentía todo el peso de la aflicción y
miseria mayor que puede imaginarse.
Sí, Su Señoría, el año pasado de 1805
no se encontraba sacerdote que quisiese ir a servir de Capellán
a las tropas y Vasallos del Rey Nuestro Señor que estaban en
el establecimiento de Puerto Deseado. Yo me presté con la mayor
complacencia a hacer este servicio a Su Majestad, y a aquellos infelices
destituidos de todo auxilio espiritual. Vencí las mayores dificultades,
me expuse a los peligros de una dilatada navegación, y lo que
es más, a caer prisionero en manos de los pérfidos e
inicuos Isleños (2) que surcaban
estos mares y trataban a los apresados con la inhumanidad que los
caracteriza.
Llegué, en fin, al referido establecimiento donde permanecí
dos años. Aquí no tengo expresiones para pintar a Vuestra
Señoría los trabajos y miserias que sufrí. Sólo
su imaginación viva y fecunda podrá de algún
modo representarlos. Yo y los demás moradores de aquél
país, fuimos sorprendidos por una Fragata Inglesa que apoderándose
de nuestra habitación nos dio el más inicuo trato, y
saqueó todos nuestros intereses, en términos de vernos
precisados a buscar asilo en los Indios Infieles, vistiéndonos
de pieles, como ellos lo acostumbran, sin otro mantenimiento que el
de las carnes de caballo. Apenas, Señor, habrá un hombre
que se haya visto en mayor aflicción. Omito el ponderar a Vuestra
Señoría mis desgracias, por dejarse ellas entender con
mayor viveza que pueda decir. Seis meses sufrí estas calamidades,
al cabo de los cuales arribó a aquel Puerto Dn. Benito de Lago,
Capitán del Bergantín de Su Majestad El
Arrogante, que conducía víveres y tropas para
el relevo del destacamento. Éste nos encontró viviendo
a expensas de los Indios Infieles, aquí pensé que terminaban
mis infelicidades. La llegada de los nuestros y la esperanza de volver
pronto a mi Patria, me hicieron olvidar mis anteriores padecimientos.
Salí de este destino para el de Montevideo y próximo
a este puerto, cuando su agradable vista empeñaba más
mi deseo, fuimos apresados por el Navío Inglés La Diadema,
al mando de Cirome Pofan [sic]. No sé si fueron peores los
tratamientos e incomodidades que padecí entre los Indios Infieles
que los que sufrí entre los Ingleses. Cinco meses nos tuvieron
prisioneros sin permitirnos ni aún el triste consuelo de comunicar
con los nuestros. Una estrecha prisión me reducía muchas
veces a términos de casi desesperar, hasta que fue la voluntad
del referido Jefe Británico remitirnos a Montevideo. A los
diez días de estar en Plaza la asaltaron los enemigos, y me
vi en medio de su fuego, sin un Eneas que me sacase de un incendio
capaz tal vez de competir con el de Troya. Mis padecimientos siguieron
por algún tiempo hasta que pude escapar y venir a mi Convento
de Buenos Aires, donde se me preparaba otra desgracia. El día
5 de julio del año próximo pasado de 1807 en la invasión
que hicieron los Ingleses a esta Capital, la Brigada del General Crofur
derrotada en parte en las inmediaciones de nuestro Convento por los
valerosos españoles, defensores de la Patria, se vio precisada
a acogerse en nuestro Convento. Nada respetaron estos inicuos. Saquearon
nuestras habitaciones, profanaron los Altares, ultrajaron nuestras
sagradas personas, conculcaron las imágenes de los santos,
e hicieron de todo un lugar de desolación. Yo fui uno de los
que corrí peor suerte. Pero las victorias y crédito
de las armas de Su Majestad son el único lenitivo de tantas
desgracias.
Esta serie de sucesos desgraciados, esta cadena de padecimientos a
que he estado vinculado tanto tiempo es la que forma todo mi mérito
y me anima a exponerle a Vuestra Señoría con el ánimo
de mirarla en adelante como fundamento de mi felicidad.
Vuestra Señoría es igualmente valeroso que intrépido,
que justo y compasivo. No mirará con indiferencia mis servicios
a la Religión, al Rey y a la Patria y juzgo tomará el
mayor empeño e interés en convertir mi desgracia en
fortuna, informando al mejor de los Soberanos con arreglo a la relación
documentada de méritos y servicios que expreso para que compadecido
Su Real ánimo me conceda la gracia de, por el conducto del
Reverendísimo Padre Maestro Vicario General, hacerme Predicador
General Supernumerario con todos los derechos y privilegios que a
tales competen, para emplearme de teniente Cura o Capellán
de las Tropas de Su Majestad, siempre que se presente ocasión.
Todo lo que tengo contraído de haber predicado cinco ferias
a satisfacción del público y de los Prelados, como todo
consta de los Documentos que adjunto.
Por tanto, y haciendo el pedimento más conforme, A Vuestra
Señoría suplico, se digne hacer, como llevo pedido,
Fr. José Leanes
Nota
Por decreto de 22 de marzo de 1808 puesto en el principal de esta
instancia que ya se dirigió, se pidió Informe al Prelado
del interesado, y lo evacuó en los términos que siguen:
Buenos Aires, 22 de marzo de 1808 = Pásese a informe del discreto
Provincial de la Orden de Santo Domingo. = Rúbrica de su Excelencia
= Gallego =
Convento de Predicadores de Buenos Aries. Marzo 23 de 1808
En cumplimiento del anterior decreto después de echar de menos
la correspondiente licencia de su respectivo Prelado en la presentación
que el Padre Fray José Leanes ha hecho a la Capitanía
General, debo decir que a consecuencia de oficio del Exmo. Sr. Virrey
fue dicho Padre destinado por la obediencia en calidad de Capellán
a Puerto Deseado. Que es cierto, según hace constar por las
adjuntas certificaciones, que sufrió los padecimientos que
expresa, en aquel Puerto, en su apresamiento por los Ingleses, al
arribo de Montevideo, en el asalto y toma de esta Plaza y finalmente
en la invasión de Buenos Aires de cinco de Julio en que fue
saqueada su celda como todas las otras del Convento.
Su solicitud en compensación de estos males y para hacer feliz
su desgraciada suerte está reducida a pedir que Vuestra Señoría
informe al Rey para que Su Majestad (Dios lo guarde) por conducto
del Rmo. Padre Vicario General, le haga Predicador General Supernumerario
con todos los derechos y privilegios de tal, para después emplearse
en servicio de Teniente Cura o Capellán de las Tropas de Su
Majestad.
= La primera parte de dicha solicitud, después de ser cierto
lo que de su Prédica acredita la espontánea certificación
del Prelado local; y no obstante que nada haya en contra de su conducta
religiosa, no puede mirarse sino como un atentado contra las ordenaciones
más serias de la Orden, en los últimos Capítulos
Generales, a consecuencia de repetidas constituciones apostólicas
y por lo mismo como una petición imprudente hecha acaso con
ignorancia de las graves penas que por hacerla debe incurrir, y a
que por bien del mismo suplicante no se debe acceder.
= En cuanto a la segunda parte de emplearse en los ministerios de
Teniente Cura o Capellán Real, siempre que se presente ocasión
es visto y podrá obtenerlo fácilmente sin necesidad
de recurrir al Soberano, queriendo Vuestra Señoría pedirlo
o el Ilustrísimo Sr. Obispo, o bien para el mismo destino de
Puerto Deseado, si subsiste aquél establecimiento del que se
retiró sin orden, aunque con grave y suficiente causa, o para
algún otro de los que hay, y necesiten de Ministro, pues yo
por mi parte no tendré embarazo en franquearlo como lo hago
siempre que lo exige el Real Servicio o el del Público. Es
lo que puedo informar a Vuestra Señoría en cumplimiento
de lo ordenado, dejando a su disposición tomar las providencias
que le parezca conveniente. Convento de Predicadores de Buenos Aries.
Marzo 23 de 1808 = Fr. Isidoro Celestino Guerra Maestro y Prior Provincial.
[Es copia Manuel José de Veles]
Certificación
Certifico yo, Antonio Espino, Sargento del Regimiento de Infantería
de Buenos Aires, y comandante interino del Establecimiento de Puerto
Deseado por fallecimiento del propietario, el Subteniente de Bandera
Dn José Molina, como el P. Fray José Leanes, Religioso
del Orden de Predicadores, ha servido de Capellán en este establecimiento
desde el día dieciséis de enero de mil ochocientos cinco
hasta el veintidós de septiembre de mil ochocientos siete y
que en este tiempo fuimos aprisionados por una Fragata Inglesa llamada
del Comercio y habiendo sido saqueados y despojados de todos los víveres
y ropa, nos vimos precisados a acogernos a los Indios Infieles, para
que ellos nos protegiesen vistiéndonos de pieles y manteniéndonos
con carnes de caballos y otras de animales silvestres por espacio
de seis meses. Y para que conste doy éste a pedimento de dicho
Religioso, en Buenos Aires a diecinueve de febrero de mil ochocientos
ocho = Antonio Espino.
Certificación
Don Benito de lago Alférez de Navío y primer Piloto
de la Real Armada, capitán que ha sido del Bergantín
de S.M. El Arrogante, = certifico
que siendo mi comisión don dicho buque la conducción
de víveres y tropas para el relevo del destacamento de Puerto
Deseado en la costa de la Patagonia, y habiendo llegado al expresado
Puerto el veintinueve de junio de mil ochocientos seis, hallé
que el establecimiento lo había saqueado una fragata inglesa
no dejándole cosa alguna a los que la habitaban siendo preciso
vivir a favor de los Indios Infieles inmediatos que los trataban,
y mantenían con amor con la esperanza de que serían
gratificados a mi llegada. Fue recogida la gente y mudada por los
que conducía; y entre ellos al Padre Capellán de aquel
destino, Fray José Leanes de la Orden de Predicadores de esta
Capital, el cual se hallaba en el más deplorable estado, padeciendo
las incomodidades sentidos con más viveza que se ofrecen a
una persona que queda desnuda, y que para cubrirse le es preciso tomar
lo que podían ofrecer los Indicos como son Infieles, con pieles
ya desechadas de ellos y carnes crudas de animales silvestres.
Salí de este destino para el de Montevideo el quince de Junio,
y próximo a este Puerto de mi arribada fuimos apresados por
el Navío Inglés el Diadema
al mando de Sir Pofan; donde el expresado Padre Capellán a
quien conducía por determinación de aquel comandante
para que informara a esta Superioridad del saqueo que habían
hecho los Ingleses, y reparase la salud bastante deteriorada con las
grandes miserias padecidas; nos mantuvimos cerca de cinco meses, sin
permitirnos alguna comunicación con los nuestros, aún
estando continuamente inmediatos. Sufriendo por este motivo una estrecha
prisión y miseria, hasta que fue la voluntad de dicho Jefe
Británico mandarnos a Montevideo. Lo que por ser en todo verdad
doy este documento al referido Padre Capellán Fray José
Leanes para los fines que le convengan en Buenos Aires a veinte de
febrero de mil ochocientos ocho = Benito de Lago.
Certificación
Certifico como Prelado de este Convento de San Pedro Thelmo de Buenos
Aires que el Padre Fray José Leanes, padeció como todos
los individuos de este convento, el robo de todos sus bienes en la
invasión de los Ingleses del día cinco de Julio después
de haberlo pade3cido en ele establecimiento de Puerto Deseado, donde
estaba de Capellán Real y mucho más temible por sus
circunstancias al regresar a Montevideo a cuya vista fue apresado
el Buque que lo conducía, y tuvo que ser prisionero por el
tiempo y el modo que certifica el Capitán de dicho Barco.
Otro sí certifico que el dicho Padre Fray José Leanes
ha predicado cinco ferias, dos de ellas en esta ciudad, y las tres
en los destinos donde ha estado en calidad de ayudante del Cura, y
Capellán en que se ha desempeñado a satisfacción
del Público, y de sus Prelados, para quienes siempre ha sido
recomendable su conducta. Y para que esta mi certificación
haga constancia donde pueda presentarla, va suscrita del Padre Notario
del convento, y por ser verdad lo firmamos en veintidós días
del mes de Febrero de mil ochocientos y ocho = Fray Frncisco Javier
Leyva, Prior de Convento = Fray Julián Cires, Notario Conventual
Notas:
(1) Tomado
del Archivo General de la Nación Argentina, Invasiones Inglesas
S9-26-7-1 folios 276-281
(2)
Los británicos
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