Santo Tomás de Aquino

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Breve historia

Nace en el castillo de Roccasecca (Italia), hijo de los condes D’Aquino, el año 1225. Recibió la primera educación religiosa y científica en la abadía de Montecassino para pasar después a la universidad de Nápoles. El contacto allí con fray Juan de San Giuliano fue causa de su vocación a la vida apostólica y, superando una feroz oposición de la familia, entra en la Orden de Predicadores a los diecinueve años (1244). Pasó por los principales centros de estudios de la época: Colonia, donde fue discípulo de san Alberto (1248- 1252); a los 32 años es maestro de la cátedra de teología en París; luego enseñaría en Roma y en Nápoles. Alternó la enseñanza con la predicación y con eficaces intervenciones ante la curia pontificia en favor de los mendicantes y otros asuntos. Siempre se destacó por un gran candor de vida y una fiel observancia de la vida conventual. La misión de la Orden, es decir, el ministerio multiforme de la Palabra de Dios en la pobreza voluntaria, en él se centró en una continua dedicación al trabajo teológico: investigar incansablemente la verdad, contemplarla con amor y entregarla a los demás en escritos y en la predicación directa. Por tanto empleó su capacidad totalmente al servicio de la verdad, ansioso de alcanzarla; recibiéndola de dondequiera viniese y con urgencia de participarla a los demás. Tuvo siempre un comportamiento humilde y cordial, siendo maestro excelso de la sagrada doctrina y predicador iluminado de la verdad evangélica. Su obra demuestra la estrecha coherencia entre la razón humana y la divina revelación en tantos aspectos que su obra escrita ha tocado, todos llenos de ciencia humana y divina en hermosa síntesis.
Fue devotísimo de Cristo Salvador, especialmente de la cruz y de la Eucaristía, que exaltó en sus composiciones litúrgicas y tuvo una ferviente devoción filial a la Madre de Dios, la Virgen María. Murió en la abadía de Fossanova el día 7 de marzo de 1274 cuando iba de camino al concilio de Lyon. Fue canonizado el 18 de julio de 1323 por Juan XXII. S. Pío V el 11 de abril de 1567 lo declaró quinto doctor de la Iglesia latina. León XIII el 4 de agosto de 1880 lo proclamó patrón de todas las universidades y escuelas católicas. Hoy se conmemora el día de la traslación de su cuerpo a la iglesia dominicana de Tolosa en 1369, una vez que su celebración el 7 de marzo se ve impedida por la Cuaresma. Sus reliquias fueron trasladadas durante la revolución francesa (1792) a la cripta de Saint-Sernin en Tolosa, pero en 1974 se devolvieron a su sede primitiva.

Liturgia de las Horas

Del Común de pastores.

Invitatorio

Ant. Venid, adoremos al Señor, fuente de la sabiduría.
0 bien, especialmente con canto: ant. Hoy es la fiesta solemne del angélico doctor Tomás; * Que la Iglesia lo ensalce con devoción suplicante.

Oficio de lectura

Himno
Oh Tomas, luz de la Iglesia,
su adorno resplandeciente,
danos en gracias divinas
el canto que te ofrecemos.

Con corazón puro y simple,
con luz sin par en tu mente,
viste, feliz como nadie,
de Dios la gloria celeste.

Escrutaste con tu ingenio
de Dios secretos arcanos,
y a los hombres. nos has dado
su verdad ya para siempre.

Lo que ya la mente intuye,
cuanto revela el Espíritu,
expones en tus escritos
con la aprobación de Cristo.

Manso, callado e inocente,
gozando la unión con Dios,
brillas entre los doctores
como el sol más luminoso.

A la Trinidad sea honor,
a ella, mediante tu ayuda,
queremos ver para siempre
alabándola en su gloria. Amén.

Salmodia
Antífona 1
Ser. A Señor mío, todas mis ansias están en tu presencia, no se te ocultan mis gemidos.
Ser. B El amor de Dios hace que el hombre todo tienda a Dios sin vacilación.

Salmo 39, 2-14.17-18
Maravillas de Dios en la Iglesia.

I

Yo esperaba con ansia al Señor; *
él se inclinó y escuchó mi grito:
me levantó de la fosa fatal; *
de la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre la roca *
y aseguró mis pasos;
me puso en la boca un cántico nuevo, *
un himno a nuestro Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos *
y confiaron en el Señor.
Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor, *
y no acude a los idólatras,
que se extravían con engaños.
Cuántas maravillas has hecho *
Señor, Dios mío,
cuántos planes en favor nuestro; *
nadie se te puede comparar.
Intento proclamarlas, decirlas,
* pero superan todo número.
Tú no quieres sacrificio ni ofrendas, *
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio, +
entonces yo digo: « Aquí estoy
—como está escrito en mi libro— *
para hacer tu voluntad. »
Dios mío, lo quiero, *
y llevo tu ley en mis entrañas.

Antífona 2
Ser. A Ya que has pedido para ti la sabiduría: por eso te son dadas sabiduría y entendimiento, dice el Señor.
Ser. B El amor de Dios es el que infunde y crea la bondad en las cosas.

II 

He proclamado tu salvación *
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios: *
Señor, tú lo sabes.
No me he guardado en el pecho tu defensa, *
he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad *
ante la gran asamblea.
Tú, Señor, no me cierres tus entrañas, +
que tu misericordia y tu lealtad
me guarden siempre, *
porque me cercan desgracias sin cuento.
Se me echan encima mis culpas, *
y no puedo huir;
son más que los pelos de mi cabeza, *
y me falta el valor.
Señor, dígnate librarme; *
Señor, date prisa en socorrerme.
Alégrense y gocen contigo *
todos los que te buscan;
digan siempre: « Grande es el Señor » *
los que desean tu salvación.
Yo soy pobre y desgraciado, *
pero el Señor se cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi liberación: *
Dios mío, no tardes.

Antífona 3
Ser. A Lo que hemos visto con nuestros propios ojos: la Palabra de vida, os lo anunciamos, para que estéis unidos con nosotros.
Ser. B La presencia de Dios en nosotros no puede conocerse más que por experiencia; no puede expresarse con sólo palabras.

El Señor es mi luz y mi salvación, *
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida, *
¿quién me hará temblar?
Cuando me asaltan los malvados *
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios, *
tropiezan y caen.
Si un ejército acampa contra mí, *
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra, *
me siento tranquilo.
Una cosa pido al Señor,
eso buscaré: +
habitar en la casa del Señor *
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor, *
contemplando su templo.
Él me protegerá en su tienda: *
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada, *
me alzará sobre la roca;
y así levantaré la cabeza *
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda sacrificaré +
sacrificios de aclamación: *
cantaré y tocaré para el Señor.

V. En ti está, Señor, la fuente de la vida.
R. Y tu luz nos hace ver la luz.

Primera lectura
Del libro del Eclesiástico       39, 1-10

El que se entrega de lleno a meditar la ley del Altísimo indaga la sabiduría de sus predecesores y estudia las profecías, examina las explicaciones de autores famosos y penetra por parábolas intrincadas, indaga el misterio de proverbios y da vueltas a enigmas.
Presta servicio ante los poderosos y se presenta ante los jefes, viaja por países extranjeros, probando el bien y el mal de los hombres; madruga por el Señor, su creador, y reza delante del Altísimo, abre la boca para suplicar, pidiendo perdón de sus pecados.
Si el Señor lo quiere, él se llenará de espíritu de inteligencia; Dios le hará derramar sabias palabras y él confesará al Señor en su oración; Dios guiará sus consejos prudentes, y él meditará sus misterios; Dios le comunicará su doctrina y enseñanza, y él se gloriará de la ley del Altísimo.
Muchos alabarán su inteligencia, que no perecerá jamás; nunca faltará su recuerdo, y su fama vivirá por generaciones; los pueblos contarán su sabiduría, y la asamblea anunciará su alabanza.

Responsorio       SI 24, 33
R. Aún derramaré la enseñanza como profecía. * La dejaré por generaciones de siglos.
V. Ved que no sólo para mí me he fatigado, sino para todos los que la buscan. * La dejaré por generaciones de siglos.
O bien:
R. Envía, Señor, la sabiduría de tu trono de gloria para que me asista en mis trabajos. * Y venga yo a saber lo que te es grato.
V. Dame la sabiduría asistente de tu trono. * Y venga yo a saber lo que te es grato.

Segunda lectura [**]

De los Opúsculos teológicos de santo Tomás de Aquino, presbítero
(In duo praecenta… Ed. J.P. Torrel, en Revue des Sc. Phil. et Théol. 69 [1985] pp. 26-29)
La ley del amor divino es la regla de todos los actos humanos

Es claro que no todos pueden dedicarse a la ciencia con esfuerzo y por eso Cristo ha dado una ley sencilla que todos la puedan conocer y nadie pueda excusarse por ignorancia de su cumplimiento. Esta es la ley del amor divino: Porque pronta y perfectamente cumplirá el Señor su palabra sobre la tierra. (Rm 9, 28; Is 10, 23)
Esta ley debe ser la regla de todos los actos humanos. Del mismo modo que sucede en las cosas artificiales, donde una cosa se dice buena y recta cuando se adecua a la regla, de la misma manera, pues, cualquier acción del hombre se llama recta y virtuosa cuando concuerda con la regla divina del amor, mientras que cuando está en desacuerdo con ella no es ni recta, ni buena, ni perfecta.
Esta ley, la del amor divino, realiza en el hombre cuatro cosas muy deseables. En primer lugar es causa en él de la vida espiritual; es claro que ya en el orden natural el que ama está en el amado, y del mismo modo, también el que ama a Dios lo tiene a Él mismo dentro de sí: Quien permanece en el amor permanece en Dios
y Dios en él. (1 Jn 4, 16) Es propio también naturalmente en el amor que, el que ama se transforme en el amado; así, si amamos a Dios nos hacemos divinos: El que se une al Señor es un espíritu con él. (1 Co 6, 15) Y como afirma san Agustín: « Como el alma es la vida del cuerpo, así Dios es la vida del alma. » Paralelamente el alma obrará virtuosamente y perfectamente sólo cuando actúe por la caridad, mediante la cual Dios habita en ella; en cambio, sin caridad, no podrá actuar: El que no ama permanece en la muerte. (1 Jn 3, 14) Si alguien tuviera todos los dones del Espíritu Santo, pero sin la caridad, no tiene la vida. Sea el don de lenguas, sea la gracia de la fe, o cualquier otro, como el don de profecía, si no hay caridad, no dan la vida. (1 Co 13) Aunque al cuerpo muerto se lo revista de oro y piedras preciosas, no obstante siempre estará muerto.
En segundo lugar, es causa del cumplimiento de los mandamientos divinos. Dice san Gregorio que la caridad no es ociosa: si se da, actuará cosas grandes; pero si no se actúa es que no hay allí caridad. Comprobamos cómo el que ama es capaz de hacer cosas grandes y difíciles por el amado, por ello dice el Señor: El que me ama guardará mi palabra. (Jn 14, 23) El que guarda el mandamiento y ley del amor divino, cumple toda la ley.
Lo que hace la caridad en tercer lugar es ser una defensa en la adversidad. Al que posee la caridad ninguna cosa adversa lo dañará, es más, se convertirá en utilidad: A los que aman a Dios todo les sirve para el bien; (Rm 8, 28) aún más, incluso al que ama le parecen suaves las cosas adversas y difíciles, como entre nosotros mismos vemos tan manifiestamente.
En cuarto lugar la caridad lleva a la felicidad; únicamente a los que tienen caridad se les promete efectivamente la bienaventuranza. Todas las demás cosas, si no van acompañadas de la caridad, son insuficientes. Además es de saber que la diferencia de bienaventuranza se deberá únicamente a la diferencia de caridad y no en comparación con otras virtudes. Hubo muchos que fueron más abstinentes que los apóstoles, pero los apóstoles están por delante de todos en la bienaventuranza por la excelencia de la caridad.
Por lo dicho ya se ve que la caridad realiza cuatro cosas. Primeramente da la remisión de los pecados y esto lo vemos con claridad en nosotros mismos: si alguien ofende a otro y después lo ama íntimamente, se le perdonará la ofensa a causa de este amor. Esto se ve muy claramente en el ejemplo de Magdalena, de quien dice el Señor: Sus muchos pecados están perdonados. Pero ¿por qué? y añade: Porque tiene mucho amor. (Lc 7, 49) Quizá alguien dirá: basta, pues, la caridad para perdonar los pecados y no es necesario el arrepentimiento. Pero ha de tenerse en cuenta que verdaderamente nadie quiere de verdad, si de verdad no
se arrepiente.
Es también causa de la iluminación del corazón. Como dice Job: Todos estamos envueltos en tinieblas, (37,19, Vulgata) y frecuentemente ignoramos qué cosa hacer o qué cosa desear, pero la caridad enseña todas las cosas necesarias para la salvación: Su unción os enseña acerca de todas las cosas. (1 Jn 2, 27) Y esto es debido a que donde está la caridad está el Espíritu Santo que conoce todo y que nos conduce por el camino derecho. (Sal 106, 7) Además crea en el hombre la alegría perfecta y la paz perfecta. La caridad da al hombre gran dignidad pues de siervo lo hace libre y amigo. La caridad hace no sólo libres sino hijos, pues
efectivamente no sólo somos llamados, sino que somos de verdad hijos de Dios: Ese Espíritu y nuestro espíritu dan testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo. (Rm 8, 16) Aunque todos los dones provengan del Padre de las luces, (St 1, 17) este don de la caridad excede a todos los demás dones ya que todos los demás dones se tienen sin la caridad y sin el Espíritu Santo, pero con la caridad necesariamente se tiene el Espíritu Santo.

Responsorio
R. La fuente de la sabiduría se derrama con abundancia desde el cielo en santo Tomás, como un río de límpida ciencia; y él, una vez recibida, vierte su plenitud como manantial de extraordinaria maestría. * Fecundando toda la Iglesia santa.
V. De estilo conciso, de agradable elocuencia, de afirmaciones claras, seguras, sublimes. * Fecundando toda la Iglesia santa.

De los Opúsculos teológicos de santo Tomás de Aquino, presbítero
(De rationibus fidei, Ed. Leonina, t. 40, Romae 1969, pp. 56ss.)

Lo necio de Dios es más sabio que los hombres

Cristo eligió padres pobres, pero perfectos en la virtud; llevó una vida pobre, para que nadie se gloríe solamente de la nobleza del linaje o de las riquezas de la familia; llevó una vida pobre, para enseñarnos a despreciar las riquezas; vivió privado de dignidades, para apartar al hombre de un apetito desordenado de honores; soportó trabajos, hambre, sed y sufrimientos corporales de forma que los hombres no se retrajeran del bien de la virtud por dedicarse a los placeres y delicias a causa de la dureza de esta vida.
Soportó, finalmente, la muerte para que nadie abandonara la verdad por miedo a la muerte; eligió la forma de muerte más reprobable, la muerte de cruz, para que nadie temiera como digna de vituperio la muerte por la verdad. Fue, por tanto,
conveniente que el Hijo de Dios hecho hombre sufriera la muerte para que así su ejemplo animara a los hombres a la virtud, para que se realice lo que dice Pedro: Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. (1 P 2, 21)
Si Cristo hubiese vivido en el mundo como rico, poderoso y revestido de alguna gran dignidad, se podría haber pensado que su doctrina y sus milagros fuesen aceptados por la fuerza del favor de los hombres y por un poder humano; por lo tanto, para que constase con evidencia que eran obra de la fuerza de Dios, escogió
todo lo ínfimo y despreciado del mundo: madre pobre, vida indigente, discípulos y mensajeros incultos y el ser rechazado y condenado, incluso a muerte, por los magnates del mundo, para que así manifiestamente constase que la aceptación de su doctrina y milagros no fue debida a un poder humano, sino divino.
Hay aún otro aspecto que considerar en este punto y es que por la misma razón de la providencia por la que el Hijo de Dios hecho hombre quiso sufrir en sí mismo la debilidad, por la misma razón también quiso que sus discípulos, a los que constituyó ministros de la salvación de los hombres, fueran despreciados en el
mundo y para ello no los escogió cultos y nobles, sino iletrados y de sencilla condición social, es decir, sencillos pescadores. Y cuando los envía a buscar la salvación de los hombres, les manda guardar la pobreza, sufrir persecuciones y oprobios y soportar también la muerte por la verdad, de modo que su predicación no pareciera ordenada a alguna comodidad terrena y para que la salvación del mundo no fuera atribuida a sabiduría o fuerza humanas, sino únicamente a la fuerza y sabiduría de Dios. Por tanto tampoco en los apóstoles estuvo ausente la fuerza divina, que por ellos hacía cosas maravillosas, si bien a la vista del mundo
aparecieran como despreciables.
Este modo de actuar era necesario para la salvación del hombre a fin que los hombres aprendieran a no confiar soberbiamente en sí mismos sino en Dios. Es también necesario para la perfecta santificación del hombre que éste se someta totalmente a Dios, que de él espere recibir todos los dones y que reconozca luego
haberlos recibido de Dios.

Responsorio              2Tm 4, 8; 1, 12
R. Me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, * Me premiará en aquel día.
V. Sé de quien me he fiado y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para asegurar hasta el último día el encargo que me dio. * Me premiará en aquel día.

Te Deum
Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.
Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:
Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.
A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:
Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
Santo Espíritu de amor y de consuelo.
Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.
Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.
Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.
Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.
Tú vendrás algún día,
como juez universal.
Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.
Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y elegidos.

La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.
Sé su pastor,
y guíalos por siempre.
Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.
Dígnate, Señor,
guardamos de pecado en este día.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado.

Oración 
Oh Dios, que hiciste de santo Tomás un varón preclaro por su anhelo de santidad y por su dedicación de las ciencias sagradas; concédenos entender lo que él enseñó e imitar el ejemplo que nos dejó en su vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

Laudes

Himno
Oh Verbo, eterno esplendor del Padre,
que la luz y bondad del mundo hiciste,
a ti elevamos gozosos un canto
de alabanza.

Diste a tu Iglesia una radiante estrella
y nutres con el pan de la verdad
a quienes en Tomas doctrina sana
y luz encuentran.

Vivid en pureza, con el alma limpia,
y esto daba a su ingenio tales alas,
que, en verdad, su vuelo parecía
como de un ángel.

No menos resplandece nuestro hermano,
que la brillante luna entre los astros;
él es para nosotros gloria excelsa
y ejemplo vivo.

Admirando el caudal de la doctrina,
que este doctor venerable dio al orbe,
deseamos que él nos lleve a tu verdad
con sus plegarias.

Que en compañía de Tomas por siempre,
glorifiquemos al Padre y al Amor
y a ti, oh Cristo, allí donde, sol único,
brillas por siempre. Amén.

Salmodia
Ant. 1 El sediento beberá de balde de la fuente de agua viva; yo seré su Dios y él será mi hijo.
Salmos y cántico del domingo de la primera semana.
Ant. 2 Alegró la Iglesia con sus obras, y por los siglos será bendita su memoria.
Ant. 3 Madruga por el Señor, su creador, y reza delante del Altísimo.

Lectura breve            1Co 2, 6-10A
Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, que quedan desvanecidos, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido, pues si la hubiesen conocido, nunca habrían crucificado al Señor de la gloria. Sino como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.» Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu y el Espíritu todo lo penetra, hasta la profundidad de Dios.

Responsorio breve
V. En la asamblea, * Le da la palabra. En la asamblea.
R. En la asamblea, * Le da la palabra. En la asamblea.
V. Lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia.
R. Le da la palabra.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
R. En la asamblea, * Le da la palabra. En la asamblea.

Benedictus
Ant. Bendito sea el Señor por amor del cual Tomás estudió, veló y trabajó.
O bien, especialmente con canto: ant. Sea ensalzado Cristo, Rey de la gloria, quien por Tomás, luz de la Iglesia, llena el mundo con la doctrina de la gracia.

Preces
Alabemos a nuestro Señor Jesucristo, que quiso iluminar la Iglesia con las enseñanzas y buenas obras de santo Tomás y digámosle:

Tú eres reflejo del Padre, tú nuestra esperanza por siempre.

Señor, a ti que dijiste: yo soy el camino, la verdad y la vida,
— porque a tu discípulo Tomás lo hiciste incansable investigador de la verdad y seguidor de la vida de perfección, te alabamos
Señor, a ti que dijiste: el que realiza la verdad, se acerca a la luz,
— por los incontables hombres que en todo el mundo intentan actuar conforme a la verdad, tal como ellos la perciben, te alabamos.
A ti que eres la Palabra en la que fueron hechas todas las cosas,
— por la inteligencia que has dado al hombre para que pueda conocer a Dios y someter la creación, te alabamos.
A ti que eres luz de luz y reflejo de la gloria del Padre,
— por cuantos a través de su estudio buscan conocerte cada día más para poder anunciarte a sus hermanos, te alabamos.

Hermanos, por gracia desde nuestra condición de siervos fuimos hechos hijos de Dios, por ello nos atrevemos a invocarlo, diciendo: Padre nuestro.

Oración 
Oh Dios, que en tu providencia has dado a la Iglesia a santo Tomás de Aquino como maestro de sabiduría y modelo de santidad; por sus méritos y ejemplo concédenos buscarte con sinceridad y amarte sobre todas las cosas. Por nuestro Señor  Jesucristo.

Hora media

Sexta

Antífonas y salmos del día de la semana, o de la salmodia complementaria.

Lectura breve            St 1, 5-6
En caso de que alguno de vosotros se vea falto de acierto, que se lo pida a Dios. Dios da generosamente y sin echar en cara y él se lo dará. Pero tiene que pedir con fe, sin titubear lo más mínimo, porque quien titubea se parece al oleaje del mar, sacudido y agitado por el viento.

V. En su corazón habita la sabiduría.
R. Y la sensatez en las palabras de su boca.

Vísperas

Himno
Con elogios merecidos te ensalzamos,
los que en ti vemos un heraldo divino,
pues tú, Tomás, ofreciste al mundo luces
de santo y puro manantial.

Te enaltece una integridad de vida
semejante en su pureza a la de un ángel;
ya gozoso el rostro del Señor contemplas
sin término, para siempre.

Desechando la nobleza y heredades,
sigues en humildad la senda de la Cruz
amando su aspereza y solo su gloria
buscas con entrega plena.

Tu que eres de la estirpe humana honor y prez
ensena hoy al mundo la sana doctrina;
haz que los hombres, la castidad buscando,
sigamos la ley de Cristo.

Siempre alabanzas la Trinidad reciba,
pues a tan altos honores te ha elevado
y que a nosotros nos haga participes
contigo de su misma paz. Amén.

Salmodia 
Antífona 1
Ser. A Conforme al don que Dios me ha dado, yo como hábil arquitecto coloqué el cimiento; otro levanta el edificio.
Ser. B Es reflejo y espejo nítido de la luz eterna. 

Salmo 126
El Señor es el que construye

Si el Señor no construye la casa, *
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad, *
en vano vigilan los centinelas.
Es inútil que madruguéis, *
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores: *
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos; *
el salario el fruto del vientre,
son saetas en mano de un guerrero *
los hijos de la juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba: +
no quedará derrotado cuando litigue *
con su adversario en la plaza.

Antífona 2
Ser. A Toda bondad, justicia y verdad son frutos de la luz.
Ser. B La gracia de Dios no se ha frustrado en mí, y su gracia está siempre conmigo. 

Salmo 110 
Ha hecho maravillas memorables

Doy gracias al Señor de todo corazón *
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor, *
dignas de estudio para los que las aman.
Esplendor y belleza son su obra, *
su generosidad dura por siempre;
ha hecho maravillas memorables, *
el Señor es piadoso y clemente.
Él da alimento a sus fieles, *
recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su obrar, *
dándoles la heredad de los gentiles.
Justicia y verdad son las obras de sus manos, *
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables por siempre jamás, *
se han de cumplir con verdad y rectitud.
Envió la redención a su pueblo, +
ratificó para siempre su alianza, *
su nombre es sagrado y temible.
Primicia de la sabiduría es el temor del Señor, +
tienen buen juicio los que lo practican; *
la alabanza del Señor dura por siempre.

Antífona 3
Ser. A El Dios que dijo: «Brille la luz en el seno de la tiniebla», ha brillado en nuestros corazones para  que nosotros iluminemos, dando a conocer la gloria de Dios reflejada en Cristo.
Ser. B La sabiduría se ha construido su casa; mezcló vino y puso la mesa, aleluya.

Cántico Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre, +
que nos ha hecho capaces de compartir *
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas *
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención, *
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible, *
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él +
fueron creadas todas las cosas: *
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; *
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. *
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio,
el primogénito de entre los muertos. *
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios *
que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: +
los del cielo y los de la tierra, *
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Lectura breve       1Co 12, 7-11
En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Y así uno recibe el Espíritu de hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu. Hay quien por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, el don de curar. A éste le han concedido hacer milagros; a aquél, profetizar. A otros, distinguir los buenos y malos espíritus. A uno, el lenguaje arcano; a otro, el don de interpretarlo. El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como a él le parece.

Responsorio breve
V. Que todos los pueblos proclamen, * Su sabiduría.
R. Que todos los pueblos proclamen, * Su sabiduría.
V. Y que la asamblea pregone su alabanza.
R. Su sabiduría.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Que todos los pueblos proclamen, * Su sabiduría.

Magníficat
Ant. Le dio el Señor una sabiduría abundantísima que aprendió sin malicia y repartió.
O bien, especialmente con canto: ant. En la asamblea le dio la palabra y lo llenó de espíritu, sabiduría e inteligencia.

Preces
Roguemos con insistencia a Dios, en el que no hay oscuridad, para que ilumine con un rayo de su luz la mente de los hombres y los dirija constantemente, diciendo:

Resplandezca la luz del Señor sobre nosotros.

Creador inenarrable, que has ordenado el mundo con número, peso y medida,
— da a los científicos y a los artistas esfuerzo para buscarte, ciencia para encontrarte, ingenio para manifestarte.
Dios, en quien vivimos, nos movemos y existimos,
— da a los pueblos que, buscándote te encuentren y te retengan consigo.
Tú que hiciste a tu siervo Tomás humilde de corazón y grande de alma,
— concédenos ser semejantes a él los que tenemos la misión de comunicar las verdades de la fe a los hombres.
Tú que nos has hecho de corazón inquieto, hasta que no descansemos en ti,
— llévanos por tus senderos a la luz en que tu moras.
Dios, a quien tantos te buscaron a ciegas en su vida, muriendo antes de encontrarse claramente contigo:
— concédeles benigno participar también ellos con los santos en tu luz.

Concluyamos nuestra oración al Padre pidiéndole el pan de cada día y el alimento verdadero para la vida eterna: Padre nuestro.

Oración
Oh Dios, que hiciste de santo Tomás un varón preclaro por su anhelo de santidad y por su dedicación a las ciencias sagradas; concédenos entender lo que él enseñó e imitar el ejemplo que nos dejó en su vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

Bendición final
Que Dios os bendiga y él, que dio a santo Tomás escrutar su insondable divinidad, os dé a vosotros amarlo de verdad. Amén.

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