Diana
de Andaló (abreviación del nombre del noble padre:
Andrea Lovello), es una de las más características y
simpáticas figuras de los orígenes de la Orden. Ayudó
al beato Reginaldo a fundar el convento de Bolonia.
En el año de 1219, cuando Domingo se dirigía a Bolonia,
Diana junto con otras jóvenes hizo en manos del bienaventurado
Patriarca la promesa de vida religiosa.
Una vez superada la gran oposición dé los familiares
qué incluso llegaron a fracturarle una costilla, entró
en el monasterio dé Santa Inés, fundado por el beato
Jordán y de él recibió el hábito.
Se comportó como una verdadera madre con las hermanas y murió
en el año de 1236. Se conservan cincuenta cartas de Jordán
de Sajonia dirigidas a ella, que son un hermoso testimonio de la espiritualidad
de la Familia dominicana y de la fraternidad entre frailes y hermanas.
Su culto fue confirmado por León XIII el 8 de agosto de 1888.
Cecilia Cesarini, nacida en Roma a comienzos del siglo XIII,
se trasladó en el año de 1221 de Santa María
in Tempulo al monasterio de San Sixto, donde conoció a santo
Domingo, de cuya fisonomía y espíritu dio un testimonio
fidelísimo.
A finales del año 1223 o a comienzos de 1224, el papa Honorio
III la envió a Bolonia con otras tres hermanas para introducir
el espíritu del santo Padre Domingo en el monasterio de Santa
Inés, fundado por la beata Diana.
Murió allí el año 1290. Parte de las reliquias
de ambas se veneran en el monasterio de S. Inés de Bolonia
y parte en la iglesia de los Siervos de María en Ronzano (Bolonia);
la cabeza de la beata Diana se venera en S. Domingo de Bolonia; la
de la beata Cecilia en el monasterio de los SS. Sixto y Domingo en
Roma. El culto de ambas fue aprobado por León XIII el 24 de
diciembre de 1891.
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