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El manantial de la esperanza el estudio
y el anuncio de la Buena Nueva
En la fiesta de la Presentación de Nuestra Señora 21
de noviembre 1995
Fr. Timothy Radcliffe, O.P. |
Cuando
santo Domingo recorría el sur de Francia, su. vida en peligro,
solia cantar alegremente: "Estaba siempre alegre y feliz, excepto
cuando se movía compasión por las penas que afligian
a su prójimo" (1).
Y esta alegría de santo Domingo es inseparable de nuestra vocación
de predicadores de la buena nueva. Estamos llamados a "dar razón
de nuestra esperanza"(l Pe 3,15). Hoy en día, en un mundo
crucificado por el sufrimiento, por la violencia y por la pobreza,
nuestra. vocación es más ardua y más dificil
que nunca. Hay una crisis de esperanza en todo el mundo. ¿Cómo
debemos vivir la alegria de Domingo siendo hombres de nuestro tiempo
y compartiendo las crisis de nuestra gente y la fuerza y debilidad
de nuestra cultura?. ¿Cómo alimentar una esperanza profunda,
fundados en la promesa inquebrantable de Dios que ofrece vida y felicidad
para sus hijos?. En esta carta a la Orden expondré mi convicción
de que una vida de estudio es uno de los modos de progresar en este
amor que "todo lo excuse, todo lo cree, todo lo espera, todo
lo soporta"(1 Co 13,7).
Ha llegado la la hora de renovar los amores entre la Orden y el estudio.
Está comenzando ya a ser realidad. Veo abrirse en todo el mundo
nuevos centros de estudio y de reflexión teológica,
en Kiev, Ibadan, Sâo Paulo, Santo Domingo, Varsovia, por nombrar
sólo algunos. Estos centros no deberían ofrecer sólo
una formación intelectual. El estudio es el camino hacia la
santidad, que abre nuestros corazones y nuestras mentes a los demás,
que crea comunidad y forma a los que proclaman llenos de confianza
la venida del Reino. |
La Anunciación
El estudio es en sí mismo un acto de esperanza, puesto que
expresa nuestra confianza en que nuestra vida y los sufrimientos de
la gente tienen un significado. Y este significado es como un don,
como una Palabra de Esperanza que promete vida. Hay un momento en
la historia de nuestra redención que resume con gran fuerza
lo que significa recibir este don de la buena nueva: la Anunciación
a Maria. Ese encuentro, esa conversación son un símbolo
elocuente de lo que significa ser estudiante. Lo usaré como
ejemplo para encauzar nuestra reflexión sobre el estudio como
fundamento de nuestra esperanza.
En primer lugar, hay un momento de atención. Maria escucha
la buena nueva que se le anuncia. Y éste es el comienzo de
nuestro, estudio, la atención a la Palabra de Esperanza proclamada
en la Escritura. "Domingo instaba a sus hermanos, de palabra
y con cartas, a estudiar incesantemente el Nuevo y el Antiguo Testamento"(2).
Aprendemos a escuchar al Señor que dice "Grita de júbilo,
estéril que no das a luz, rompe en gritos de júbilo
y alegría, la que no ha tenido dolores"(Is 54, 1). ¿Nos
brindan nuestros estudios la severa disciplina de aprender a escuchar
la buena nueva?.
En Segundo lugar, es un momento de fertilidad. Ahi está, según
la pinta fra. Angelico, con el libro en sus rodillas, atenta, esperando,
escuchando. Y el fruto de su atención es que lleva, en sus
entrañas a un niño, el Verbo hecho carne. Su escucha
impele toda, su creatividad, toda su fertilidad femenina. De igual
modo nuestro estudio, la atención a la Palabra de Dios, deberia
hacer brotar la fuente de nuestra fertilidad, deberia llevarnos a
hacer nacer a Cristo en nuestro mundo. En un mundo que parece con
frecuencia como fracasado y estéril, nosotros hacemos nacer
a Cristo en un milagro de creatividad. Donde quiera que se escucha
la Palabra. de Dios, ésta no habla sólo de esperanza
sino de una esperanza que se hace came y sangre en nuestras vidas
y palabras. A Congar le gustaba citar las célebres palabras
de Peguy: "No la Verdad sino lo Real ... Es decir, la Verdad
históricamente, con su situación concreta en el futuro,
en el tiempo". Este es el verdadero test de nuestro estudio:
¿hace nacer a Cristo de nuevo?. ¿Son nuestros estudios
momentos de real creatividad, de Encarnación?. ¡Las casas
de estudio deberían ser como salas de parto del estudio!.
En tercer lugar, en un momento en el que el pueblo de Dios parece
estar abandonado y sin esperanza, Dios da a su pueblo un futuro, un
camino hacia el Reino. La Anunciación transforma la manera
de entender la historia del pueblo de Dios. En vez de llevar a la
servidumbre y a la desesperación, abre un camino hacia el Reino.
¿Preparan nuestros estudios el camino para la venida de Cristo?.
¿Transforman nuestra percepción de la historia humana
de modo que podamos llegar a entenderla, no desde el punto de vista
del vencedor sino del pequeño y abrumado a quien Dios no ha
olvidado, y al que justificará?.
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Aprender escuchar
"Y entrando donde ella estaba, dijo: Alégrate, llena de
gracia, el Señor es contigo. Ella se conturbó por estas
palabras, y discurría qué significaria aquel saludo"(Lc
1, 28-29).
Maria escucha. las palabras del ángel, la buena nueva de nuestra
salvación. Este es el comienzo de todo estudio. Estudiar no
es aprender a ser más inteligente sino a escuchar. Weil escribió
a fr. Perrin que "el desarrollo de la facultad de atención
constituye el verdadero objeto y casi el único interés
del estudio"(3). Esta
receptividad, esta apertura del oido que es la caracteristica de todo
estudio, está intimamente unida. en el fondo a la oración.
Ambas nos piden que estemos en silencio esperando que la Palabra de
Dios venga a nosotros. Ambas nos piden vaciarnos de nosotros mismos
para poder esperar lo que el Señor tenga a bien darnos. Pensemos
en el cuadro que 'fra. Angelico' hizo de santo Domingo, leyendo sentado
al pie de la cruz. ¿Estaba estudiando o rezando? Pero ¿importa
mucho esto?. El estudio nos hace mendicantes. Nos lleva al descubrimiento
apasionante de que ignoramos lo que tal o tal texto significa, de
que nos hemos convertido en ignorantes y necesitados, y que esperamos
por eso con inteligente receptividad lo que se nos dé.
Para Lagrange, la Escuela Bíblica era un centro de estudios
escrituristicos precisamente porque era una casa de oración.
El ritmo de vida de la comunidad giraba entre la celda y el coro.
Por ello escribió: "Me gusta escuchar el evangelio cantado
por el didcono desde el ambón, entre nubes de incienso: las
palabras penetran en mi alma más profundamente cuando las encuentro
de nuevo en un artículo"(4).
Nuestros monasteries deberian jugar un papel importante en la vida
de estudio de la Orden, como oasis de paz y lugares de reflexión
atenta. El estudio en nuestros monasteries pertenece al ascetismo
de la vida dominicana monástica. No puede dejarse sólo
para los hermanos. Toda monja es acreedora a una buena formación
intelectual como parte de su vida religiosa. Como dicen las Constituciones
de las monjas: "El Bienaventurado Domingo recomendó ciertas
formas de estudio a las primeras monjas como una auténtica
observancia de la Orden. No solamente alimenta la contemplación
sino que evita los impedimentos que surgen a causa de la ignorancia
y ayuda aformar un juicio práctico"(LMO 100, II).
Maria escuchó la promesa del ángel, y llevó en
su seno la Palabra de Vida. Esto parece muy sencillo. ¿Qué
más necesitamos sino abrirnos a la Palabra de Dios dicha en
la Escritura?. ¿Por qué son necesarios tantos años
de estudio para formar predicadores de la buena nueva?. ¿Por
qué tenemos que estudiar filosofía, leer libros voluminosos
y difíciles de teología cuando tenemos la misma Palabra
de Dios?. ¿No es fácil "dar razón de nuestra
esperanza"?. Dios es amor y el amor triunfó sobre la muerte.
¿Qué más hay que decir?. ¿No tracionamos
esta sencillez con nuestras complejas disquisiciones?. Pero no fue
tan sencillo para Maria. Esta historia. comienza con su perplejidad.
"Ella se conturbó por estas palabras, y discurria qué
significaria aquel saludo". Comenzamos a escuchar cuando nos
atrevemos a estar perplejos, conturbados. Y la historia continúa
con su pregunta al mensajero: "Cómo será esto,
puesto que no conozco varón?".
a) La confianza en el estudio
Se cuenta la anécdota que san Alberto Magno estaba una vez
sentado en su celda estudiando y el diablo se le apareció disfrazado
de uno de sus hermanos intentando convencerlo de que estaba perdiendo
su tiempo y sus energías estudiando las ciencias profanas.
Era malo para su salud. Entonces Alberto hizo simplemente la señal
de la cruz y la aparición desapareció(5).
¡Desafortunadamcnte los hermanos no son siempre tan fáciles
de convencer!. Todas las disciplinas - literatura, poesía,
filosofía, psicologia, sociologia, física, etc.- qué
intentan dar un sentido a nuestro mundo son nuestras alidas en nuestra
búsqueda de Dios. "Tiene que ser posible encontrar a Dios
en la complejidad de la experiencia humana"(6).
Este nuestro mundo, con todas sus penas y sufrimientos, es fruto en
último término de "ese amor divino que creó
primero todas las cosas hermosas"(7).
La esperanza que nos hace predicadores de la buena nueva no es un
vago optimismo, una alegría sincera que silba en la oscuridad.
Es la fe en que al final podemos descubrir un cierto significado para
nuestra vida, significado no impuesto sino que está ahí,
esperando que lo descubramos.
De esto se sigue que el estudio debería ser, ante todo, un
placer, la pura delicia de descubrir que las cosas tienen sentido,
a pesar de todas las evidencias en contrario, tanto en nuestra. vida,
en la historia humana, como en el versículo concreto de la
Escritura en el que hemos trabajado durante toda la mañana.
Nuestros centros de estudio son escuelas de alegría porque
se basan en la creencia de que es posible llegar a un cierto entendimiento
de nuestro mundo y de nuestra vida. La historia humana no es el conflicto
sin sentido e interminable del "Parque jurásico",
la supervivencia del más fuerte. La creación en que
vivimos y de la que formamos parte no es resultado de un acaso sino
obra de Cristo: "Todo fue creado por é1 y para é1,
é1 existe con anterioridad a todo y todo tiene en é1
su consistencia"(Col 1,16 f). La sabiduria danza ante el trono
de Dios cuando está creando el mundo, y la finalidad de todo
estudio está en compartir este placer. Simone Well escribió
en abril 1942 a un dominico francós, el P. Perrin: "La
inteligencia sólo puede ser guiada por el deseo. Pero para
que haya deseo tiene que haber placer y gozo en el trabajo. El gozo
de aprender es tan indispensable para el estudio como la respiración
para correr"(8). Las
Constituciones hablan de nuestra inclinación hacia la verdad(LCO
77), inclinación que es natural al corazón humano. Estudiar
deberia formar simplemente parte de la alegria de estar plenamente
vivos. La verdad es el aire que respiramos por naturaleza.
Es una hermosa idea, pero admitamos de entrada que está muy
lejos de la experiencia de muchos de nosotros. Para algunos dominicos,
hermanos y hermanas, los años de estudio no fueron un tiempo
en el que aprendieron a esperar sino a desesperar. Muy frecuentemente
vi a estudiantes esforzándose por entender libros que parecián
áridos y ajenos a su experiencia, por lo que deseaban que todo
terminase cuanto antes para poder dedicarse a predicar, prometiendo
que nunca más abririan ningún otro libro de teología
una vez terminados sus estudios. Pero peor aún que la aridez
es para algunos la humlllación, por ejemplo, de esforzarse
con palabras hebreas sin ningún éxito, sin lograr nunca
comprender la diferencia entre arrianos y apolinaristas, ¡para
terminar finalmente derrotados por la filosofia alemana!.
¿Por qué es tan arduo el estudio para muchos de nosotros?.
En parte porque estamos marcados por una cultura que perdió
su conflanza en el estudio como actividad útil, dudando que
la discusión pueda llevarnos hasta la verdad por la que suspiramos.
Si nuestro siglo estuvo tan marcado por la violencia es seguramente,
en parte, porque perdió su conflanza en nuestra capacidad de
conseguir juntos la verdad. La violencia es el finico resorte en una
cultura que no confia en la búsqueda común de la verdad.
Dachau, Hiroshima, Ruanda, Bosnia, son simbolos del colapso de una
fe en la posibilidad de construir un hogar humano común mediante
el diálogo. Y esta falta de confianza puede asumir dos formas:
un relativismo que desespera de poder llegar nunca a la verdad y un
fundamentalismo que afirma que la posee ya completamente.
Ante esta desesperación, que es el relativismo, nosotros proclamamos
que la verdad puede ser conocida y que, de hecho, nos fue ya dada
como un don. Podemos, pues, decir con san Pablo: "Porque yo recibi
del Señor lo que os he transmitido"(l Co 11,23). Estudiar
es una acción eucarística. Abrimos nuestras manos para
recibir los dones de la tradición, rica en conocimiento. La
cultura occidental está marcada por una profunda sospecha acerca
de cualquier enseñanza, porque se la equipara a adoctrinamiento
y fanatismo. La única verdad que vale es la descubierta por
uno mismo o la que se basa en los propios sentimientos. "Si me
parece bien, entonces OK". Pero la enseñanza deberia liberarnos
de los estrechos confines de mi experiencia y de mis prejuicios y
desplegar los amplios espacios abiertos de una verdad que nadie puede
dominar. Recuerdo que, siendo estudiante, me produjo una emoción
vertiginosa el descubrir que el Concilio de Calcedonia no era el final
de nuestra búsqueda para entender el misterio de Cristo, sino
otro comienzo, que hace saltar todas las pequeñas soluciones
diminutas y coherentes en las que habíamos intentado encerrarlo.
La doctrina no debería adoctrinar sino liberarnos para seguir
nuestro camino.
Pero está también la corriente creciente del fundamentalismo,
que procede del miedo profundo a pensar y que ofrece "la falsa
seguridad de una fe sin ambigedad"(Oakland N 109). Dentro de
la Iglesia este fundamentalismo se presenta a veces como una repetición
irreflexiva de palabras recibidas, como un rechazo a tomar parte en
la búsqueda continua de una comprensión, como una intolerancia
hacia todos aquellos que consideran la tradición no sólo
como una revelación sino también como una invitación
a acercarse al misterio. Este fundamentalismo puede presentarse como
fidelidad de roca a la ortodoxia, pero contradice un principio fundamental
de nuestra fe, que es que cuando argimos y razonamos honramos a nuestro
Creador y Redentor que nos dotó de inteligencia para pensar
y para acercarnos a El. Nunca podremos hacer buena teología
a menos que tengamos la humlidad y la valentia de prestar atención
y tomar en serio argumentos de aquellos con los que no estamos de
acuerdo. Santo Tomás escribió: "Nadie puede juzgar
un caso antes de ver las razones que asisten a ambas partes, por lo
que quien se dedica a la filosofia estará en mejor situación
para juzgar, si tiene en cuenta todos los argumentos de ambas partes"(9).
Tenemos que dejar de lado las certezas que descartan las verdades
incómodas, considerar las dos partes del arguments, plantear
cuestiones que quizá puedan asustarnos. Santo Tomás
fue el hombre de las preguntas, que aprendió a tomar en serio
todas las cuestiones, por muy absurdas que éstas pudieran parecer.
Nuestros centros de estudio son escuelas de esperanza. Cuando nos
reunimos para estudiar, nuestra comunidad es una "santa predicación".
En un mundo que ha perdido su conflanza en el valor de la razón,
dan testimonio de que es posible buscar en común la verdad.
Puede tratarse de un seminario de la Universidad sobre un caso de
bioética, o de un grupo de agentes pastorales que estudian
juntos la Biblia en Latinoamérica. Deberíamos aprender
a confiar los unos en los otros como colegas en el diálogo
y compañeros en la aventura. La humlllación no puede
tener cabida en el estudio si estamos dispuestos a animarnos los unos
a los otros durante el camino. Nadie puede enseñar, a menos
que entienda por propia experiencia el pánico del estudiante
al abrir un nuevo libro o al reflexionar sobre una nueva idea. Por
eso el maestro no está para llenar la cabeza de los alumnos
con hechos, sino para fortalecerlos en su profunda inclinación
humana hacia la verdad y acompañarlos en su búsqueda.
Tenemos que aprender a ver con nuestros propios ojos y a estar en
pie por nosotros mismos. Cuando Lagrange enseñaba en la Escuela
Biblica acostumbraba decir a sus alumnos: "Mirad, no debéis
decir: el Padre Lagrange dijo esto o lo otro porque tenéis
que verlo por vosotros mismos"(10).
Por encima de todo, el maestro debe dar al estudiante la valentía
de cometer errores, de correr el riesgo de equivocarse. El Maestro
Eckhart decía que "apenas se encuentra queen haya llegado
a algo bueno si antes no se equivocó de aglún modo".
Ningún niño aprenderá nunca a caminar si antes
no se ha caído de bruces varias veces. El niño que tenga
miedo seguirá siendo siempre un principiante.

b) Destruir los idolos
Al principio el estudio de los hermanos era esencialmente bíblico,
como preparación para el trabajo pastoral, sobre todo para
el Sacramento de la penitencia. Las primeras obras teológicas
de la Orden fueron manuales para. la confesión. Pero cuando
santo Tomás enseñaba en Santa Sabina a esos principiantes
en teología se dio cuenta de que nuestra predicación
sólo seria útil para la salvación de las almas
si los hermanos recibian una profunda formación filosófica
y teológica. Y esto por dos razones. En primer lugar, la cuestión
más sencilla requiere frecuentemente el pensamiento más
profundo: ¿Somos libres? ¿Cómo podemos preguntar
a Dios por las cosas?. En segundo lugar porque, según la tradición
biblical lo que media entre nosotros y un verdadero culto a Dios no
es tanto atéismo cuanto idolatria. La humanidad tiene tendencia
a construir falsos dioses y adorarlos. El éxodo de esa idolatria
requiere de nosotros un arduo recorrido de nuestra manera de pensar
y de vivir. No basta con sentarse y escuchar la Palabra de Dios. Debemos
quebrar el peso de esas falsas imágenes de Dios que nos tienen
cautivos y obturan nuestros oídos.
Durante toda su vida santo Tomás se sintió fascinado
por la cuestión: ¿Qué es Dios?. Como dice Herbert
McCabe OP, su santidad está en que se dejó vencer é1
mismo por esta cuestión. Esta ignorancia radical ocupa un lugar
central en la enseñanza del Aquinate, porque nos unimos a Dios
"como a algo desconocido"(11).
Tenemos que liberarnos de la imagen de Dios como de alguien poderoso
e invisible, que manipula los acontecimientos de nuestra vida. Un
dios tal sería a fin de cuentas un tirano y un rival de la
humanidad, contra el cual no nos quedaría más remedio
que rebelarnos. En lugar de esto debemos descubrir a Dios como la
fuente inefable de mi ser, el centro de mi libertad. Tenemos que perder
a Dios para descubrirlo, como decia san Agustin, "más
cercano a mí que yo mismo"(12).
Enseñar teología no significa, pues, proporcionar información
sino acompañar a los estudiantes cuando afrontan la pérdida
de Dios, la desaparición de la persona tan conocida y amada,
para descubrirlo como la fuente de todo, que se nos dio a si mismo
en su Hijo. Entonces podremos decir de verdad: "Bienaventurados
los que lloran, porque serán consolados". Escribe McCabe:
"Uno de los placeres especiales de la enseftanza en nuestro Estudio
consiste en constatar un momento que, más pronto o más
tarde, llega a todo estudiante, el momento de su conversión
podríamos decir, cuando se da cuenta de que ... Dios es nada
menos que el origen de todas mis acciones libres, y la razón
por la cual son precisamente acciones mías"(13).
La finalidad última de la disciplina intelectual de nuestro
estudio consiste en llevarnos a ese momento de conversón, a
la destrucción de nuestras falsas imágenes de Dios para
poder acercarnos al misterio. Pero no basta con pensar. La teología
dominicana comienza cuando santo Domingo se apeó de su caballo
y optó por ser un predicador pobre. La pobreza intelectual
de santo Tomás ante el misterio de Dios es inseparable de su
opción por una Orden de Predicadores pobres. El teólogo
debe ser un mendigo que sabe cómo recibir los dones gratuitos
de Dios.
En cuanto a nosotros, escuchar la Palabra nos pedirá liberarnos
de las falsas ideologies de nuestro tiempo. ¿Cuáles
son nuestros falsos dioses?. Seguramente que uno de ellos es la idolatría
del Estado, ante cuyo altar fueron sacrificadas mlllones de vidas
inocentes durante este siglo; el culto del mercado y el ansia de poder.
Escribí ya suficientemente sobre los peligros del consumismo.
Todo nuestro mundo está seducido por una mitologia: todo puede
comprarse y venderse. Todo se transformó en comodidades, todo
tiene un precio. El mundo de la naturaleza, la fertllidad de la tierra,
la frágl ecología de los bosques, todo ego está
en venta. Incluso nosotros mismos, hijos e hijas del Altisimo, estamos
puestos en venta en el mercado del trabajo. La revolución industrial
fue testigo de la erradicación de comunidades enteras, expulsadas
de su tierra y esclavizadas en las nuevas ciudades. La emigración
masiva continúa aún en nuestros días. El ejemplo
más punzante y escandaloso fae la esclavitud de millones de
hermanas y hermanos nuestros en Africa, transformados en bienes de
mercado para importación y exportación. Como se escribió
en el Capitulo de Caleruega: "Ni los hombres ni las mujeres pueden
ser tratados como mercancias, ni pueden considerarse sus Vedas y su
trabajo, su cultura y sus potencialidades para el florecimiento de
la sociedad como prendas negociables en el juego de beneficios y pórdidas"(20,5).
Nuestros centros de estudio deberian ser lugares donde nos liberamos
de esta visión reductive del mundo y donde aprendemos de nuevo
a maravillarnos agradecidos por los bienes gratuitos de Dios. Mediante
el estudio, intentando comprender las cosas y comprendernos los unos
a los otros, recobramos el sentido de admiración ante el milagro,
de la creación. Escribe Simon Tugwell OP: "Cuando vamos
alfondo de las cosas, llegando hasta su verdadera existencia con nuestra
inteligencia, lo que encontramos es el inescrutable misterio del acto
creador de Dios...En realidad, conocer algo es encontramos a nosotros
mismos sumergidos de cabeza en una maravllla que supera la mera curiosidad"(14).
La verdad nos hace verdaderamente libres. Esta liberación intelectual
va de la mano con la libertad real de la pobreza. Como Domingo y Tomás,
tenemos que convertimos en mendicantes que reciben los bienes gratuitos
de Dios. El voto de pobreza y la cercanía a los pobres es el
contexto dominicano peculiar en el que debemos estudiar.
A liberarnos de esta percepción del mundo nos ayuda el hecho
de ser una Orden verdaderamente universal. Hay muchas culturas que
no tienen una visión de la realidad basada en el dominio y
en el control. Nuestros hermanos y hermanas de Africa pueden ayudarnos
a forjar una teología que se base más en las relaciones
mutuas y en la armonia. Y las tradiciones religiosas de Asia pueden
sernos tambión útiles para una teología más
contemplativá. Tenemos que estar presentes en esas otras culturas,
no sólo para inculturizar el Evangeho allí sino para
que ellas, puedan ayudarnos a comprender el misterio de la creación
y de Dios dador de todo bien.
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El nacimiento de la comunidad
"El ángel le dijo: No temas, Maria, porque
has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y
vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús"(Lucas
1,30).
El objetivo de nuestro estudio no consiste simplemente en ofrecer
información sino en hacer nacer a Cristo en nuestro mundo.
El test de nuestro estudio no está tanto en estar bien informados
cuanto en ser fértiles. Todo niño recién nacido
es una sorpresa, incluso para sus padres. No pueden saber de antemano
a quién traen al mundo. De la misma manera, nuestro estudio,
debería prepararnos para las, sorpresas. Cristo viene a nosotros
en cada generación de maneras que nunca habriamos previsto
y que sólo poco a poco podemos reconocer como, auténticas,
del mismo, modo que la IgIesia necesitó tiempo para aceptar
la nueva y chocante teología de santo Tomás. En las
montañas de Guatemala, en nuestro centro de reflexión
sobre la inculturación AK'KUTAN en Cobán, los hermanos
y hermanas intentan ayudar a la Orden a nacer con las riquezas de
la cultura indígena. En Takamori, detrás de la montaña
Fuji, nuestro hermano Oshida intenta hacer nacer a Cristo en el mundo
del Japón, y nuestro hermano Michael Shirres trabajó
durante veinte años en Nueva Zelanda para fundir las fértlles
semillas de la espiritualidad maorí con la fe cristiana. Puede
hacerse teología de múltiples maneras que no son académicas.
En Croacia uno de nuestros hermanos dirige una banda de música
rock llamada "Mensajeros de Esperanza". En Japón
he visto las maravillosas pinturas de nuestros hermanos Petit y Carpentier.
Puede ser también el milagroso nacimiento de una comunidad
en un pueblo de Haiti. ¿Cómo puede nuestra predicación
hacer nacer a Cristo entre los drogadictos de Nueva York o en los
barrios bajos de Londres?. ¿Cómo puede el Verbo hacerse
carne en el vocabulario de hoy, tomar cuerpo en el lenguaje de la
filosofía y de la psicologia, a través de nuestra oración
y estudio?. El establecimiento de casas de estudio, de óptima
calidad teológica, debe ser una prioridad de la Orden precisamente
para esta encarnación de la Palabra de Dios en cada cultura.
Quiero decir también que la vida de estudio construye comunidad
y, por ello, prepara un hogar para. que Cristo viva entre nosotros.
No hay experiencia. más cruel de desesperación que la
de una soledad absoluta, la de una persona humana introvertida, encerrada
en si misma. El hecho de que nuestra sociedad se vea tan frecuentemente
tentada por la desesperación se debe posiblemente a que es
ésa la imagen dominante del ser humano en nuestro mundo, el
individuo solitario en busca de sus propios deseos y de su propio
bien privado. El individualismo radical de nuestro tiempo parece una
liberación pero puede sumergirnos en una soledad desesperanzadora.
La comunidad nos ofrece una "ecologia de esperanza"(15).
Solamente juntos podremos atrevernos a esperar en un mundo renovado.
El intelectual puede parecer como el ejemplo perfecto del solitario,
a solas con sus libros o su ordenador, y con el letrero "No molestar"
en su puerta. Es verdad que el estudio nos exige frecuentemente estar
solos y esforzarnos por comprender cuestiones abstractas. Pero es
un servicio que ofrecemos a nuestros hermanos y hermanas. El fruto
de este trabajo solitario consiste en construir comunidad desvelando
los misterios de la Palabra de Dios. Mediante el estudio aprendemos
a pertenecer los unos a los otros y, por eflo, a esperar.
a) La transformación de la mente y del corazón
Se pone, sin embargo, en tela de juicio hasta la imagen exacta de
uno mismo como ser completamente solo, como individuo particular aislado.
Porque la doctrina de la creación nos muestra que nuestro creador
está más intimamente unido a nosotros que cualquier
otro ser, ya que es la fuente perenne de nuestro ser. ¡No podemos
estar solos, porque nunca podriamos ni siquiera existir solos!
En la cultura Occidental hay una obsesión por el conocimiento
de si mismo. Pero ¿cómo puedo conocerme a mi mismo fuera
del único que me mantiene en mi ser?. santa Catalina estaba
muy aldia cuando invitaba a sus hermanos a entrar en la "celda
del conocimiento de si mismo"; pero te autoconocimiento era inseparable
del conocimiento de Dios. "No podemos ver ni nuestra propia dignidad
ni los defectos que afean, la hermosura de nuestra alma a no ser que
nos miremos a nosotros mismos en el sosegado océano del ser
de Dios a cuya imagen fuimos creado"(16).
Incluso pueden ser transfigurados en momentos de encuentro ciertos
momentos de profund a desesperación, de la noche oscura del
alma, cuando tenemos la impresión de estar tota mente abandonados:
"Oh noche que juntaste Amado con amada, amada en el Amado transformada"(17).
El estudio no puede reducirse a un entrenamiento de la mente; es la
transformación del corazón humano. "Y os daré,
un corazón nuevo, infundiré, en vosotros un espiritu
nuevo, quitaré, de vuestra carne el corazón de piedra
y os daré un corazón de carne"(Ez. 36,26). El primer
Capítulo General de la Orden en Bolonia dijo que hay que enseñar
a los novicios "a aplicarse al estudio, de modo que tanto de
dia como de noche, en casa o de viaje, lean o mediten algo; y en la
medida de lo posible deben intentar aprenderto de memoria"(18).
Siempre estamos formando nuestro corazón, tanto cuando leemos
periódicos o novelas como cuando vemos films o la televisión.
Todo lo que leemos y vemos contribute a formar nuestro corazón.
¿Le damos alimentos sanos? ¿Lo estamos formando en la
violencia y trivialidad, dándonos a nosotros mismos un corazón
de piedra?.
Santa Catalina de Siena dice de santo Tomás que "con los
ojos de su mente contemplaba mi Verdad con gran temura y con ello
ganaba luz mcis allet de lo natural"(19).
El estudio nos enseña, pues, la ternura; Santo Tomás
fue un gran teólogo precisamente porque tenía un corazón
bondadoso. Fr. Yves Congar escribió una vez que su enfermedad
y parálisis progresivas significaban que estaba dependiendo
cada vez más de sus hermanos. No podía hacer nada sin
su ayuda. Y decia: "He comprendido, sobre todo desde que estoy
enfermo y necesito constantemente la ayuda de mis hermanos... que
todo lo que prediquemos y digamos, por muy sublime que sea, nada vale
si no está avalado por la práctica por acciones reales
y concretes de servicio y de amor. Creo que me faltó un poco
esto en mi vida, jui un poco demasiado intelectual"(20).
Cuando Savonarola habla acerca del entendimiento que tenía
santo Domingo de las Escrituras dice que se fundaba en la carit, en
la caridad. Y puesto que las Escrituras están inspiradas por
el amor de Dios, sólo la persona que ama puede comprenderlas:
"Y vosotros, hermanos, que queréis comprender las Escrituras
y que queréis predicar: aprended la caridad y ella os enseñará.
Teniendo caridad las comprenderéis"(21).
La disciplina del estudio transforma el corazón humano. "Por
su misma continuidad y dificultad implica unaforma de ascesis"(LCO
83) que atañe a nuestro progreso en la santidad. Nos brinda
la ardua disciplina de permanecer en nuestra celda en sllencio, tratando
de entender, cuando deseariamos evadirnos. Una de las innovaciones
de la Orden consistió en ofrecer a los que estaban especialmente
dedicados al estudio la soledad de una celda individual, pero se trata
de una soledad que puede ser ascetismo. Cuando estamos solos, trabajando
sobre un texto, pensaríamos en mil razones válidas para
dejarlo e irnos a converser con a1guien. ¡Nos convencemos inmediatamente
a nosotros mismos de que tenemos el deber de hacerlo y que seguir
estudiando sería traicionar nuestra vocación y nuestro
deber cristiano!. Pero si no resistimos esta soledad y este silencio
no podremos ofrecer nada que merezca la pena. En la "Carta al
hermano Juan", se nos dice que "amemos nuestra celda usándola
continuamente si queremos ser admitidos en la bodega"(22);
¡ésta era evidentemente la idea que un novicio del siglo
trece se hacia del paraíso!. Mucho estudio es inevitablemente
aburrido, por supuesto. Aprender a leer hebreo o griego es duro y
tedioso. Y nos preguntamos con frecuencia si merece la pena. Es precisamente
un acto de esperanza, este trabajo producirá su fruto de una
manera que ahora no podemos ni imaginar.

b) El Estudio y la construcción de la Comunidad en la Orden.
El estudio no sólo debe abrir nuestro corazón al otro
sino introducirnos en una comunidad. Estudiar es entrar en conversación
con nuestros propios hermanos y hermanas y con otros seres humanos
en nuestra. búqueda de la verdad que nos hará libres.
Alberto Magno escribió acerca del placer de buscar juntos la
verdad: "in dulcedine societatis quaerere veritatem"(23).
Los intelectuales reflejan con frecuencia los valores de nuestra sociedad.
Gran parte de la vida académica se basa en la producción
y en la competencia, como si estuviéramos fabricando coches
y no buscando la sabiduria. Las universidades pueden ser como fábricas.
Los articulos deben Regar al limite señalado de producción
y los rivales y enemigos deben ser liquidados. Pero no podremos nunca
decir una palabra iluminadora sobre Dios a menos que hagamos teología
de una manera diferente, sin competencia y con reverencia. No se puede
hacer teología solos. No solamente porque hoy nadie podría
dominar todas las disciplines sino porque la comprensión de
la Palabra de Dios es inseparable de la construcción de la
comunidad. Gran parte de la preparación del Concllio Vaticano
II fue elaborada por una comunidad de frailes de "Le Saulchoir",
especialmente Congar, Chenu y Ferret, que trabajaron juntos y compartieron
sus intuiciones.
Se cuenta una historia de santo Tomás mientras comia a la mesa
del Rey de Francia, que de pronto dio un golpe sobre la mesa y gritó:
"¡Se acabó con los maniqueos!". Esto puede
sugerir que no estaba prestando mucha atención a los demás
invitados, pero también puede significar que la teología
puede ser una lucha. No podemos nunca construir la comunidad a menos
que nos atrevamos a discutir unos con otros. Debo enfatizar, y muy
a menudo, la importancia del debate, de los argumentos y del esfuerzo
para llegar a entender. Pero uno lucha contra su oponente, como Jacob
con el ángel, como para pedir una bendición. Uno discute
con un oponente porque quiere recibir lo que él o ella pueden
darnos. Se lucha para que pueda vencer la verdad. Tenemos que discutir
con una especie de humildad. El otro o la otra tienen siempre algo
que enseñarnos y luchamos con ellos para recibir ese regalo.
Uno de mis más profundos recuerdos del año que pasé
en Paris se refiere a fr. Marie-Dominique Chenu, el maestro que siempre
tenia hambre de aprender de todo aquel que encontraba, iincluso de
un joven e ignorante dominico inglés! A menudo, ya tarde en
la noche, regresaba de alguna reunión con obispos, estudiantes,
sindicalistas, artistas, feliz de contarte lo que había aprendido
y preguntándote qué habias aprendido tú durante
ese día. El verdadero maestro es siempre humilde. Jordán
de Sajonia decía que santo, Domingo comprendia todo, "humili
cordis intelligentia"(24),
mediante la inteligencia humilde de su corazón. El corazón
de carne es humilde pero el de piedra es impenetrable.
No sólo en los centros de estudios se hace teologia. Es también
el momento de lluminación, de intuiciones nuevas, cuando la
Palabra de Dios se encuentra con nuestra ordinaria experiencia cotidiana
en nuestro intento de ser humanos, con nuestros errores y pecados,
con nuestro esfuerzo por construir la comunidad humana y hacer un
mundo justo. Todo el mundo de la ciencia, de expertos biblistas, de
sabios patrólogos, de filósofos y psicólogos,
está para ayudar a que esa conversación sea fértil
y verdadera. Hay buena teología cuando, por ejemplo, el sabio
exégeta de la Escritura ayuda al hermano comprometido en trabajo
pastoral a comprender su experiencia, y cuando el hermano con experiencia
pastoral ayuda al exégeta a comprender la Palabra de Dios.
La recuperación de nuestra tradición teológica
exige no sólo que preparemos a más hermanos en las diversas
disciplines sino que hagamos teología juntos. Hasta que no
construyamos nuestras Provincias como comunidades teológicas,
nuestros estudios pueden resultar estériles y nuestro trabajo
pastoral superficial. Una buena parte de la obra de santo Tomás
consistió en responder a cuestiones de los hermanos, ¡incluso
a algunas tontas de parte del Maestro de la Orden!
¿Dónde hacemos la Teologia? Necesitamos grandes facultades
teológicas y bibliotecas. Pero también necesitamos centros
donde se haga teología en otros contextos, con los que luchan
por la justicia, en diálogo con otras religiones, en barriadas
pobres y en hospitales. Especialmente en este momento en la vida de
la Iglesia, el verdadero, estudio implica la construcción de
comunidad entre mujeres y hombres. Una teología desarrollada
solamente a partir de la experiencia masculina cojeará de una
pierna, respirará con un solo pulmón. Por esto necesitamos
hoy hacer teología con la Familia Dominicana, escuchando cada
uno las intuiciones del otro, haciendo una teología que sea
verdaderamente humana. Como dice Dios a santa Catalina de Siena: "Habria
podido hacer a los seres humanos de tal manera que todos lo tuvieran
todo, pero preferí dar a cada uno dones diferentes, para que
todos tuvieran necesidad de todos"(25).
Todas las comunidades humanas son vulnerables, corren el riesgo de
desaparecer y necesitan refuerzos y reparaciones constantes. Uno de
los modos de hacer y rehacer comunidad juntos es a través de
las palabras que intercambiamos mutuamente. Como servidores de la
Palabra de Dios, deberíamos ser profundamente conscientes de
la fuerza de nuestras palabras, fuerza que puede curar o herir, construir
o destruir. Dios pronunció una palabra y el mundo comenzó
a existir y ahora Dios pronuncia la Palabra. que es su Hijo, y somos
redimidos. Nuestras palabras participan de esa fuerza. En toda nuestra
educación y estudio deberia ocupar el lugar central una profunda
reverencia por el lenguaje, una sensibllidad sobre lo que decimos
a nuestros hermanos y hermanas. Con nuestras palabras podemos ocasionar
resurrección o crucifixión y las palabras que pronunciamos
se recuerdan frecuentemente, se conservan en el corazón de
nuestros hermanos que reflexionan sobre ellas, vuelven a ellas durante
años, para bien o para mal. Una palabra puede matar.
Nuestro estudio deberia educamos en la responsabilidad con respecto
a las palabras que usamos. Responsabilidad en el sentido de que lo
que decimos responda a la verdad, corresponda a la realidad. Pero
tenemos también la responsabilidad de decir palabras constructoras
de comunidad, que eduquen. a los demás, que curen las heridas
y den vida. San Pablo escribió, desde la prisió, a los
Filipenses, "Por lo demá, hermanos, todo cuanto hay de
verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo
cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta"(4,8).

c) El Estudio y la construcción de un Mundo Justo
Nuestro mundo, ha sido testigo del triunfo de un único sistema
económico. Ha resultado dificíl imaginar una alternative.
La tentación de nuestra generación puede ser la de resignarnos
ante los sufrimientos e injusticias de este tiempo y cesar de anhelar
un mundo nuevo. Pero nosotros, predicadores, debemos ser los guardianes
de la esperanza. Se nos ha prometido la libertad de los hijos de Dios
y Dios será fiel a su Palabra. En San Sixto hay una pintura.
de santo Domingo estudiando, con un perro a sus pies que sostiene
una antorcha. En el fondo otro dominico echa fuera a un perro con
un palo. La inscripción nos dice que Domingo no se oponia al
mal con la violencia sino con el estudio. Nuestro, estudio nos prepara.
para proclamar la palabra liberadora. Esto lo hace enseñándonos
la compasión, mostrándonos que Dios está presente
incluso en medio del sufrimiento y que es ahí donde debemos
forjar nuestra teología. Nos ofrece una disciplina intelectual
que abre nuestros oídos para escuchar a Dios que nos llama
a la libertad.
Felicisimo Martinez OP describió una vez la espiritualidad
dominicana como una espiritualidad de "ojos abiertos". Y
en el Capitulo General de Caleruega, Chrys McVey comentó: "Domingo
se conmovió hasta las 1á1grimas - y la acción
- por los hambrientos en Palencia, por el mesonero en Tolosa, por
la condición inquietante de a1gunas mujeres en Fanjeaux. Pero
esto no basta para explicar sus lagrimas. Estas brotaban de la discipline
de una espiritualidad de ojos abiertos que lo veia todo. La Verdad
es el lema de la Orden -no su defensa (como se entendió a menudo),
más bien su percepción. Y el tener los ojos abiertos
para que no se nos escape nada, puede darnos ganas de llorar".
Nuestro estudio debería ser una discipline de veracidad que
abra. los ojos. Como dice San Pablo: "Considera lo que estó
ante tus ojos"(2 Cor 10,7).
Es doloroso ver lo que sucede ante nuestros ojos. Es más cómodo
tener un corazón de piedra. He estado bastante a menudo en
lugares que desearia olvidar, las salas de hospital en Ruanda donde
habia jóvenes con miembros amputados, los mendigos en las canes
de Calcuta. ¿Cómo puede soportarse la visión
de tanta miseria? Una vez más debemos obedecer al mandato de
Pablo de constatar la evidencia de nuestros ojos y ver un mundo torturado.
Los libros que leemos deben abrir por fuerza nuestro corazón.
Franz Kafka escribió: "Creo que deberíamos leer
solamente libros que nos hieran y nos desgarren... necesitamos libros
que nos afecten como un desastre, que nos acongojen profundamente,
como la muerte de alguien a quien amamos más que a nosotros
mismos, como si fuéramos desterrados en un bosque lejos de
todos, como un suicidio. Un libro debe ser el hacha del mar helado
dentro de nosotros "(26).
Pero no basta con limitarnos a ver esos lugares del sufrimiento humano
y ser como turistas te la crucifixion del mundo. Estos son los lugares
en los que debe hacerse teología. Es en estos lugares de Calvario
donde puede encontrarse a Dios y descubrirse una nueva palabra de
esperanza. Pensemos cuánta teologia, y de la mejor, ha sido
escrita en prisión, desde la carta de san Pablo a los Filipenses
y los poemas de san Juan de la Cruz hasta las cartas de Dietrich Bonhoeffer
en un campo de concentración nazi. Somos, dijo san Juan de
la Cruz, como delfines que se sumergen en la negra oscuridad del mar
para emerger en la claridad de la luz. Un campo de refugiados en Goma
o una cama en un pabellón de cancerosos son lugares donde puede
descubrirse una teología que nos aporte esperanza.
A Dios no se le encuentra solamente en situaciones de extrema angustia.
Vicente de Couesnongle escribió:"No puede haber esperanza
sin aire fresco, sin oxigeno o sin una visión nueva. No puede
haber esperanza en una atmósfera sofocante"(27).Nuestra
teología ha sido desde el principio una teología de
la ciudad y de las plazas de mercado. Santo Domingo envió a
sus frailes a las ciudades, a los lugares de ideas nuevas, donde se
experimentaban nuevas organizaciones económicas y la democracia,
pero también a lugares donde se reunían los nuevos pobres.
¿Nos atreveremos a dejarnos inquietar por las cuestiones de
la ciudad moderna? ¿Qué palabra de esperanza puede ser
compartida con los jóvenes que se enfrentan con el desempleo
por el resto de sus vidas? ¿Cómo puede descubrirse a
Dios en el sufrimiento de una madre soltera o de un emigrante atemorizado?.
También éstos son lugares de reflexión teológica.
¿Qué tenemos que decir a un mundo que se vuelve estéril
por la contaminación ambiental? ¿Nos dejaremos interrogar
por las cuestiones de los jóvenes y entraremos en los campos
minados de problemas morales como los de la ética sexual, o
preferimos estar a salvo de todo ello?
Asi, pues, debemos atrevernos a ver lo que hay ante nuestros ojos;
debemos creer que la teología debe hacerse donde parece estar
Dios más lejano y donde los seres humanos están tentados
por la desesperación. Y evidentemente, como dominicos, debemos
afirmar una tercera exigencia. Nuestras palabras de esperanza solamente
tendrán autoridad si están enraizadas en un estudio
serio de la Palabra de Dios y en un análisis de nuestra sociedad
contemporánea. En 1511 Montesinos predicó su famoso
sermón contra la opresión de los indios y lanzó
la pregunta: "Estos, ¿no son hombres? ¿No tienen
un alma racional? ¿No estáis obligados a amarlos como
a vosotros mismos? ¿No comprendéis esto? ¿No
está a vuestro alcance?'. Montesinos invitaba a sus contemporáneos
a que abrieran los ojos y miraran al mundo de manera diferente. Para
captar la realidad no basta la compasión. Se necesitaba un
estudio arduo para ver a través de las falsas mitologias de
los conquistadores, y esa fue la fuente de la actitud profética
de Las Casas.
Chenu comentó: "Es sumamente sugestivo fijar la atención
en el encuentro entre la doctrina especulativa de este primer gran
maestro del Derecho Internacional(en el momento en que nacían
las naciones y se separaban del Sacro Imperio Romano), y el evangelismo
de Las Casas. El teólogo, en Vitoria, envuelve al profeta"(28).
No basta con indignarse ante las injusticias este mundo. Nuestras
palabras sólo tendrán autoridad si están enraizadas
en análisis económicos y politicos serios sobre las
causas de la injusticia. San Antonino se esforzó por resolver
los problemas de un nuevo orden económico en la Florencia del
Renacimiento, igual que en este siglo Lebret analizó los problemas
de la nueva economia. Si queremos resistir a la tentación de
los clichés fáciles, necesitaremos hermanos y hermanas
formados en análisis cientificos, sociales, políticos
y económicos.
La construcción de una sociedad justa no requiere sólo
una equitativa distribución de la riqueza. Necesitamos construir
una sociedad en la que todos podamos desarrollarnos como seres humanos.
Nuestro mundo se ha reducido a un desierto por el triunfo del consumismo.
La pobreza cultural de esta percepción dominante de la persona
humana está haciendo estragos en el mundo entero y "Cuando
no hay visiones el pueblo se relaja"(Prov 29,18)(29).
Hay hambre no sólo de alimentos sino de sentido. Como dijo
el Capitulo de Oakland: "Hablar verazmente es un acto de justicia"(109).
San Basllio Magno dice que si tenemos ropa de más pertenece
a los pobres. Uno de los tesoros que poseernos y que nuestros centros
de estudios deberian preserver y compartir son la poesía, las
histories de nuestro pueblo, la música y la sabiduria tradicional.
Todo esto es una riqueza para la construcción de un mundo hurnano.
Ser profeta no es una excusa para no estudiar las Escrituras. Ponderamos
la Palabra de Dios buscando conocer su voluntad más bien que
para tener la evidencia de que Dios está de nuestra parte.
Es fácil usar las Escrituras como fuente para slogans fáciles,
pero el estudio de la Palabra de Dios es la búsqueda de la
liberación más profunda que nunca podríamos imaginar.
A través de la disciplina del estudio intentamos captar el
eco de una voz que nos llama a una libertad inefable, la propia de
Dios. Cuando Lagrange se enfrentó a los problemas suscitados
por el moderno criticismo histórico citó las palabras
de san Jerónimo: "Sciens et prudens, manum misi in ignem"(A
sabiendas y prudentemente, puse mi mano en el fuego)(30).
Sabiendo que le costaria dolor y sufrimiento, puso la mano en el fuego.
La dedicación de Lagrange a las nuevas disciplinas intelectuales
de su tiempo fue una real muestra de conflanza en que la Palabra de
Dios se mostraria como la palabra verdaderamente liberadora, y que
necesitamos no tener miedo a pasar por el camino de la duda y de las
preguntas. El sometió la Palabra de Dios a rigurosos análisis
porque estaba seguro de que se mostraria como la palabra que no puede
nunca dominarse. ¿Nos atrevemos nosotros a compartir su valentia?
¿Nos atrevemos a poner la mano en el fuego o preferimos no
ser molestados?
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El don de un futuro
"El será grande y será llamado Hijo
del Altisimo, y el Señor Dios le dará el trono de
David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos
y su reino no tendrá fin. María respondió al
ángel: ¿Cómo será esto, puesto que no
conozco varón?"(Lucas 1,32-34).
¿Cómo puede ser esto?. ¿Cómo puede una
virgen dar a luz un niño?. ¿Cómo puede una mujer
de esta pequeña e insignificante colonia del Imperio Romano
dar a luz al Salvador del mundo? ¿Cómo podria haber
sospechado que la historia de ese pueblo contenía una semilla
de tan gran futuro?. Hace dos mil años pareció que la
línea de David habia fracasado, pero de manera inesperada se
le dio un hijo para sentarse en su trono.
Muchos de nuestros estudios conciernen al pasado. Estudiamos la historia
del pueblo de Israel, la evolución de la Biblia, la historia
de la Iglesia, de la Orden e incluso de la filosofia prendemos del
pasado. Es fundamental para el estudio tener memoria. Pero no es ella
la que nos hace conocer muchos hechos. Estudiamos el pasado para descubrir
las semillas de un futuro inimaginable. Igual que una virgen o una
estéril queda embarazada así nuestro mundo aparentemente
estéril resulta embarazado de posibilidades nunca soñadas:
el Reino de Dios.
"La historia hace más que ninguna otra discipline para
liberar la inteligencia de la tiranía de la opinión
presente"(31). La
historia nos demuestra que las cosas no tienen que ser lo que son,
y esta historia puede abrimos a un futuro inesperado. Descubrimos,
con palabras de Congar, que no hay sólo la Tradición
sino una multitud de tradiciones que nos ofrecen riquezas que nunca
habiamos sofiado. El Concllio Vaticano II significó un nuevo
comienzo porque nos volvió a contar el pasado. Nos llevó
hacia atrás, antes de las divisiones de la Reforma, antes de
la Edad Media, para volver a descubrir el sentido de Iglesia previo
a las divisiones de este y oeste. Fue como un memorial que nos liberó
para emprender nuevas cosas.
La historia nos introduce en una comunidad más ampha que la
actual. Nos damos cuenta de que somos miembros de la comunidad de
los santos y de la de nuestros antepasados. También ellos tienen
voz en nuestras deliberaciones. Nosotros usamos su testimonio como
test de nuestras percepciones y ellos nos invitan a tener una visión
más amplia de la que podemos encontrar entre los estrechos
limites de nuestro propio tiempo.
Volver a contar la historia nos libera no sólo de las opiniones
del mundo actual sino también e los "principes de este
mundo"(lCo 2,8). La historia se cuenta normalmente desde el punto
de vista del vencedor, del fuerte, de los que construyen imperios,
y la historia que ellos cuentan los reafirma en su poder. Debemos
aprender a contar la historia desde otros puntos de vista, desde los
pequeños y olvidados, y esta historia nos liberará.
Por eso recordar es un acto religioso, l acto religioso primordial
de las tradiciones judía y cristiana. Cuando nos reunimos para
orar, "recordamos las maravillas que Dios ha hecho"(Sal
105,5).
Finalmente volvemos hacia atrás recordando un pueblo pequeño
y aparentemente insignificante, el pueblo de Israel. No contamos la
historia desde el punto de vista de los grandes Imperios, de los egipcios
o de los asirios, de los persas, de los griegos o de los romanos,
sino de un pueblo minúsculo, cuya historia apenas se registraba
en los libros de los grandes y poderosos pero llevaba en si misma
el nacimiento del Hijo del Altisimo. Y la historia en la que nos descubrimos
a nosotros mismos es finalmente la de una virgen que escucha el mensaje
del ángel y de un hombre que fue clavado en una cruz en un
mar de cruces, un hombre cuya historia fue un fracaso. Esta es la
historia que recordamos en la eucaristia. En esta historia aprendemos
a narrar la historia de la humanidad y es una historia que no termina
con la cruz.
¿Nos atrevemos a narrar con tanta valentia la historia de la
Iglesia e incluso de la Orden?. ¿Nos atrevemos a narrar una
historia de la IgIesia liberada de todo triunfalismo y arrogancia,
que reconoce los momentos de división y de pecado?. Ciertamente
que la buena nueva, el fundaments de nuestra esperanza, es que Dios
ha aceptado como suyo precisamente a este pueblo falible y batallador.
Del mismo modo, cuando aprendemos la historia dominicana se nos cuentan
las glorias del pasado. ¿Nos atrevemos a contar los fracasos,
los conflictos?. El anterior archivists de la Orden, Emllio Panella
OP, escribió un estudio(32)
de lo que las crónicas no dicen y de lo que omiten.
Esta historia nos da fmalmente más esperanza y confianza desde
el momento que Dios trabaja siempre con "vasos de barro para
que aparezca que la extraordinaria grandeza del poder es de Dios y
no viene de nosotros"(2Co 4,7). Incluso puede conseguir algo
mediante nosotros. En el Capitulo General de México nos arriesgamos
a recordar el quinto centenario de nuestra Regada a las Américas.
Recordamos no solamente las grandes hazañas de nuestros hermanos,
de Las Casas y Montesinos, sino también los silencios y fracasos
de otros. Pero todos ellos son hermanos nuestros. Por encima de todo
recordamos a los que fueron reducidos al silencio, a la extinción.
Los recordamos como esperanza de un mundo más justo.
Hay memorias dificiles de soportar, la de Dachau y Auschwitz, la de
Hiroshima y el bombardeo de Dresden. Hay acciones tan terribles que
nos gustaria más bien olvidar. ¿Qué historia
podria narrarse capaz de aguantar todos esos sufrimientos?. Pero aún
asi en Auschwitz el monumento a los caidos dice: "Oh tierra,
no cobras su sangre". Quizá solamente osemos recordar
y narrar el pasado con fidelidad si recordamos al único que
abrazó su muerte, que se entregó a si mismo a sus traidores,
que hizo de su pasión un don y una comunión. Recordando
esto nos atrevemos a esperar. Podemos saber que "a fin de cuentas
la historia no miente en manos del verdugo. El muerto suede ser nombrado;
el pasado debe ser conocido. En este nombrar y saber hay que encontrar
a Dios y en Dios está nuestra posibílidad de un mundo
diferente, de una concepción diferente del poder, de una voz
para el mudo"(33).
"Que no queda olvidado el pobre eternamente, no se pierde por
siempre la esperanza de los desdichados"(Sal 9,18). Santo Domingo
caminaba por el campo cantando, no precisamente porque era valiente
ni porque era de temperamento alegre. Años de estudio le habían
dado un corazón formado para esperar. Estudiemos para poder
compartir su alegria.
 |
"History says, Don't hope
On this side of the grave:
But then, once in a lifetime
The longed-tidal wave
Of justice can rise up,
And hope and history rhyme,
So hope for a great sea-change
On the far side of revenge.
Believe that a further shore
Is reachable from here."(34)
"La historia dice: No esperes
desde la parte de acá de la tumba.
Pero después, puede surgir a lo largo de la vida
el tan ansiado oleaje de la justicia,
y la esperanza y la historia forman de nuevo una rima.
Asi, pues, espera un cambio grande de mar
desde la otra orilla de la venganza.
Confia en que incluso desde esta parte
puede alcanzarse la otra playa" |
1- Cecilia,
Miracula B. Dominici, 15 Archivium Fratrum Praedicatorum
XXXVII Roma 1967, p. 5 ss.
2- Proceso de canonización, n
29.
3- Simone Weil, Attente de Dieu,
Paris 1950, p.71.
4- B. Montagnes, Le Père Lagrange,
Paris 1995, p. 57.
5- Thomas de Chantrimpé.
6- Cornelius Ernst OP, Multiple Echo,ed.
Fergus Kerr OP y Timothy Radcliffe OP, Londres 1979, p. 1.
7- Dante, El Infierno, canto
1, 40.
8- Simone Weil, op.cit., p.71.
9- Metaph. III, lect. 3.
10- Bernard Montagnes, Le Père
Lagrange, Paris 1995, p. 54.
11- Summa Teológica, I, 12,
13, ad 1m. Cf. Caleruega 32. Este texto provocó uno de los
debates más apasionados del Capítulo. ¡Fue interesante
ver a los hermanos discutir de teologia!.
12- Confesiones, III, 6.
13- God Matters, Londres 1987,
p.241.
14- Reflexiones sobre las Bienaventuranzas,
Londres 1979, p. 100.
15- Jonathan Sachs, Faith in the
Future, London 1995, p. 5.
16- Carta 226, Catherine of Siena,
Passion for Truth, Compassion for Humanity, ed. Mary O'Driscoll
OP, Nueva York 1993, p.26.
17- San Juan de la Cruz, Canciones
del alma, Noche oscura, 5.
18- Constituciones primitives 1, 13.
19- Mary O'Driscoll OP, ibid. p.
127.
20- Alocución del P. Congar
en agradecimiento a la entrega del premio de la Unidad cristiana,
24 noviembre 1984.
21- Dalle prediche di fra' Gerolamo
Savonarola, Ed. L. Ferretti, en Memorie Domenicane XXVII
1910.
22- De Modo Studendi.
23- In Libr. VIII Politicorum.
24- Libellus 7.
25- Diálogo, 7.
26- Carta a Oskar Pollak, 27
de enero 1904.
27- El coraje del futuro, cap.
8.
28- M-D Chenu, "Prophètes
et Théologiens dans l'Eglise. Parole de Dieu" en La
Parole de Dieu II, Paris 1964, p. 211.
29- cf el himno nacional de Jamaica.
30- Ibid., p.84.
31- Owen Chadwick, Origins p.
85.
32- Lo que la crónica conventual
no cuenta, en Memorie Domenicane 18(1987), pp. 227-235.
33- Rowan Williams, Open Judgement,
Londres 1994, p. 242.
34- Seamus Heaney, The Cure at Troy:
version of Sophocleses' Philocpetes, Londres 1990.
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