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Señal de la cruz

Oración inicial para todos los días

¡Santísima Madre de Dios, Nuestra Señora del Rosario! Humildemente suplicamos tu auxilio para vivir en fidelidad a la gracia de Dios. Ayúdanos a ser según tu ejemplo, tierra buena donde la semilla de la palabra de tu Hijo dé mucho fruto. Éstas gracias especialmente te pedimos, oh Madre Nuestra, que deseamos alcanzar por tu intercesión.

Aquí cada uno en silencio pide la gracia que desea. (Se hace una pausa)

Todo sea, Señora Nuestra, para alabanza y gloria de la Santísima Trinidad.

Ahora se reza la oración propia de cada día

Dios te salve, Reina y Madre ...


¡Acuérdate, oh piadosísima Virgen María que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado por Vos. Animado con esta confianza, a Tí también acudo, ¡oh Virgen Madre de la vírgenes!, y, aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a presentarme ante tu presencia soberana. No deseches ¡oh Madre de Dios! mis humildes súplicas, antes bien, inclina a ellas tus oídos y dígnate atenderlas favorablemente. Amén.

Día 1:
¡Alégrate, María! Tú recibiste del Ángel Gabriel el anuncio del cumplimiento de las promesas de salvación y la alegría del nacimiento del Hijo de Dios. Ayúdanos a escuchar siempre la voz de Dios que nos llama a la vida y gozarnos siempre de la salvación que nos ofrece. Intercede, Madre del Rosario, por todos los que en Ti confían y piden tu protección.

Día 2:
¡Llena eres de gracia, Virgen Madre de Dios! Por la infinita misericordia de Dios, y en previsión de los méritos de tu Hijo, fuiste preservada de toda culpa y resplandeces por la belleza de tus virtudes. Ruega al Señor por nosotros a fin de que, por el misterio de la muerte de tu Hijo, nos dé la gracia de un corazón arrepentido que reciba su misericordia. ¡Madre nuestra del Rosario! Concédenos progresar en el camino de las virtudes para poder también nosotros ser presentados inmaculados en presencia de tu Hijo.

Día 3:
¡El Señor está contigo, María! Por ti el Verbo se ha hecho carne y ha habitado entre nosotros, para ser el Emmanuel, el Dios con nosotros. Fortalece en nosotros la fe en su resurrección y la certeza de su presencia hasta el fin del mundo, como Él lo prometió. Que ninguna dificultad, tribulación ó tentación pueda nunca hacernos dudar de su protección maternal.

Día 4:
¡Bendita tú eres, María, entre todas las mujeres! ¡Bendita eres por haber creído que se cumplirá lo que fue anunciado de parte del Señor! Ruega al Señor por tus hijos, Madre y Señora del Rosario, para que renueve en nosotros el espíritu de fe. Así como Tú fuiste a servir a tu prima Isabel y proclamaste las grandezas de Dios, ayúdanos también a nosotros a testimoniar con nuestras palabras y acciones las maravillas de Aquél en quien hemos creído.

Día 5:
¡Bendito es, oh María, el fruto de tu vientre, Jesús, por quien hemos recibido la redención y la esperanza de la vida eterna! Tu maternidad ha traído la alegría y la paz al mundo. Asociada al pie de la cruz a la pasión de tu Hijo nos has recibido a todos como hijos tuyos, ya que te invocamos como Madre y Protectora. Concédenos, Virgen del Rosario, el don de la fidelidad y de la constancia a lo largo de todas las dificultades de nuestra vida, para alabanza de la gloria de la gracia de tu Hijo, en quien hemos recibido toda bendición.

Día 6:
¡Santa María, Madre de Dios! Tú eres la servidora fiel del señor, dichosa por haber escuchado siempre su palabra, meditándola en tu corazón y dando fruto en buenas obras. Intercede por nosotros, Madre del Rosario, y otórganos la gracia de crecer en la santidad. Que la Palabra de Cristo, tu Hijo, habite con toda riqueza en nosotros para que podamos alabar siempre a Dios en todos nuestros deseos, palabras y acciones y vivir en su amor.

Día 7:
¡Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, que somos pecadores! Tú que, como Madre, conoces nuestras necesidades y carencias, intercede por nosotros como lo hiciste en Caná. Así como perseveraste con los apóstoles a la espera del don del Espíritu, ruega también ahora por nosotros, que no sabemos orar como conviene. Atiende los sufrimientos de todos los que te invocamos y dispone nuestros corazones para el Don de Dios.

Día 8:
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros ahora que te suplicamos afligidos. Tú que después de tu vida terrena vives en la presencia de Dios, habiendo sido elevada al cielo en cuerpo y alma, ruega por nosotros que peregrinamos en medio de peligros y tentaciones. Danos Señora del Rosario, aprovechar convenientemente este momento de gracia y este tiempo de misericordia, mientras caminamos en la fe hacia nuestra verdadera Patria donde esperamos alabar contigo a Dios por toda la eternidad.

Día 9:
¡En la hora de nuestra muerte, Madre de Dios, ruega por nosotros! Tú que como Reina del cielo eres vida, dulzura y esperanza nuestra, afianza nuestra fe en la vida eterna.
Madre de Cristo y Madre nuestra, que por la meditación de los misterios de tu Hijo en tu santo Rosario obtengamos la gracia de la perseverancia y el don inmerecido de la visión de Dios que, como siervos inútiles, esperamos de su misericordia.


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