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El
anuncio del Evangelio en la Orden de Predicadores
Roma, 7 de noviembre 2002. Fiesta de todos los Santos y Santas de
la Orden.
Fr. Carlos Azpiroz Costa, O.P. |
La
Orden de Predicadores (Dominicos) "fue instituida específicamente
desde el principio para la predicación y la salvación
de las almas ". Por ello los hijos e hijas de Santo Domingo nos
entregamos de una manera nueva a la Iglesia universal dedicándonos
por entero a la evangelización íntegra de la palabra
de Dios a todos los hombres y mujeres, grupos y pueblos, creyentes
y no creyentes y especialmente los pobres. Somos conscientes que la
historia y el mundo actual son el lugar donde se actúa la salvación.
Por ello atentos al dinamismo de la sociedad moderna, insistimos sobre
la necesidad de establecer nuestra predicación sobre las novedades
y realidades que los hombres y mujeres presentan cotidianamente a
la fe cristiana. Leyendo las Actas de los últimos Capítulos
Generales podremos esbozar cuales son los nuevos "areópagos"
o "fronteras" a las que somos llamados; cuáles son
las prioridades de la Orden y cómo podemos caracterizar nuestro
anuncio del Evangelio.
I. La Misión de la Orden desde
sus orígenes: "Misión sin Fronteras"
El énfasis en el carácter misionero y evangelizador
de la Iglesia en el Vaticano II, en la Evangelii Nuntiandi -llamada
por fray Damian Byrne "Carta magna del predicador" - hace
singularmente actual el proyecto fundacional de Domingo. Es responsabilidad
de toda la Familia Dominicana, "hombres y mujeres juntos en la
misión" actualizar aquel proyecto y activar la misión
específica de la Orden en medio del mundo. Algunos rasgos caracterizan
la misión dominicana desde sus orígenes:
La misión de la Orden fue y debe seguir siendo una misión
más allá de las fronteras.
Esa
misión se sitúa -como las llamaba fr. Pierre Claverie
OP, Obispo de Oran en Argelia asesinado en 1996- en las "lignes
de fracture" de la humanidad que atraviesan hoy nuestro mundo
globalizado, frecuentemente marcado por la injusticia y la violencia
de conflictos raciales, sociales y religiosos.
Exigió y exige de la comunidad dominicana la actitud y la práctica
de la itinerancia, la movilidad, el continuo desplazamiento hacia
las nuevas fronteras que nos señalan las prioridades de nuestra
misión.
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II. Las Fronteras que somos llamados
a Evangelizar
1. La frontera entre la vida y la muerte:
El gran reto de la justicia y la paz en el mundo
Los problemas más dramáticos y urgentes que acosan al
hombre contemporáneo son de carácter histórico.
Se refieren a los sistemas, estructuras, prácticas sociales,
políticas y económicas que colocan a una gran masa de
hombres entre la vida y la muerte. Por ello el compromiso por la justicia
y la paz -análisis, reflexión, acción solidaria-
es criterio de verificación de cualquier misión dominicana,
y debe acompañar cualquier área o modalidad de nuestra
predicación. El ejemplo de Bartolomé de las Casas, Antonio
de Montesinos, Pedro de Córdoba en América Latina, así
como el ejemplo de Domingo de Salazar en Oriente y la obra de fray
Louis Joseph Lebret en nuestro tiempo es iluminador.
2. La frontera entre la humanidad y la inhumanidad:
El gran reto de los marginados
La
estructura marginalizante de la actual sociedad produce cada vez mayor
número de marginados, que se ven próximos a la frontera
de una vida inhumana o infrahumana. Entre las categorías de
marginados se encuentran tantos pueblos que padecen pobreza material
y la marginación cultural, social, económica y política.
Existen aún hoy, de formas diversas, víctimas del "apartheid":
emigrantes, disidentes, obreros, la mujer, los enfermos, los jóvenes,
los ancianos. Son estos signos manifiestos de la ausencia del reino
de Dios y por lo tanto un reto prioritario para nuestra reflexión,
estudio, evangelización. La misión de la comunidad dominicana
es inaugurar y mostrar un nuevo modelo de comunión y participación
entre los pueblos.
3. Frontera cristiana:
El reto de las religiones universales
Las
tradiciones religiosas universales comparten con nosotros la experiencia
de Dios. El hinduismo, el budismo, el judaísmo, el Islam se
sitúan sin embargo, más allá de la frontera de
la experiencia cristiana de Dios. Algunas de estas tradiciones religiosas
ejercen una fuerte influencia sobre el hombre contemporáneo.
El diálogo con otras religiones cuestiona tradicionales concepciones
de la misión evangelizadora de la Iglesia, así como
actitudes y modelos inauténticos de evangelización.
Este diálogo ha de ser a la vez analítico y autocrítico;
supone una actitud de escucha y una presencia inculturada, libre de
todo resabio colonialista, imperialista y fanático. El ideal
de Domingo fue misionar más allá de las fronteras de
la cristiandad establecida, entre los cumanos (era su sueño).
La colocación de los conventos en las ciudades y la presencia
de los frailes en las universidades para el diálogo intercultural
e interreligioso, priorizan este reto de la evangelización
dominicana.
4. La frontera de la experiencia religiosa:
El reto de las ideologías seculares
El hombre y la mujer contemporáneos padecen intensamente una
situación paradójica: la carencia de la religión
y la añoranza de lo religioso. Las ideologías seculares
explican, en parte, esta carencia y cuestionan los viejos modelos
de transmisión del mensaje de Cristo. Siguen pendientes de
respuesta muchas cuestiones planteadas por el pensamiento contemporáneo.
En todas éstas está presente el interrogante sobre el
hombre y su futuro y la pregunta crítica por la verdad. El
ateísmo, la increencia, la secularización, la indiferencia,
la laicidad son cuestiones muy próximas a estas ideologías.
El diálogo con las mismas puede servir como correctivo crítico
a las diversas presentaciones del hecho religioso y cristiano y, al
mismo tiempo, supone un área prioritaria de la evangelización
dominicana. Una lección importante de los orígenes de
la historia dominicana ha sido la capacidad de la Orden para establecer
un diálogo entre el mensaje de Cristo y las culturas, clásicas
o nacientes. Ejemplos son: Domingo, que incorpora el estudio a su
proyecto fundacional; Tomás de Aquino en el siglo XIII; los
profesores y teólogos dominicos del siglo XVI; los teólogos
dominicos del Concilio Vaticano II. La teología ha sido creativa
y profética en la Familia Dominicana en la medida que se ha
dejado interpelar por las coordenadas culturales. Ha sido vida en
la medida que ha tomado como punto de partida las acuciantes quaestiones
disputatae de cada tiempo .
5. La frontera de la Iglesia:
El reto de las confesiones no católicas y otros movimientos
religiosos
La
pluralidad de confesiones es un escándalo para creyentes y
no creyentes. Las riquezas escondidas en las diversas tradiciones
cristianas son una invitación al diálogo ecuménico
y a la reconciliación. La reflexión teológica
de la Orden, fiel a su tradición, quiere atender a este reto.
Con matices diversos, la frontera de la Iglesia pasa también
por el fenómeno de las "nuevas opciones religiosas".
En determinados países y regiones del mundo la presencia creciente
de éstos "movimientos" constituye un reto a la evangelización.
No caben simplemente la denuncia y los anatemas. El ideal primero
de Domingo fue misionar más allá de las fronteras de
la "cristiandad". Urgencias inmediatas de la Iglesia se
lo impidieron, y su misión la realizó entre los herejes,
en las fronteras de la Iglesia. De ellos aprendió y tomó
modelos de vida evangélica y apostólica. Con ellos dialogó
sin descanso. A ellos interpeló con el testimonio de su fidelidad
y comunión con la Iglesia.
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III. Prioridades de la Orden que corresponden
a estas Fronteras
La
Orden de Predicadores, que participa en la Iglesia de la vida Apostólica,
debe estar siempre en acto de misión y situarse en las fronteras.
La prioridad de las prioridades para nosotros es la predicación,
"dedicándonos por entero a la evangelización íntegra
de la palabra de Dios" . Para lograr esta finalidad la Orden
ha reafirmado a lo largo de los últimos años cuatro
prioridades . Estas prioridades no pueden separarse unas de otras
ni menos elegirse una con desmedro de otras, al contrario, todas ellas
se complementan, pues cada una responde de distinta manera a las más
apremiantes necesidades de las gentes de hoy en lo concerniente a
la predicación de la Palabra de Dios . Tampoco son una novedad,
sino que pertenecen de lleno al carisma y a la tradición viva
de la Orden: en la vida de Santo Domingo, en la vida de los hermanos
del siglo XIII, en la de los hermanos del siglo XVI llegados a América
Latina y al Extremo Oriente, en la época moderna. Las cuatro
prioridades son ciertamente el fruto de nuestra gracia de origen .
Ellas son:
1. Catequesis en un mundo descristianizado: el mundo de cuantos
han crecido en un contexto de tradición cristiana pero de hecho
viven al margen o fuera, indiferentes u hostiles a la comunidad visible
de los creyentes. Esta catequesis ha de ser pascual, llamar a la conversión
personal y propiciar la trasformación del mundo; también
ha de promover los ministerios laicales.
2.
Evangelización en el contexto de las diversas culturas:
orientada a una investigación filosófica y teológica
sobre las culturas, sistemas intelectuales, movimientos sociales,
tradiciones religiosas operantes "fuera del cristianismo histórico".
La Orden está llamada a servir al nacimiento de un modo nuevo
de ser cristiano en los diversos continentes. las comunidades locales
han de sentir con el pueblo en una actitud positiva de diálogo
y aprecio por sus valores culturales.
3. Justicia y la paz: análisis crítico de los
orígenes, formas y estructuras de la injusticia en las sociedades
contemporáneas; praxis evangélica para la liberación
y promoción integral del hombre. Las acciones por la Justicia
y la paz, para que sean signos proféticos en medio del mundo
han de integrarse en proyectos de las comunidades locales, provinciales,
regionales; deben fundarse en el análisis de lo social, y en
las fuentes bíblicas y teológicas; deben respaldar a
los hermanos y hermanas que participan con riesgo de sus vidas en
asociaciones y movimientos en pro de la dignidad humana.
4. Comunicación humana a través de los medios
de comunicación social en la predicación de la Palabra
de Dios. Los medios de comunicación nos han revelado, con total
evidencia, "el drama de nuestro tiempo": la fractura entre
la cultura humana y el mensaje evangélico, entre palabra humana
y palabra de fe (Evangelii Nuntiandi 20); los medios constituyen hoy
el instrumento privilegiado para proveer palabra inteligible y eficacia
cultural a la proclamación eficaz del Evangelio integral. Inmersos
en un mundo en el que toda persona es comunicadora de vida o de muerte.
Este hecho se da dentro de un proceso en el cual no hay espectadores
sino actores, la vocación de la Orden llama, por tanto, a ser
predicadores, es decir, comunicadores con estas características
propias: Convicción, nueva visión, libertad.
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IV. Características de la Predicación
y Actitudes del Predicador
La evangelización en estas fronteras y a través de estas
prioridades tiene ciertas características y exige algunas actitudes
personales y comunitarias:
1.
Predicación TEOLÓGICA
Implica una total apertura a la verdad total, dondequiera que se encuentre
. Esto exige una profunda reflexión y disponibilidad para el
diálogo (ecuménico, interreligioso, cultural) . Nuestra
predicación siempre se ha cimentado en un profundo y científico
estudio de la teología. "Nuestro estudio debe dirigirse
principal, ardiente y diligentemente a esto: que podamos ser útiles
a las almas de nuestros prójimos ". Desde entonces el
estudio ha estado íntimamente relacionado con la misión
apostólica y la predicación de la Orden. Dedicarse al
estudio es responder a una llamada a "cultivar la búsqueda
humana de la verdad ". Santo Domingo ha alentado a sus frailes
a ser útiles a las almas por la compasión intelectual,
al compartir con ellos la misericordia veritatis, la misericordia
de la verdad . Las crisis del mundo actual, el escándalo de
la creciente pobreza e injusticia, la confrontación de las
distintas culturas, el contacto con pueblos descristianizados, todo
esto es un desafío para nosotros. Nuestra práctica de
la reflexión teológica debe prepararnos para penetrar
profundamente en el significado de estos hechos en el misterio de
la Divina Providencia. La contemplación y la reflexión
teológica nos capacitan para buscar modos más aptos
en la predicación actual del Evangelio. Este es el verdadero
camino para que nuestra predicación sea de verdad doctrinal,
y no exposición abstracta e intelectual de algún sistema.
2. Predicación COMPASIVA
Exige
una actitud de profunda compasión hacia la gente, especialmente
hacia aquellos que se encuentran "lejos". Sólo la
compasión puede remediar nuestra ceguera y hacer posible que
veamos los signos de los tiempos. La compasión nos lleva a
la humildad en nuestra predicación -humildad por la cual estamos
dispuestos a escuchar y a hablar, a recibir y a dar, a dejarnos influir
e influenciar, a ser evangelizados y evangelizar-. Esta compasión
y humildad proviene únicamente de una profunda unión
con Dios en Cristo. Estamos unidos con Dios cuando imitamos la compasión
y el humilde servicio de Cristo. La compasión y la humildad
son fuentes de las que emana el conocimiento de los signos de los
tiempos, impregnado de oración y contemplación. Contemplamos
así a Dios, que se nos ha revelado a través de la Sagrada
Escritura y que manifiesta su voluntad en los signos de los tiempos.
3. Predicación INCULTURADA y ENCARNAD
Exige una profunda sensibilidad para con las diversas visiones de
la realidad que tienen otras religiones, otras culturas, otras filosofías
(encarnación e inculturación). Implica una educación
para saber esperar, para aprender, para convertirse, para formar parte,
asumir y ayudar a purificar y elevar lo que encontramos en esas religiones,
culturas y filosofías.
4. Predicación PROFÉTICA
Es proclamación no del propio conocimiento, sino de la Palabra
de Dios vivo y vivificante, anuncio íntegro del Evangelio revelado
que contiene palabras de vida eterna. No es posible omitir el análisis
serio de los "signos de los tiempos", que procede de principios
sobrenaturales y es iluminado por la oración. Para discernir
los signos de los tiempos debemos atender diligentemente al clamor
de los pobres, los oprimidos, los marginados y los torturados, y de
todos aquellos que, por motivos de raza, religión y denuncia
contra la injusticia, sufren persecución. Dios nos habla a
través de estos clamores y también a través del
silencio de los que no tienen voz y viven en apatía, soledad
y desesperación.
5. Predicación en la POBREZA
La pobreza no es sólo una especie de abnegación de sí
mismo, sino también testimonio y medio apropiado para que nuestra
predicación sea digna de crédito; es signo de su autenticidad
y sinceridad. Vivimos en un mundo en el que aumenta la división
entre ricos y pobres -tanto en naciones pobres y ricas como entre
personas y grupos-. Más aún, el pobre tiene hoy mejor
conocimiento de las estructuras nacionales e internacionales que son
causa de este estado de servilismo y pobreza. "Si en un mundo
como este nos presentásemos conviviendo más con los
ricos que con los pobres, nuestra predicación no sería
digna de crédito ".
6. Predicación ITINERANTE
Somos
hombres y mujeres en marcha . La itinerancia es, en primer lugar,
un concepto espacial que implica una disposición para ir en
camino, para viajar, pero nuestra predicación pide una itinerancia
social, cultural, ideológica, económica. Es un aspecto
de la espiritualidad dominicana que debe informar toda nuestra vida
y que se nutre de diversas experiencias bíblicas del AT, y
del mismo Jesús, "Camino" a quien Domingo ha querido
seguir como verdadero varón evangélico.
7.
Predicación COMUNITARIA
Nuestra predicación no es un esfuerzo solitario de individuos
aislados. Por eso exige una disposición para la colaboración,
para el trabajo en equipo, para apoyar el esfuerzo de los demás
mediante el interés mostrado, la animación y la ayuda
efectiva. Estas actitudes tienen sus raíces en los elementos
esenciales de nuestra vida dominicana: la vida común, la vida
de oración contemplativa, el estudio asiduo, una comunidad
fraterna, la consagración por los votos. La comunión
y universalidad de la Orden informan también su gobierno en
el cual sobresale la participación orgánica y proporcionada
de todas las partes para realizar el fin propio de la Orden. Es un
gobierno comunitario a su manera y es por cierto apropiado para la
promoción de la Orden y para su frecuente revisión.
8.
Predicación COMPARTIDA: LA FAMILIA DOMINICANA
La Orden nació como Familia . Frailes, monjas contemplativas,
religiosas, miembros de institutos seculares y de fraternidades laicales
y sacerdotales, otros grupos asociados de alguna manera a la Orden
(entre ellos: Movimiento Juvenil Dominicano -IDYM -; Voluntarios Dominicos
Internacionales -DVI -) nos inspiramos en el carisma de Domingo. Ese
carisma es uno e indiviso: la gracia de la predicación . Es
una predicación compartida con nuestros hermanos y hermanas
de la Orden que por su bautismo viven el mismo sacerdocio común
y que están consagrados por la profesión religiosa y
por su compromiso a una misma misión . Como mejor se manifiesta
nuestra identidad global es a través de nuestra colaboración
conjunta. Esta colaboración incluye: rezar juntos, planificar,
tomar decisiones y llevar a cabo proyectos desde una complementariedad
mutua que respete la igualdad. Estos proyectos incluyen campos tan
diversos como los ministerios de oración, enseñanza,
predicación, animación pastoral, justicia y paz, medios
de comunicación social, investigaciones y publicaciones, así
como la promoción de vocaciones y formación.
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Conclusión:
Estas fronteras, prioridades y características de nuestro anuncio
del Evangelio, no son "nuevas tareas" que se suman a otras
como una suerte de "imperativo categórico" o "nueva
moda" que excluye otras de ayer. Al contrario, expresan un camino
de alegría y libertad, expresan la vocación de tantos
hombres y mujeres que han dado y dan sus vidas haciendo suyas las
palabras del Apóstol:
"¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!" (1ª
Corintios 9, 16)
Roma, 7 de noviembre 2002. Fiesta de todos los Santos y Santas de
la Orden
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