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María del Carmen Benavides y Mujica OP

Datos biográficos

 

Vigencia y actualidad de una mujer laica 

Después de leer los testimonios de personas que conocieron a esta «mujer más admirable de Quillota» se llega a la conclusión de que tenemos delante una mujer que puede ser modelo de vida cristiana en el mundo actual. Se ha introducido su causa de beatificación a «nivel diocesano. Tres son las características que en su conjunto la hacen digna de nuestra admiración: ser seglar, ser mujer, y haber dedicado su vida a los más necesitados.

María del Carmen Benavides (1777-1849) nació y se educó en una familia que B. Vicuña Mackenna calificó de «sumamente notable» por su temple heroico. De diez hermanos, dos fueron ejemplares sacerdotes, y otros dos, valientes luchadores en las lides de la Independencia de Chile. De jovencita quiso ingresar en el Monasterio de las «Monjas Rosas» de Santiago, y lo hubiera hecho de no haberse interpuesto su confesor, quien opinaba que su vocación no estaba en el claustro, sino al lado de su madre, recientemente viuda. Carmencita llegó a convencerse de que Dios la esperaba en el mundo para realizar allí su vocación cristiana.

Iglesia Santo Domingo de Quillota.

Ya que se le cerró el camino de la vida religiosa, ella encontró la alternativa de unirse al grupo de «laicos dominicos» (Orden Tercera), que ya entonces funcionaba en el templo de Santo Domingo. En esto estuvo el desquite de la decidida joven: sería dominica pero seglar, y «seglar hasta la punta de los dedos, como dijo de sí mismo un famoso convertido de nuestros días, que intentó ser sacerdote sin lograrlo. Con la profesión en la Orden Tercera hizo también el voto de imitar la vida de Santa Rosa de Lima, muy en la línea de Santa Catalina de Siena. Y lo consiguió.

Laica por vocación, había de hacer de su bautismo y confirmación la fuente de un apostolado muy fecundo. Nada de conformarse con ser cristiana de segunda clase. La joven Carmencita no se casó: dentro de su vida seglar escogió un camino más alto, el de la virginidad perpetua. Nos cuentan las crónicas que un hacendero rico del lugar quedó prendado de sus cualidades físicas y morales, y la pidió en matrimonio. Ella se negó repetidas veces e incluso rechazó los consejos de su madre que veía en este matrimonio una solución para los muchos gastos en que la hija incurría con sus obras de caridad. La joven tuvo que reconocer que estaba comprometida con Otro -Jesús en la Eucaristía- a quien se había consagrado para siempre.  

Vida entregada a los pobres

Para estos trabajos se servía de la ayuda de cinco sobrinas a quienes ella educó desde niñas y preparó para este apostolado de misericordia. A quienes ponían reparos a que emplease en estos trabajos a jóvenes tan inexpertas, ella contestaba con gracia: «Mis sobrinas son palomitas de campanario no se asustan de las campanas». «Muy compasiva con los ancianos desvalidos a quienes llamaba emisarios ante la divina misericordia; pues, decía, como tienen que comparecer muy luego ante la presencia del Esposo divino, es menester trabajar con empeño para que se presenten con el alma bien limpia y purificada, como verdadero traje de bodas».

También los niños abandonados y hasta los presos de la cárcel eran objeto de sus cuidados muy efectivos. Su casa quedó convertida en el primer centro asistencial que hubo en la ciudad de Quillota, llegando a albergar a más de cincuenta enfermos. ¿Con qué medios materiales podía acudir a tantos gastos? Aquí habría que referirse a los muchos milagros que hacía la «beatita», y este no es uno de los menores. Con el ejemplo de su vida abnegada logró que muchas personas se sintieran solidarias, y la ayudaran con sus limosnas. Uno de ellos, Don Francisco González Oreján, había quedado impactado por esta obra, y comenzó a ayudarla todos los meses. Al morir la «beatita», este generoso caballero canalizó sus ayudas en la fundación del Hospital de San Martín, que aún perdura, y que podemos considerar como una herencia de aquella mujer extraordinaria.

Talante espiritual de la «beatita» Benavides

Éxtasis, levitaciones, sobre todo, al ir a recibir la sagrada comunión, poder de sanación y adivinación, de todo dan testimonio los que la conocieron. Pero lo más acorde a su condición de seglar es su entrega a los más necesitados. Por su cuenta y riesgo y sin apoyo de nadie, convirtió su casa solariega en el primer centro de caridad que hubo en Quillota. El talante heroico de su familia lo potenció la ‘beatita’ en el desarrollo de una vida auténticamente seglar dentro de la Familia Dominicana. Se convirtió en el núcleo vivo de la ciudad en su momento de formación. Fue siempre la admiración de su pueblo, que suponía iba a primera santa de Chile.

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Sepulcro de la «beatita» Benvides.

Oración para pedir la beatificación de María del Carmen Benavides y Mujica OP

Padre de bondad,
que infundiste en el alma de
María del Carmen Benavides
el deseo de cumplir tu voluntad en el servicio de los más necesitados: te rogamos que la santidad de esta hermana nuestra sea reconocida por la Iglesia, de modo que su ejemplo ilumine nuestro camino y
despierte nuestra generosidad
en la tarea de socorrer al prójimo.
Concédenos la gracia que
te solicitamos por su intercesión.
Te lo pedimos, por Cristo
nuestro Señor. 

 

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Fuente: CALDERÓN, Fray Emilio. Artículo del prior del convento Santo Domingo de Quillota

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