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El Domingo: Día del Señor
y Señor de los Días (1ª Parte)
Por Fray Héctor Muñoz OP
Algunos datos previos
Para muchas personas de nuestro "mundo cristiano", el domingo
es simplemente un día sin clases
, un día en que
no se trabaja
, ¡feriado para todos!
Todo eso es verdad, pero
¿por qué este día
de la semana se ha convertido en día no-laboral, distinto del
resto de los días de la semana?
Partamos de un texto de san Ignacio de Antioquia, que dirigiéndose
en una carta a los cristianos de Magnesia les decía que "quienes
han abrazado la nueva esperanza, ya no sabatizan (viven las
observancias del Sabbat judío), sino que viven según
el domingo, en el que nació nuestra vida resplandeciente
por Él y por su muerte".
En el domingo nosotros hacemos presente el primer día de la
Creación, cuando la luz nace de las manos de Dios, y también
el día en que Jesús resucitó de entre los muertos.
Todo ello será profecía del retorno de Cristo, en el
esplendor de su gloria, para comunicar su Pascua de vida a sus elegidos.
Por todo esto, el domingo hacemos fiesta. Es "el día
del Señor" (Dominica dies), el día del que
tiene señorío sobre la vida y la muerte, y "el
señor de los días": no hay día que supere
al domingo.
Y hay algo importante a tener en cuenta
Muchas veces, sea en
clases a catequistas o a catequizados, les pregunto: -¿Cuál
es la primera fiesta que celebró la Iglesia? Y algunos me responde,
con gran seguridad: -¡La Pascua! A lo que les respondo: -Si
es así, desde el domingo en que Cristo resucitó hasta
el año siguiente, no hubo celebraciones festivas en la Iglesia
Todos hacen silencio, sin darse cuenta de que lo que la Iglesia celebró
fue "el domingo", al que llamaban Pascha hebdomadaria,
la Pascua semanal. Esto es el día domingo: la Pascua que se
revive en una celebración festiva, cada ocho días. Nos
lo recuerda el Vaticano II: "La Iglesia celebra el Misterio pascual
cada ocho días, en el día que es llamado con razón
día del Señor" (SC 106).
Domingo viene de Dominus o de dominica. Esta
palabra es un adjetivo que terminó convirtiéndose en
un sustantivo: dies dominica o dies Domini: día
señorial o día del Señor
Notamos un decaimiento en las celebraciones del domingo. En el mejor
de los casos y siendo muy optimista, se dedicará una hora a
asistir a misa, y no entro en juicio sobre cómo se "asiste",
si se llega tarde o temprano, si hay pasividad o acción, si
la "participación" se realiza desde los bancos más
lejanos, habiendo sitio en bancos más cercanos, si se conversa
o se vive la celebración de modo distraído
, si
se vine esa hora como una "obligación a cumplir".
Una vez, el famoso liturgista francés, fr A.M. Roguet o.p.,
refiriéndose a otro tema (la liturgia de las Horas) decía:
"Constato que los sacerdotes están más felices
cuando cierran el Breviario que cuando lo abren
". Es como
decir que se sienten más contentos porque terminaron que porque
comenzaron a hacer algo bueno y bello.
A continuación, veremos qué nos dice la Encíclica
Dies Domini sobre este apasionante tema. Citaré los
mismos subtítulos que el Documento pone.
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I. DIES DOMINI: Celebración de la Obra
del Creador
Lo primero que el Papa Juan Pablo II pone de relieve es que "en
la experiencia cristiana, el domingo es, ante todo, una fiesta pascual,
iluminada totalmente por la gloria de Cristo resucitado" (n.
8). Repito lo que dije al comienzo de este tema: el domingo es
la pascua semanal. Por lo tanto, en el primer día de la
semana, la gran celebración, lo que en verdad festejamos, es
la resurrección de Jesucristo. En tiempos pre-conciliares,
muchas fiestas desplazaban al domingo. En mi opinión, todavía
hoy se siente el peso de ese pasado. Sin caer en purismos, hay que
acentuar que el Domingo es la fiesta primordial en la vida de la Iglesia.
El recuerdo de la Creación, que nace el primer día con
el advenimiento de la luz, es profecía de la nueva creación,
cuando el Verbo-Luz de Dios, se hace carne e ilumina al mundo que
estaba en tinieblas, comenzando lo que sería plenitud en la
victoria pascual, cuando las tinieblas del sepulcro son expulsadas
por la luz de la Vida victoriosa.
Debemos tener tiempo para devolver al Domingo esta dimensión,
gozando de la primera Creación y de su bondad y belleza.
Dios bendijo al día séptimo (el Sabbat de nuestros
padres) y lo santificó (Cf. Gén 2, 3; Dies Domini,
13) Para nosotros, los cristianos, el Domingo no será ya
algo parecido al Sabbat, descanso de Dios después de
haber trabajado para forjar las criaturas, sino el primer día,
día de los días, día en que celebramos la Vida
y su triunfo, día de la Luz que no tendrá ocaso, día
del hombre nuevo.
II. DIES CHRISTI: El Día del Señor Resucitado y el Don
del Espíritu
"Celebramos el domingo por la venerable resurrección de
Jesucristo, no sólo en Pascua, sino cada semana".
Con estas palabras, el Papa Inocencio I, escribía a comienzos
del s. V, señalando la realidad del Domingo como pascua semanal.
San Agustín lo llamará "sacramento de la Pascua"
(Cf DD 19). Si bien nuestras homilías se inspirarán,
por lo general, en los textos de la Palabra de Dios, habría
que insistir en que celebramos la Pascua, el triunfo de Cristo sobre
la Muerte y las muertes y, de algún modo, en la esperanza,
también celebramos la Pascua de la Iglesia y la nuestra.
En la Encíclica que comentamos, hay un punto (n.26), que merece
un comentario especial: el domingo como día octavo.
Esta consideración puede parecernos extraña. No hemos
oído predicar sobre el"día octavo" ni las
catequesis tratan así al domingo. Así, el domingo sería
"el día más allá de todo día",
el día que seguirla tiempo actual, "día sin término
que no conocerá ni tarde ni mañana; el siglo imperecedero
que no podrá envejecer. El Domingo es el preanuncio incesante
de la vida sin finque reanima la esperanza de los cristianos y los
alienta en su camino". Esta enseñanza de San Basilio es
retomada por Juan Pablo II. En esta perspectiva de "día
octavo", el domingo es figura de la eternidad, de la paz que
no tendrá fin, del tiempo de Dios, que pareciera no concordar
con el tiempo de los hombres.
El Padre Jean Danielou s.j., en su artículo El Domingo como
octavo día (Cuadernos PHASE, n.24), nos dice que la designación
del Domingo como octavo día "pertenece al campo de los
símbolos", lo que no quiere decir que sea algo artificioso.
Y añade este reconocido patrólogo: "El tema del
octavo día como símbolo de la vida eterna, es el resultado
de una especulación de la apocalíptica judeo-cristiana
sobre el hecho litúrgico del domingo".
No hay ocho días en la semana, sino sólo siete
No existe "la eternidad", sino el tiempo
No existe
el futuro, sino el pasado y el presente
Debemos dar un salto
Para lograr una comprensión de lo que todavía no es
pero que, sin embargo, existe en la esperanza y tanto más fuerte
es su existencia, en la medida de la fuerza de nuestra esperanza.
Si el Domingo es Pascua y la Pascua es la victoria de la luz sobre
las tinieblas; si el "octavo día" escapa a nuestros
días de lágrimas como promesa de alegría eterna,
debemos unir este tema al del n. 27: El día de Cristo-luz.
Así como la Iglesia festejó la Navidad como "el
día del sol jamás vencido"que, evidentemente, es
Cristo, la Iglesia cristianizó el contenido del "día
del sol", nombre que muchas lenguas dan al Domingo: Sunday,
Sonntag
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El Domingo:
Día del Señor y Señor de los Días (2ª
Parte)
Continuamos con el comentario a la Encíclica Dies Domini.
I. Dies Ecclesiae: La Asamblea Eucarística, Centro del Domingo
"Domingo" y "asamblea congregada" para celebrar
la Eucaristía, van de la mano. La presencia viva de Cristo-Resucitado,
debe hacerse visible en la Iglesia. La Resurrección, si bien
es un hecho del pasado, es también un hecho del presente
en medio de la Iglesia. Nos reunimos, comunitariamente, para
celebrar la vida de Aquel que prometió estar siempre entre
nosotros, hasta el fin de los tiempos.
Sabemos que la Eucaristía es el sacramento "de la comunión"
(la llamamos, ordinariamente, por su efecto: plasmar la comunión
con Dios y entre los hermanos). Además, es un hecho que viene
de los tiempos apostólicos, que los primeros bautizados "acudían
asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a las reuniones
de comunión fraterna, a la fracción del pan y
a las oraciones" (Hch. 2,42) (Cf. Dies Domini, 31)
La Iglesia tiene una relación viva con la Eucaristía.
Ésta es el mejor lenguaje para definir al Pueblo de Dios, Pueblo
que se congrega en el día de la Resurrección, para "partir
el pan" en comunión fraterna. Las celebraciones en cualquier
día de la semana, tienen gran valor, pero las del Domingo agregan
un dato que es de suma importancia para descubrir este sagrado Misterio.
Por algo se unió la realidad de este sacramento a un día
singular: no hay otro signo que exprese con mayor plenitud y claridad
la salvación lograda por Jesucristo. Ella es "el Misterio
pascual", por excelencia.
¿Qué hacemos cuando Cristo nos convoca como Iglesia
en el Domingo para partir juntos el pan? No otra cosa sino revivir
una experiencia; re-cordar (traer al corazón
) un acontecimiento;
celebrar la misma experiencia de fe que tuvieron los Apóstoles
y los primeros discípulos. En el día del Señor,
congregados como Iglesia, comensales a una misma mesa, recibimos el
sacramento de la paz, la comunión filial y fraterna, la profecía
del Reino que no tendrá fin, la paz de Cristo que, por el perdón
de los pecados, nos reconcilia con Dios y con los hermanos.
En la Eucaristía dominical, nos abrimos a la Iglesia universal,
pues esta celebración es "una epifanía de la Iglesia".
Nunca la Iglesia es más ella misma, que cuando se congrega
en el Domingo para la mesa santa. Y todo esto, para que descubramos
que la Iglesia es "comunión" y que nada mejor que
la Eucaristía construye esa común-unión
"El dies Domini se manifiesta así también
como dies Ecclesiae". Y ante el hecho de que el día
del Señor sea también día de la Iglesia, nos
obliga a todos a que, en verdad, lo sea. ¿Puede la Iglesia
celebrar su día en una iglesia vacía, con pocos fieles,
casi sin participación o con una participación cansina,
apática, pasiva? ¿No será verdad lo que muchos
dicen -de modo especial los jóvenes-, cuando no quieren ir
a la Iglesia? ¡La misa es algo muy "aburrido"! Es
verdad que habrá que formar las inteligencias y ver qué
significa "divertido" y "aburrido", pero
queda en pie un tema: ¡la fiesta debe ser festiva! El trabajo
pastoral (especialmente en los templos parroquiales
) debe tender
a que podamos ver a la Iglesia reunida el Domingo, como un pueblo
peregrino que camina gozoso al encuentro de Aquel que viene a nuestro
encuentro (Cf. DD 35.)
El Pan de vida nos sostiene en nuestro caminar de peregrinos. Por
eso es un día de esperanza, mientras caminamos para celebrar
las bodas del Cordero. La Eucaristía dominical nos sostiene
en la dura y trabajosa marcha, así como Jesús multiplicó
los panes, ante el riesgo de que quienes lo habían seguido,
pudieran desfallecer en el camino. Comieron y sobró
Así
es la sobreabundancia del don del Señor (Cf. DD 37-38)

Cada vez que hablamos de la celebración eucarística,
no podemos dejar de referirnos a la "mesa de la Palabra"
y a la "mesa del Cuerpo de Cristo". Este bello Documento
también lo hace (nn 39-41: mesa de la Palabra; nn 42-43: mesa
del Cuerpo de Cristo).
El día del Señor es el ámbito más adecuado
para alimentarnos, tanto con la Palabra como con el Pan y el Cáliz.
Esa "doble mesa" alimenta nuestra fe, sostiene nuestra esperanza
y robustece la caridad. De aquí también la tarea pastoral
de constatar, ante la abundancia de "oferta" en la mesa
de la Palabra, en qué punto de valoración nos encontramos
todos: pastores y fieles. Dios "no tira" su Palabra, sino
que la coloca en surco fértil. Pero
¿estará
fértil el surco? Y aquí viene el tema de "catequesis"
y "liturgia", sus mutuas relaciones y la necesidad que una
tiene de la otra.
Llega un momento de la celebración, en el cual -después
de habernos alimentado con la Palabra- nos disponemos a consumir el
fruto eucarístico. Es un banquete fraterno: la mesa de la familia
de los hijos de Dios, "en la cual Cristo mismo se hace alimento"
(DD 44). Es evidente que no se trata de cualquier mesa, sino de un
revivir la última Cena del Señor, en la cual queda bajo
las formas de pan y de vino. Todo dice relación con la Pascua
del Señor, a la luz de la comida-despedida, junto a sus discípulos.
"Tomen y coman
Tomen y beban
". Ahora, como en
ese entonces, obedecemos tal mandato, y "la participación
en la cena del Señor es siempre comunión con Cristo
que se ofrece en sacrificio al Padre por nosotros" (idem)
La asamblea congregada por Cristo se nutrió con la Palabra
de Dios. Ahora se alimentará con la Palabra viva de Dios, con
Cristo Jesús, pan vivo bajado del cielo
Pero
¡siempre habrá algún "pero"!
No podemos caer en la contradicción de entrar en comunión
con Cristo y estar distanciado del hermano. Más aún:
es imposible estar en comunión con Cristo, si no estoy en comunión
con el hermano. Por eso, el Papa Juan Pablo II nos dirá que
"la asamblea eucarística dominical es un acontecimiento
de fraternidad que la celebración ha de poner bien de relieve
(
) El intercambio del signo de la paz, puesto significativamente
antes de la comunión eucarística, en el Rito romano,
es un gesto particularmente expresivo, al que los fieles son invitados
a realizar como manifestación del consentimiento dado a todo
lo que se hecho en la celebración y del compromiso de amor
mutuo que se asume al participar del único pan
"
(ibid) (Puse en negrita lo que quiero destacar del texto)
Es extraño que algunos fieles se quejen "del precepto"
como de una onerosa carga que se impone sobre sus espaldas: una especie
rara de "penitencia" insufrible. Sí
Hay un
precepto.. Pero lo es para los tibios, porque el enamorado no necesita
que le preceptúen honrar al padre y a la madre. Lo haría,
precepto o no precepto. La ley es necesaria debido a nuestra debilidad.
Pero tendríamos que esperar el domingo con la alegría
de quienes se encuentran con un gran amigo, realidad placentera que
enriquece a quienes la viven.
Se nos despedirá de la misa, diciendo: -Hemos celebrado la
misa
¡vayamos en paz! En un templo nuestras frágiles
fuerzas se robustecieron. Ahora nos espera la calle, la vida diaria
con sus tentaciones y agresiones. Dentro de la iglesia nos sentíamos
cómodos y seguros. Ahora, salimos de la misa y vamos a la misión:
"Como los primeros testigos de la resurrección, los cristianos
convocados cada domingo para vivir y confesar la presencia del Resucitado,
están llamados a ser evangelizadores y testigos en su vida
cotidiana" (DD 45).
Volvemos a lo cotidiano con un compromiso: ser eucaristías
vivas, todo un lenguaje de acción de gracias y sacrificio.
Reconocer lo que Jesús dijo de sí mismo en el contexto
de la última Cena: -No he venido a servir, sino a ser servido
y dar la vida por la multitud
Somos deudores de Dios y de los
hermanos. Reconocimos a Jesús "al partir el pan"
¡al
compartir el pan! Ahora, en el hogar, la oficina y la calle, tendremos
que abrir bien los ojos, no sea que el Señor esté a
nuestro lado y no lo reconozcamos.
La experiencia de la Eucaristía en el día del Señor,
nos ayudará a ver, como el ciego que no quería otra
cosa sino ver. Sabemos que Jesús le concedió lo que
ansiaba con tanto ardor.
+ En la "columna" del mes próximo, finalizaremos
el comentario a esta Encíclica del Papa Juan Pablo II.
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El Domingo:
Día del Señor y Señor de los Días (3ª
Parte)
Damos fin al comentario que iniciamos sobre la Encíclica Dies
Domini.
I. Dies hominis: El Domingo es Día de Alegría, Descanso
y Solidaridad
Día
de Alegría
No siempre el domingo fue "día de descanso". Pero
lo que sí sabemos es que siempre fue "día de alegría".
Al respecto nos dice san Agustín que "se dejan de lado
los ayunos y se ora estando de pie, como signo de la resurrección.
Por esto, además, en todos los domingos se canta el aleluya"
(Cf. DD 55.)
Esta alegría proviene de la síntesis de la vida de Cristo:
su resurrección de entre los muertos. Así como hubo
tristeza, llanto y luto el día de su pasión y muerte,
así hay ahora gozo ante el triunfo de la Vida.
Si nosotros no le sacamos jugo al Domingo en esta veta tan importante,
ese día habrá desaparecido de nuestra experiencia cristiana.
Y no olvidemos que cada semana tiene un domingo
No podemos desperdiciarlo
buscando cosas que nos entretengan, cuando este día santo nos
ofrece tantas virtualidades.
Por supuesto que la alegría no es privativa de un día,
sino que debe desenvolverse en toda la semana. "Pero el domingo,
por su significado como día del Señor resucitado,
en el cual se celebra la obra divina de la Creación y de la
'nueva creación', es día de alegría por un título
especial; más aún, un día propicio para educarse
en la alegría, descubriendo sus rasgos auténticos"
(DD 57).
Debemos "educarnos en la alegría", posibilitando
así que el Espíritu forje nuestras inteligencias y corazones
según el corazón de Cristo. Y esa alegría va
más allá y cala más hondo que los mayores y mejores
gozos humanos, superando las tristezas que toda vida tiene. La alegría
no debe confundirse con el bienestar de una sensibilidad satisfecha
o con esos afectos "que nos hacen bien", pero que -una vez
vividos- nos dejan insatisfechos. No intento decir que haya una necesaria
oposición entre la alegría cristiana y las alegrías
humanas verdaderas, dado que "la alegría cristiana es,
a la vez, divina y humana" (Pablo VI, Gaudete in Domino.)
Esta alegría humana y cristiana es la que debemos manifestar,
celebrando festivamente el domingo. La Eucaristía será
el clímax que coronará a este día. Deberíamos
extremar nuestro ingenio pastoral para que así sea
(Cf.
DD 58)
Día
de Descanso
Recién a partir del siglo IV estableció el descanso
dominical, disponiendo que "el día del sol" no se
trabajara. Esto quitó trabas a la celebración de la
Eucaristía y a la congregación de la asamblea, en oración.
"Santificar el domingo" significa "hacer cosas santas
en este día". Es "cosa santa" poder dedicarlo
al Señor, en la culminación de la obra de su vida: en
el Misterio pascual de muerte y vida, tal como la Eucaristía
hace memorial del mismo.
Además de esta dimensión religiosa del descanso, está
la conveniencia de reponer las fuerzas, con la alternancia entre trabajo
y reposo. Necesitamos descansar, para no convertirnos en máquinas,
deshumanizando lo que somos y lo que hacemos. No sólo por motivos
de fe, sino también por motivos humanos, "el descanso
es una cosa sagrada" que nos libra de toda servidumbre,
también la del exceso de trabajo y las angustias que conlleva.
Además, solemos olvidar la dimensión del hombre que
cultiva sus dones. El domingo puede tener momentos privilegiados para
leer, escuchar música, contemplar la naturaleza, pensar sobre
las cosas que importan, dialogar con la familia y los amigos.. ¡Y
esto también es descanso reparador! (Cf. DD 64-68.)

Día
de la Solidaridad
Es una faceta casi totalmente dejada de lado. Son excepción
extrema las familias que, los domingos, visitan enfermos o asilos
de ancianos o de niños, llevándoles compañía
y alegría. Tengo en mi memoria a entrañables amigos
(¡excepcionales, sin lugar a dudas
!), que los domingos
hacen este tipo de apostolado, ya se visitando a niños y ancianos
que no tienen familia, o trayéndolos a sus casas para que compartan
este día feliz. ¡Qué pena que "lo normal"
se haya transformado en "excepcional", para algunos extraterrestres
que no duermen hasta el mediodía
! El domingo es el gran
día para compartir (partir-junto-con) nuestros bienes,
espirituales y materiales: "¿Deseas honrar el cuerpo de
Cristo? No lo desprecies, pues, cuando lo encuentras desnudo en los
pobres, ni lo honres aquí, n el templo, con lienzos de seda,
si al salir lo abandonas en su frío y desnudez. Porque el mismo
que dijo: -Esto es mi cuerpo, y con su palabra llevó
a realidad lo que decía, afirmó también: -Tuve
hambre y me diste de comer, y más adelante: -Siempre
que dejaron de hacerlo a uno de estos mis pequeños, a mí
en persona lo dejaron de hacer" (San Juan Crisóstomo.)
Actitudes del quehacer cristiano, irían cerrando la brecha
que se da entre "liturgia" y "vida". Además,
surge de la celebración eucarística, el compartir con
otros lo que gratis hemos recibido. Si el domingo "es día
de alegría, es preciso que el cristiano manifieste con sus
actitudes, que no se puede ser feliz solo" (n. 72.)
Si el domingo es un día que profetiza el Reino de Dios, también
nosotros debemos, en sus horas, anunciar y anticipar el Reino, cielo
que es para todos.
I. Dies dierum: El Domingo, Fiesta Primordial y Reveladora del
Sentido del Tiempo.
"En Jesucristo, Verbo encarnado, el tiempo llega a ser una
dimensión de Dios, que en sí mismo es eterno" (n.
74). La humanidad sacramental de Cristo se constituye en el centro
del tiempo. Cuando se habla de Cristo-Resucitado como "Principio
y fin, Alfa y Omega", estamos hablando de que en el Señor
se recapitula todo: pasado, presente y futuro. El domingo como "la
Pascua semanal, en la que se recuerda y hace presente el día
en el cual Cristo resucitó de entre los muertos, es también
el día que revela el sentido del tiempo" (n. 75.) Y esto
es así porque Jesucristo, hombre nuevo que hace nuevas todas
las cosas, hace también nuevo al tiempo. No será ya
más "el tiempo del reloj" (Khrónos),
sino "el tiempo de la gracia" (Kayrós). Alrededor
de este tiempo se desarrolla el Domingo, hasta la segunda y definitiva
venida del Señor, cuando al fin de los tiempos, detenga el
reloj de la Historia
Si la Pascua es el eje alrededor del cual gira el año litúrgico,
el Domingo es el quicio en el que se inserta la semana. Y así
como la Pascua congrega a los creyentes, desde la misa del Jueves
por la noche hasta las segundas vísperas del Domingo de Resurrección,
así el Domingo debería congregar a los fieles en este
momento pascual de la semana. Es, al mismo tiempo, memorial del triunfo
de Cristo sobre la Muerte, y profecía de la Vida eterna, cuando
el Cristo glorioso recapitule la historia en él. "La santificación
del Domingo es un testimonio que (los cristianos) están llamados
a ofrecer, para que los tiempos del hombre estén siempre sostenidos
por la esperanza" (idem.)
"El Domingo es una invitación a mirar hacia delante. Es
el día en que la comunidad cristiana clama a Cristo su Maranatha,
"¡Ven, Señor!", acompañando la esperanza
de los hombres que caminan hacia el Señor que ya viene.
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++ Finalizo este trabajo con una Bibliografía
sobre el tema, que podrá ser útil a los lectores, de
modo especial a los catequistas:
Julián López Martín, El Domingo, fiesta
de los cristianos, BAB popular 1991
Romano Guardini, El Domingo, ayer, hoy y siempre, Ed. Guadarrama,
1960
José Aldazabal, El Domingo cristiano, CPL, Dossiers
34
Cuadernos Phase 1, Celebración del Domingo, CPL
Cuadernos Phase 24, Vivir según el Domingo, CPL
Revista Phase 164, El Domingo cristiano: valores e interrogantes
Revista
Phase 231, El Domingo cristiano
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