Catequesis del Papa Juan Pablo
II: Salmo 117
1. Cuando el cristiano, en sintonía con la voz orante
de Israel, canta el Salmo 117, que acabamos de escuchar, siente en
su interior un particular estremecimiento. En este himno, descubre
dos frases de intenso carácter litúrgico cuyo eco se
escucha en el Nuevo Testamento con una nueva tonalidad.
La primera aparece en el versículo 22: "La piedra que
desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular". Esta
frase es citada por Jesús, quien la aplica a su misión
de muerte y de gloria, después de haber narrado la parábola
de los viñadores asesinos (cf. Mateo 21, 42). La frase es evocada
también por Pedro en los Hechos de los Apóstoles: Jesús
"es la piedra que vosotros los constructores habéis despreciado
y que se ha convertido en piedra angular. Porque no hay bajo el cielo
otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos"
(Hechos 4, 11-12).
Comenta Cirilo de Jerusalén: "Decimos que uno solo es
el Señor Jesucristo pues su filiación es única;
uno solo para que tú no creas que hay otro... De hecho, es
llamado piedra, pero no una piedra tallada por manos humanas, sino
una piedra angular, para que quien crea en él no quede decepcionado"
("Las catequesis" - "Le Catechesi", Roma 1993,
páginas 312-313).
La segunda frase que el Nuevo Testamento toma del Salmo 117 es proclamada
por la muchedumbre en la solemne entrada mesiánica de Jesús
en Jerusalén: "¡Bendito el que viene en el nombre
del Señor!" (Mateo 21, 9; cf. Salmo 117, 26). La aclamación
queda enmarcada por un "Hosanna", "hoshiac na', deh",
"¡sálvanos!".
2. Este espléndido himno bíblico se enmarca en
la pequeña serie de Salmos, del 112 al 117, llamada el "Hallel
pasquale", es decir, la alabanza salmódica utilizada en
el culto judío para la Pascua y las principales solemnidades
del año litúrgico. El rito de procesión puede
ser considerado como el hilo conductor del Salmo 117, salpicado quizá
por cantos para solista y para coro, con la ciudad santa y su templo
como telón de fondo. Una bella antífona abre y cierra
el texto: "Dad gracias al Señor porque es bueno, porque
es eterna su misericordia" (versículos 1 y 29).
La palabra "misericordia" traduce la palabra judía
"hesed", que designa la fidelidad generosa de Dios hacia
su pueblo aliado y amigo. Tres categorías de personas son involucradas
en el cántico de esta alabanza: todo Israel, "la casa
de Aarón", es decir, los sacerdotes, y "quien teme
a Dios", una locución que indica a los fieles y sucesivamente
también a los prosélitos, es decir, los miembros de
otras naciones que desean adherir a la ley del Señor (cf. versículos
2-4).
3. La procesión parece avanzar por las calles de Jerusalén,
pues se habla de las "tiendas de los justos" (cf. v. 15).
De todos modos, se eleva un himno de acción de gracias (cf.
versículos 5-18), cuyo mensaje esencial es: incluso en la angustia
es necesario conservar la llama de la confianza, pues la mano potente
del Señor lleva a su fiel a la victoria sobre el mal y a la
salvación.
El poeta sagrado utiliza imágenes fuertes y vivas: los adversarios
crueles son comparados a un enjambre de avispas o a una columna de
fuego que avanza dejando todo hecho cenizas (cf. versículo
12). Pero la reacción del justo, apoyado por el Señor,
es vehemente: en tres ocasiones repite: "en el nombre del Señor
los rechacé" y el verbo hebreo pone de manifiesto una
intervención destructiva del mal (cf. versículos 10.11.12).
En el origen, de hecho, está la diestra poderosa de Dios, es
decir, su obra eficaz, y no precisamente la mano débil e incierta
del hombre. Por este motivo la alegría por la victoria sobre
el mal deja lugar a una profesión de fe muy sugerente: "el
Señor es mi fuerza y mi energía, Él es mi salvación"
(versículo 14).
4. La procesión parece llegar al templo, "a las
puertas del triunfo" (versículo 19), es decir, a la puerta
santa de Sión. Aquí se entona un segundo canto de acción
de gracias, que comienza con un diálogo entre la asamblea y
los sacerdotes para ser admitidos al culto. "Abridme las puertas
del triunfo, y entraré para dar gracias al Señor",
dice el solista en nombre de la asamblea en procesión. "Esta
es la puerta del Señor: los vencedores entrarán por
ella" (versículo 20), responden otros, probablemente los
sacerdotes.
Una vez atravesada la puerta, comienza el himno de acción de
gracias al Señor, que en el templo se ofrece como "piedra"
estable y segura sobre la que se edifica la casa de la vida (cf. Mateo
7, 24-25). Una bendición sacerdotal desciende sobre los fieles,
que han entrado en el templo para expresar su fe, elevar su oración
y celebrar el culto.
5. La última escena que se abre ante nuestros ojos está
constituida por un rito gozoso de danzas sagradas, acompañadas
por un festivo agitar de palmas: "Ordenad una procesión
con ramos hasta los ángulos del altar" (versículo
27). La liturgia es alegría, encuentro de fiesta, expresión
de toda la existencia que alaba al Señor. El rito de los ramos
recuerda la solemnidad judía de las Chozas, memoria de la peregrinación
de Israel en el desierto, solemnidad en la que se realizaba una procesión
con ramas de palmera, arrayán y sauce. Este mismo rito, evocado
por el Salmo, se vuelve a proponer en la entrada de Jesús en
Jerusalén, celebrada en la liturgia del Domingo de Ramos.
Cristo es ensalzado como "hijo de David" (cf. Mateo 21,
9) por la muchedumbre que "había llegado para la fiesta...
y tomando ramos de palmera salió a su encuentro gritando: "Hosanna.
¡Bendito el que viene en nombre del Señor y rey de Israel!"
(Juan 12, 12-13). En aquella celebración festiva, que sin embargo
es el preludio de la pasión y muerte de Jesús, se aplica
en sentido pleno el símbolo de la piedra angular, propuesto
al inicio, alcanzando un valor glorioso y pascual.
El Salmo 117 alienta a los cristianos a reconocer en el acontecimiento
de la Pascua de Jesús "el día en que actuó
el Señor", en el que "La piedra que desecharon los
arquitectos es ahora la piedra angular". Con el salmo pueden
cantar llenos de gratitud: "Mi fuerza y mi canto es el Señor,
Él es mi salvación" (versículo 14); "Este
es el día en que actuó el Señor: sea nuestra
alegría y nuestro gozo" (versículo 24).
Audiencia del Miércoles 5 de diciembre del 2001 |