 |
 |
Fray Diego
José Correa OP.
San Juan, Argentina [1] |
Entrevistado
el recientemente elegido P. Maestro de la Orden, Fray Carlos Aspiroz
Costa, OP, de nuestra Provincia Argentina, luego de su elección
para ese honroso cargo en el Capítulo General en Providence,
Estados Unidos, en julio del 2001, decía respecto de nuestras
Constituciones.
Pregunta:
Dado tu conocimiento del derecho y tu experiencia en materia de derecho
canónico, ¿cómo describirías el genio
y el espíritu de las Constituciones dominicanas?
Respuesta:
"No quisiera exagerar, pero siempre he mantenido que las Constituciones
de la Orden dominicana - la herencia más importante que santo
Domingo ha legado a la Orden - es un libro espiritual. Evidentemente
no es un libro de mística. Algunos santos y santas han dejado
a la Iglesia su diario personal y sus memorias íntimas, como
el beato papa Juan XXIII. Otros, como san Ignacio, nos han dejado
sus ejercicios espirituales. Pero Domingo nos ha dejado nuestras Constituciones.
Las Constituciones dan a los frailes el coraje para ayudarse mutuamente,
porque en cada uno de los frailes se encuentra una palabra de luz
y una palabra de gracia para mí. Las Constituciones de la Orden
son una catedral del derecho constitucional. Y ellas nutren la confianza
que tenemos los unos para los otros. No esperamos la palabra o las
órdenes de un abad, por ejemplo - por supuesto no estoy en
contra de los abades -, pero nuestros superiores no son abades. Las
Constituciones nos preparan para el verdadero debate y para la escucha
de la palabra de los otros, y eso es un verdadero regalo de Dios.
Además, ellas nos permiten desarrollar una actitud más
misericordiosa para con nuestro prójimo. Esto significan, para
mí, las Constituciones"
Hasta aquí las sabias palabras del P. Carlos, 86º Sucesor
de nuestro Padre Santo Domingo, y he querido comenzar por ellas, porque
me parece que son precisamente nuestra Constituciones la base fundamental
para comprender nuestro Carisma y Espíritu. Son las mismas
Constituciones para todos los frailes de toda la Orden, y son la síntesis
y la mejor expresión de nuestro carisma y del espíritu
que nos anima.
Por cierto que la riqueza espiritual de la Orden dominicana, teniendo
tan grandiosos y variados exponentes de espiritualidad no los podemos
ni siquiera vislumbrar en un documento de carácter jurídico
y práctico como son las leyes de nuestras Constituciones. Piénsese
en autores como San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino, Santa
Catalina de Siena, San Vicente Ferrer, Santa Rosa de Lima, los místicos
renanos del siglo XIV (Meister Eckart, Fray Juan Tauler, el Beato
Enrique Suson) , San Pío Vº, Melchor Cano, Francisco de
Victoria, Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres, San Juan
Macías, el P. Henri D. Lacordaire, nuestra Venerable Sor Leonor
Ocampo (Córdoba +1900), el p. Marie Joseph Lagrange; Yves Marie
Congar, Santiago Ramírez; y, la serie interminable desde esos
primeros mencionados, hasta los modernos y contemporáneos.
La prodigalidad de nuestra Orden de Predicadores de autores espirituales
es prácticamente inabarcable y como para vivir en un éxtasis
de asombro y acción de gracias a Dios, por tantos dones a su
Iglesia por medio de esta humilde barca de Domingo de Guzmán.
Cada uno de sus agraciados santos y santas, de ayer y de hoy, son
un don gratuito y excelente del esposo Jesús a su amada esposa
la Santa Iglesia, en una variedad siempre nueva de gamas y colores.
Adentrémonos pues, en su historia y en nuestro carisma. La
Orden de Predicadores supuso, en el momento histórico de su
fundación por Santo Domingo de Guzmán (Toulouse, Francia,
1215), una novedad y una natural evolución con la gran tradición
monacal de la Iglesia oriental y occidental. Los nuevos "frailes
predicadores" nacen para la predicación
de la palabra de Dios y la salvación de las almas. Desde
el principio son enviados a todos los hombres, grupos y pueblos, a
los creyentes y no creyentes y, sobre todo, a los ignorantes y marginados
de la sociedad de entonces, tanto civil como eclesialmente (no olvidemos
la importancia de la Iglesia en la Edad Media); no obstante, Santo
Domingo, como recuerdan nuestras Constituciones (Cf. LCO n 76) envió
sus frailes a las grandes ciudades . Este objetivo esencial determinará
el cuadro de valores que configuran la vida y el carisma de los frailes
predicadores. Ya el Papa Honorio III expresó el ideal de la
Orden escribiendo a Domingo y a sus frailes estas palabras: "Aquel
que incesantemente fecunda la Iglesia con nuevos hijos, queriendo
asemejar los tiempos actuales a los primitivos y propagar la fe católica,
os inspiró el piadoso propósito de abrazar la pobreza
y profesar la vida regular para consagraros a la predicación
de la palabra de Dios, propagando por el mundo el nombre de nuestro
Señor Jesucristo". (Carta a Santo Domingo de fecha 18
de enero de 1221; Constitución fundamental n. 1).

Podemos, por lo tanto, señalar como
elementos constitutivos y característicos de nuestra vida y
espiritualidad dominicana:
1.
Vida Común
Se crea comunidad por la coincidencia en la fe, en la vocación,
en el ideal y en los fines. Se respeta, no obstante, la personalidad
de cada uno de los miembros de la comunidad (Cf. LCO nn. 2-16)
2. Consejos Evangélicos [4]
"Los frailes, de acuerdo entre sí por la obediencia, asociados
en un amor más elevado por la disciplina de la castidad, y
dependiendo más estrechamente unos de otros por la pobreza
edifican primero en su propio Convento esa Iglesia de Dios que, mediante
su trabajo, han de extender por el mundo" (LCO. nº 3, II).
Para los Consejos Evangélicos nuestras Constituciones nos aportan
un óptimo material en los números 17 al 38).
3. Observancia Regular (Cf. LCO nn. 39-55)
Son aquellos elementos que integran la vida dominicana y la regulan
mediante la disciplina común: vida de comunidad, celebración
de la liturgia y oración probada, cumplimiento de los votos,
el estudio asiduo de la verdad y el ministerio apostólico (Cf.
LCO nn. 56-75).
4. Contemplación y Evangelización
En estas dos palabras se puede sintetizar el carisma de los frailes
predicadores. La contemplación se ejerce en una doble dirección:
El estudio de la verdad (Cf. LCO nn. 76-97): Dios es la luz y fuente
del estudio del fraile dominico que, escudriñando siempre a
la Tradición viva de la Iglesia (Biblia, Santos Padres, Doctores
de la Iglesia, Teólogos, etc.), "dialoga" con los
signos de los tiempos actuales y vive abierto a todos los problemas
contemporáneos. La liturgia y la oración privada: La
contemplación de las cosas divinas se realiza primordialmente
en las celebraciones litúrgicas y en la lectura divina, pero
también en la oración personal privada. Ambas formas
de contemplación preparan al fraile predicador a la misión
fundamental y fundacional: la predicación del Evangelio para
la salvación de los hombres por el conocimiento de Jesucristo
el Señor (Cf. LCO nn. 98-140). La misión es "la
entrega a la evangelización total de la Palabra de Dios",
"íntegra", como gustaba decir el querido y santo
papa Juan Pablo II. Para realizarla conforme al espíritu dominicano
han de buscar continuamente los "nuevos lugares de evangelización".
Y pues la Orden de Predicadores debe estar siempre en acto de misión
y situarse en las fronteras, los Capítulos Generales de los
últimos años reafirman cuatro prioridades apostólicas:
1. Catequesis en un mundo descristianizado, 2. Evangelización
en las diversas culturas, 3. Justicia y Paz, 4. Comunicación
humana a través de los Medios de Comunicación Social.
De hecho, volviendo siempre a nuestro referente que son nuestras Constituciones,
afirman: "Los frailes deben ejercer la predicación bajo
cualquier forma." (LCO 106,I).
Otros prefieren caracterizar nuestro carisma
en los cuatro siguientes pilares: la fraternidad, la oración,
el estudio y la predicación , que en el fondo es más
o menos lo mismo que acabamos de decir, con una formulación
más general y creo más apta para todos y no solo para
frailes o monjas como está referido antes. Ya que nuestro carisma
y espiritualidad no es sólo para frailes o monjas contemplativas
o religiosas de vida apostólica, sino también para los
seglares y para los sacerdotes diocesanos, que por la profesión
de su regla propia se incorporan plenamente también a nuestra
Orden, formando todos juntos la gran Familia Dominicana.
Otros rasgos de la identidad dominicana son:
El sentido de responsabilidad, respeto mutuo a la identidad personal,
apertura en la búsqueda de la verdad, alegría en la
vida fraterna y comunitaria, pluralidad en las formas de acción
apostólica, modos democráticos en la vida y gobierno
de los Conventos y de las Instituciones. La audacia de Santo Domingo
es la de quien se apoya en los valores esenciales y permanentes del
hombre, para mirar al futuro siempre con optimismo y esperanza cristiana,
fundada no en los "valores" que ahora vivimos sino en los
que quiere Dios que vivamos, que al ser evangélicos siempre
exigen al menos un paso más allá de nuestra empobrecida
visión humana.

Los Tres Lemas de la Orden
Me parece que el mejor modo de conocer el carisma y el espíritu
que anima a nuestra Orden es conocer sus clásicos tres "lemas"
o "divisas", que bien pueden ser sintetizados en los siguientes
tres: VÉRITAS; CONTEMPLARI ET CONTEMPLATA
ALIIS TRÁDERE; LAUDARE, BENEDICERE ET PRAEDICARE; Y, LA COHERENCIA
DE LOS TRES. [6]
Primer lema: VÉRITAS,
lema de los dominicos y de Harvard.
Si dirigimos ahora nuestra mirada hacia los tres lemas dominicanos,
nos encontramos en primer lugar con VÉRITAS (la Verdad).
Es un tema que encontramos especialmente en San Juan (y en San Pablo)
dentro del Nuevo Testamento, aunque está presente en todo él,
excepto en el Apocalipsis (donde, sin embargo, el adjetivo alethinos,
"verídico", se encuentra diez veces).
Hay que decir que, entre los numerosos textos que han podido inspirar
esa selección de los dominicos de aquella época (queremos
ser selectivos), un punto de partida evidente es el versículo
que une verdad y libertad: "Vosotros
conoceréis la verdad y la verdad os hará libres"
(Jn 8,32). Este versículo tiene raíces fuera de la Biblia,
en la filosofía estoica; más tarde será un texto
apreciado por la "Filosofía ilustrada".
Thomas Jefferson, por ejemplo, lo eligió como inscripción
(en griego) para el pórtico de entrada de la biblioteca de
la Universidad de Virginia, cuyo programa académico y diseño
arquitectónico habían sido establecidos personalmente
por él.
Veritas
es un lema que la Orden legó a la Universidad de Harvard, en
Cambridge (Massachusetts), aunque de modo indirecto. He aquí
cómo. La casa de los dominicos ingleses de Cambridge, o Blackfriars,
había sido fundada en 1238. Durante la Reforma, los frailes
fueron expulsados, y el edificio pasó a llamarse Colegio del
Emmanuel. A lo largo de los siglos XVI y XVII, ese colegio se convirtió,
en la variedad del protestantismo inglés, en un colegio puritano.
Conservó el lema dominicano Veritas. Algunos de sus graduados
se encontraron entre los Padres Peregrinos que, en tiempos de la persecución
real, se refugiaron en Massachusetts y fundaron en 1634 la Universidad
de Harvard en una ciudad que llamaron Cambridge, en los alrededores
de Boston. Dieron a la universidad (que inicialmente era un modesto
colegio) el lema que habían heredado del Colegio del Emmanuel
en Cambridge, Inglaterra. Es así como Harvard y la Orden dominicana
llegaron a compartir un mismo lema.
En la base de la Constitución
de los Estados Unidos
El vínculo que establece San Juan (8,32) entre verdad y libertad
es importante en un contexto dominicano a causa de la naturaleza de
nuestras Constituciones, signo temprano de la democracia representativa.
Los frailes eran libres para elegir a sus superiores, así como
a los delegados en el capítulo provincial y en el general.
Según una obra de sir Ernest Barker, especialista inglés
en ciencias políticas, esas Constituciones fueron estudiadas
por el entonces arzobispo de Cantorbery, Stephan Langton (vivió
entre aproximadamente 1150-1228), que las tomó como modelo
para la Convocatoria (Sínodo) de la Iglesia de Inglaterra.
(En razón de su influencia sobre la Carta Magna, Langton es
llamado el Padre de las libertades inglesas.) Cuando la Inglaterra
de la Edad Media se esforzó en proyectar la Cámara de
los Comunes como futuro Parlamento (frecuentemente llamado "madre"
de todos los posteriores parlamentos), se tomó el modelo de
la Convocatoria. Y así fue como las Constituciones de los dominicos
contribuyeron a la formación del primer parlamento de Europa
(ver Ernest Barker, L'Ordre dominicain et la Convocation, Londres
1913). Cuando en 1554 los protestantes reformados de Francia se reunieron
por primera vez en Sínodo nacional, también ellos tomaron
como modelo las Constituciones de los dominicos (ver J.T. McNeill,
Histoire du calvinisme, New York, 1954.) El modelo británico
influyó en la formación de la democracia estadounidense,
así como en la de las otras colonias británicas anteriores.
Predicar sin desvariar
Consideremos aún algunos otros textos bíblicos.
Regresemos, nuevamente en San Juan, a la oración de Jesús
por la unidad: "Conságralos en la verdad: tu palabra (logos,
¿Cristo?) es verdad. Como tú me has enviado al mundo,
yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me consagro
a mí mismo, para que también ellos sean consagrados
en la verdad" (Jn 17,17-19). El Cristo de Juan ruega dos veces
para que sus discípulos sean consagrados en la verdad. Para
Juan, esta verdad es una persona, el propio Cristo, revelación
definitiva del Padre. El versículo intermedio habla de misión,
de evangelización. Jesús es enviado al mundo por su
Padre. Cuando él se prepara para dejar este mundo, ruega para
que su misión sea prolongada, en el espacio y en el tiempo,
por sus discípulos. Esta idea de una misión para proclamar
y testimoniar la verdad es la que impide que los versículos
próximos sucumban a una inercia intemporal y estática.
El conjunto del pasaje puede aplicarse a todos los discípulos
de Cristo, pero se aplica particularmente a los dominicos en razón
del acento específico de su vocación de predicadores.
A esto podemos añadir la afirmación de Jesús
ante Pilatos: "Para esto he nacido yo y para esto he venido al
mundo: para dar testimonio de la verdad" (Jn 18,37). Tomás
de Aquino, en su pequeña autobiografía al comienzo de
la Summa contra Gentiles (1,2), aplica ese versículo a su propia
vocación y para definirse a sí mismo.
Mencionemos aún el texto de Efesios 4,15: "Siendo sinceros
en la verdad y el amor, crezcamos en todo hasta Aquel es es la Cabeza,
Cristo..." (La Vulgata traduce el participio introductorio por
"haciendo la verdad", lo cual pone el acento más
bien sobre el acto moral que sobre la predicación.) Aquí
la misión de anunciar o de predicar la verdad, que es la misión
central de los dominicos, es puesta en contacto
con ese valor esencial del cristianismo que es la caridad, añadiéndole
una relación con el proceso de maduración psicológica
y espiritual. Predicar el evangelio de la verdad debe integrarse
con esos otros valores, si no se quiere desvariar y terminar en una
academicismo estéril e inhumano.
Segundo lema: CONTEMPLAR
Y PROCLAMAR
Llegamos
ahora al segundo lema: Contemplari et contemplata aliis trádere,
"contemplar y dar a los otros el resultado de nuestra contemplación".
La fuente es bien conocida. La fórmula procede de Tomás
de Aquino, en su breve tratado sobre el proyecto de vida dominicana
(Summa theologiae II-II, q. 188, a. 6): "¿Es superior
una Orden religiosa dedicada a la vida contemplativa a aquella otra
que se consagra a las obras de la vida activa?". Santo Tomás
responde: "Es más perfecto comunicar a los otros lo que
se ha contemplado que únicamente contemplar". Esto es
muy conocido, pero hasta el momento presente no se ha buscado el fundamento
bíblico de este ideal de vida. El propio Tomás no cita
ningún texto bíblico para apoyar su postura. Pero está
impregnada de literatura joánica. Resulta evidente, cuando
las cosas se ven detenidamente, que la célebre fórmula
de Tomás no es sino una condensación, quizás
inconsciente, de los versículos que abren la primera carta
de Juan: "Lo que existía desde el principio, lo que hemos
oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos
y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida -pues la vida
se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio
y os anunciamos la vida eterna, que estaba con el Padre y que se nos
manifestó-, lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos,
para que también vosotros estéis en comunión
con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y
con su Hijo Jesucristo" (1 Jn 1,1-3). Tenemos ante nuestros ojos
los elementos esenciales de la fórmula de Santo Tomás:
contemplación y proclamación, en este orden. Ni Tomás
ni Juan utilizan aquí la palabra técnica para referirse
a la predicación, Keryssein, pero el sentido está claro.
Juan Bautista como modelo
Otro pasaje que puede aportar alguna luz a este lema es del Benedictus
(Lc 1,76-79), donde Zacarías se dirige directamente a Juan
Bautista: "Y tú, niño, serás llamado profeta
del Altísimo, pues irás delante del Señor para
preparar sus caminos (cf. Lc 3,4 y Is 40,3) y dar a su pueblo conocimiento
de salvación por el perdón de los pecados..., a
fin de iluminar a los que se hallan sentados en tinieblas y sombra
de muerte y guiar nuestros pasos por el caminos de la paz".
Este pasaje puede ser aplicado a todo predicador de la salvación.
Los primeros dominicos consideraban a Domingo como un nuevo Bautista,
un predicador cuya tarea consistía en llamar al pueblo a arrepentirse
y a preparar el camino para que los hombres pudiesen acoger a Cristo
en su vida. (La reflexión previa o contemplación puede
encontrarse en el versículo 66, así como en Lc 2,19
y 2,51.) Cada dominico o dominica puede hacer de ese pasaje una oración
y un programa personal, considerando tales palabras como dirigidas
a él personalmente.
San Pablo cita el salmo 116,10: "Creí, por eso hablé".
Y añade: "También nosotros creemos, por eso hablamos"
(2 Cor 4,13). También ahora tenemos, en primer lugar, creer/contemplar,
y después, como una consecuencia necesaria para un apóstol,
hablar. Esta palabra que expresa la fe es una forma de predicación.
Tercer lema: ALABAR,
BENDECIR, PREDICAR [7]
El
tercer lema es: Laudare, benedicere, praedicare,
"alabar, bendecir, predicar"; lo que significa que nos preparamos
para predicar a través de una vida de oración y de la
liturgia. También la fuente directa de este lema es muy conocida:
procede del prefacio de la bienaventurada Virgen María. Hasta
donde yo he podido saber, la fórmula no aparece tal cual en
la Biblia. Resultó difícil encontrar para ella un fundamento
bíblico. Pero la idea era sencilla y fundamental para la religión
de la Biblia. Los salmos rebosaban alabanza, especialmente los cinco
últimos. Los salmos 148 y 150 son puras alabanzas. El eco bíblico
más cercano que yo he podido encontrar respecto de este lema
se encuentra en el salmo 145. En hebreo es un salmo acróstico.
Tenemos, en su orden, las tres palabras claves: "Todos los días
te bendeciré por siempre jamás, alabaré tu nombre...,
edad a edad encomiará tus obras, pregonará tus proezas"
(Sal 145 2,4). El salmo continúa (vv. 11-13) hablando del Reino
de Dios, tema extraño en el salterio e incluso en todo el Antiguo
Testamento, excepto en Daniel, pero de importancia capital para los
evangelios apócrifos, y particularmente para Mateo. La mención
del reino es habitualmente interpretada como signo de un salmo tardío,
aunque esto esté lejos de constituir una certeza. A continuación
el salmo habla del Señor que alimenta a los hambrientos (vv
15-16), en unos versículos comúnmente utilizados en
la oración clásica de acción de gracias antes
de la comida, y nos conduce hacia el final con un versículo
que nos asegura la proximidad del Señor para "todos los
que le invocan con verdad" (v. 18). Lo cual nos remite a nuestro
primer lema.

La Coherencia de los Tres Lemas
Podemos reflexionar brevemente, a modo de conclusión, sobre
la unidad o la coherencia de esos tres lemas. Podemos hacerlo en términos
de objeto, de sujeto y de acción o de respuesta social. La
verdad, en sentido dominicano, es el fin o el objeto de nuestra búsqueda
de sabiduría de vida y de nuestra comprensión de la
realidad. A través de la razón y de la fe, llegamos
a Dios como fundamento de todo cuanto existe, como creador, sostén
y redentor de su mundo. El acceso más directo a esta presencia-ausencia
de Dios lo encontramos en la palabra explícita que Él
nos dirige, Jesucristo, y en la revelación que le anuncia y
le presenta. Tanto Comtemplari como Laudare, benedicere describen
nuestra primera respuesta subjetiva a ese don objetivo. En él
depositamos nuestra mirada, lo estudiamos, reflexionamos sobre él,
lo memorizamos, le cantamos, le alabamos a través de nuestras
palabras, nuestros gestos, nuestros ritos, y, lo que es más,
a través de todo nuestro estilo de vida. Sin embargo, esta
apropiación personal de la verdad no nos resulta suficiente.
Necesitamos proclamarla, predicarla "desde los terrados"
(cf. Mt 10,27). Se trata de nuestra misión de predicadores,
de nuestra acción hacia los demás, de nuestra caridad
fraterna. Entendidos de este modo, los tres lemas describen el amplio
contorno del carisma y del modo de vida de los dominicos, que en ellos
pueden encontrar, por lo tanto, la unidad y la coherencia de ese carisma
y de ese modo de vida.
El decálogo del estudiante dominico [8]
Primero
Ten fe en la Iglesia. No te permitas el juego pueril de oponerte a
los superiores. A través de ellos, incluso a través
de sus miserias, la Iglesia realiza su obra, que es obra de Cristo.
No te irrite la presencia de movimientos o actitudes excesivamente
conservadoras. También ellos tienen un papel en la Iglesia.
Segundo
Ama a tu Orden con la misma fuerza con que amas a tu Iglesia. Date
cuenta claramente de lo que Nuestro Padre buscó al fundarla.
Pregúntate, sobre todo, qué haría él hoy
día, ante el mundo moderno. La Orden envejecerá si no
evoluciona continuamente. Si su porvenir obsesiona a los jóvenes,
la Orden renovará la fragancia de su edad de oro.
Tercero
Sé abierto a tu tiempo. Intenta adquirir el don de la simpatía
universal. Que un excesivo temor a equivocarte no paralice nunca tus
iniciativas. Por tu parte no contradigas las iniciativas de los otros.
Sé audaz como lo fue Santo Domingo, Santo Tomás, Lacordaire...;
y no cobarde y retardatario como tantos de sus sucesores.
Cuarto
Aprende a trabajar. El tiempo trabaja para vosotros los jóvenes,
irresistiblemente. Y trabaja de prisa. Saber esperar. Una flor se
abre mejor bajo el calor del sol que no tirando de sus pétalos.
Esperad durante una mañana. No envejezcáis jamás,
conserva este vigor del alma que es la esencia de la verdadera juventud.
Hasta la muerte, conserva una fe intacta en tu ministerio apostólico,
en tus hermanos los hombres, en la gracia que anima a todos los hijos
de Dios.
Quinto
Estad unidos. Trabajad continuamente. Nuestro carisma de dominicos
es un carisma de equipo. Hemos nacido en la Edad Media. En los tiempos
de las Cruzadas y de las Corporaciones.
Sexto
Hemos nacido también bajo el signo de la verdadera libertad.
Bajo el signo de la verdadera alegría. Por lo mismo la Orden
os da desde el principio su confianza. Os considera adultos. El revés
de la medalla es una vida desordenada y estéril. Nuestra historia
prueba que este peligro no es puramente imaginario.
Séptimo
Esfuérzate con interés en crecer con sabiduría
y ciencia. Haec est potentia nostra.
La pereza intelectual os acecha en cada instante del día. O,
al menos, la tentación de un trabajo más fácil.
Trabaja profundamente, lee mucho, despliega tus facultades según
todas sus posibilidades y dimensiones.
Octavo
Ten piedad de tus profesores. Resígnate a la inevitable monotonía
de las clases. Más allá de la enseñanza, buena
o mediocre, acostúmbrate a percibir al único Maestro:
Cristo. Esfuérzate en clase. Esfuérzate fuera de las
clases, pregunta, discute, defiéndete sin temor. No tiembles
ante las reacciones de la masa. Un auditorio silencioso es un suplicio
para el profesor.
Noveno
No rehúses las inteligencias diversas y aún opuestas.
Cada una de ellas desempeñará un papel en vuestra formación.
Sus múltiples influencias forjarán tu personalidad.
Respeta igualmente, sin envidia ni vanidad, las diferencias intelectuales
y las divergencias de opiniones que se manifiesten entre vosotros.
Divisiones gratiarum sunt. La uniformidad
en un colegio o en un estudiantado sería un signo de cretinismo.
Décimo
Ten en cuenta que en tu vida habrá dificultades y quizá
tengas que volver a empezar, como el día en que, novicio, tomaste
el hábito. No temas; otros te han precedido en estas pruebas
y han encontrado una nueva juventud. Es preciso dar pruebas al Señor
de tu amor por el sufrimiento, antes de poseerle por la visión
en la bienaventuranza.
|
Conclusión
Creo que un número finalmente de nuestras Constituciones sintetiza
esa labor de recepción y entrega
de la Palabra de Dios, alrededor de la cual debe vivir todo carisma
y espíritu dominicano: "ante todo los predicadores deben
recibir íntegro el Evangelio y deben
buscar una comprensión viva del misterio de la salvación
a tenor de la tradición y explicación dadas por la Iglesia.
Con este espíritu evangélico y con esta sólida
doctrina debe ir sellada la predicación
dominicana" (LCO 99, 1). Tenemos en este número compendiados
los dos elementos claves del ser dominico: la recepción íntegra
de la Palabra de Dios en su contexto histórico-eclesial y su
difusión a través de la Predicación. Por eso
es que otro número de nuestras Constituciones, ya para concluir
esta exposición, aclara: "A la vocación dominicana
pertenece esencialmente enseñar con la palabra y los escritos
la sagrada doctrina y las demás disciplinas que sirven para
la difusión y comprensión de la fe" (LCO 102). |
 |
| |
Bibliografía |
 |
Libro de las Constituciones y Ordenaciones
de la Orden de los frailes Predicadores. Malaga-Madrid 1999. |
 |
Alfonso D'Amato, OP, El
Proyecto de Santo Domingo. Mendoza 2001 (Publicado por
el P. Brian Fárrelly, op) |
 |
Angel Melcón, OP y Jesús Alvarez,
OP, Santo Domingo de Guzmán. Semblanza. (Promotoría
Provincial de Vocaciones - Argentiona - UNSTA, Tucumán). |
 |
Familia Dominicana Argentina, Material
de Formación Dominicana. |
 |
Felicísimo Martínez, Domingo
de Guzmán, Evangelio Viviente. Ed. San Esteban. Salamanca
1991. (376 pp.; Biblioteca Dominicana nº 12). |
 |
M. Gilabert, op, José M. Garganta,
op, José M. Milagro, op, Santo
Domingo de Guzmán, Visto por sus contemporáneos.
BAC. Madrid 1947. (955 pp.) |
 |
Ansel Hertz, Helmuth Nils Loose, Domingo de
Guzmán y los dominicos. Sal Terrae. Santander 1982. |
 |
J. A. Solórzano Pérez, op, ¿Por
què la luz no dobla las esquinas? Paisaje interior dominicano.
Ed. San Esteban. Salamanca 1991. |
 |
Guy Bedouele, La fuerza de la palabra. Domingo
de Guzmán. Ed. San Esteban. Salamanca (Biblioteca dominicana
nº 5). |
 |
Baltasar Hendriks, op, Santo domingo, ayer
y hoy. CEDOC, Bayamón, Puerto Rico 1984. |
 |
W. A. Hinnebusch, Breve Historia de la Orden
de Predicadores. E. San Esteban. Salamanca 1982 (Biblioteca
Dominicana nº 2). |
 |
Baltasar Hendriks, op Espiritualidad de la
Familia Dominicana. Capítulo General de los Frailes de
Oakland, California 1989. Bogotá, Colombia, 1990. |
| |
|
Bibliografía Electrónica |
 |
|
En Internet hay mucho, por ejemplo, es excelente:
Los Dominicos, www.op.org.ar, que es la pagina Web de nuestra
provincia dominicana argentina, donde hay muchos links. |
|
 |
[1] En el presente
trabajo no pretendo originalidad, sino que sirviéndome de diversos
materiales de hermanos de nuestra Orden, a los que cito por cierto,
que han escrito mejor sobre estos temas, yo he compuesto el presente
artículo intentando presentar sucintamente el Carisma y el
Espíritu que anima a nuestra Orden de Predicadores, tan valiosa
en sí misma y tan llena de una historia tan gloriosa, cuando
faltan solo diez años para que cumpla 800 años de existencia
en el seno de la Santa Madre Iglesia.
[2] Cf. Brian Farrelly, OP, Eckart, Tauler y Seuze, Vida y
doctrina de Maestro y de sus dos mejores discípulos. Ed. Edibesa.
Madrid 2000. (Obra publicada por el querido e infatigable estudioso
P. Brian José Farrelly, fallecido en Mendoza el 11 de junio
de 2003, sus restos reposan junto a nuestra Basílica mendocina)
[3] "S. Dominicus,
fratres duxit ad scholas et
misit in maiores civitates "ut studerent, et praedicarent et
conventum facerent" (LCO 76).
[4] Por lo demás, los Consejos Evangélicos, propuestos
por el mismo Cristo, son los que se expresan en los votos fundamentales
de todo tipo de vida religiosa: castidad, pobreza y obediencia, solamente
que asumidos diversamente por cada Instituto religioso de acuerdo
a su propio carisma y finalidad de fundación.
[5] Cf. Fray Jorge Scampini, op, ¿Qué es un carisma?,
en Material de Formación Dominicana, Familia Dominicana Argentina,
pp. 8-11.
[6] Este magnífico estudio corresponde a:
Benedict Thomas Viviano, OP, de USA,
Profesor de Sagradas. Escrituras-NT- en la Universidad de Friburgo,
Publicado en "Sources et vie dominicanine", marzo-abril
1999, nº 2.
[7] Esta divisa o lema se aplicó a la Orden desde sus
primeros tiempos, como se ve en la obra del español fray Pedro
Ferrand (1254-1258) en su "Leyenda" de Santo Domingo (n.
43 en Santo Domingo de Guzmán, BAC nº 490, Madrid, 1987,
827 pág). El origen de la frase proviene claramente del lenguaje
litúrgico de los prefacios, compuestos en su mayor parte antes
del s. VII. Esta frase por tanto estaba ya en uso en los primeros
siglos de la vida de la Iglesia. Ahora bien, en el latín clásico
estas tres palabras son absolutamente sinónimas y las tres
significan: "alabar en público o públicamente"
o "hablar delante de los demás" o también:
"decir o hablar bien públicamente de alguien". Pero,
tal como se entendían ya estos verbos en la cultura medieval,
resultan a su vez una bella síntesis de la vida dominicana.
La vida dominicana, efectivamente, se fundamenta, en primer lugar,
en la celebración litúrgica, que es proclamación
de la alabanza de Dios ("alabar"). En segundo lugar, en
ella es sustancial la mediación presbiteral ("bendecir").
En tercer lugar, la Orden de Predicadores actúa de modo especial
en el ministerio de la Palabra o predicación ("predicar").Con
estas tres palabras se definen los elementos centrales del carisma
dominicano: la contemplación y la acción apostólica
presbiteral o sacerdotal.
[8] El autor de este decálogo es el P. Paul Denis OP.
Fue publicado en varias revistas de estudiantados dominicanos; está
tomado de MENSAJE, nº 34, 1963 (Revista de los estudiantes de
filosofía de la Provincia de España de Las Caldas de
Besaya, Cantabria).El P. Paul Denis (Bélgica, 1912 - Lieja,
Bélgica, 1962). Fue profesor en La Sarte (Bélgica),
Congo, Fátima, Sao Paulo. Fueron sus características:
un ardiente empeño porque la Iglesia estuviese siempre presente
en los grandes movimientos de la historia y un deseo profundo de que
los dominicos realizasen dentro de ella su vocación profética.
En sus sermones, en sus conferencias, en sus clases había preocupación
constante por un diálogo vivo con el mundo contemporáneo.
No comprendía una clase en la que los alumnos se contentasen
con escuchar. Otra meta de la vida del P. Denis fue la lucha por la
emancipación de los pobres, la libertad de los oprimidos y
de los humillados, el trabajo por elevar las clases necesitadas. En
medio de las incomprensiones y de las oposiciones, su espíritu
nunca se amargó.
|
|
|