Novena 6

DÍA SEXTO | LA INTERCESIÓN

Sexto modo de orar
Oraba con los brazos y las manos extendidas y abiertas en forma de cruz, mientras permanecía de pie.

Textos bíblicos
1Re 17, 21.24 | Sal 87, 2-10; 142, 1-6 | Heb 5, 7

Reflexión
Nuestro Padre Santo Domingo oraba con los brazos y manos extendidas en forma de cruz, como una manera de interceder ante Dios por los hombres. Cuentan los biógrafos que esta forma de oración no era frecuente en él, sino cuando inspirado por Dios comprendía que algo grandioso iba a ocurrir en virtud de la oración, como cuando revivió al joven Napoleón en la sacristía de San Sixto de Roma.
Sin embargo, la fisonomía de vida de Santo Domingo nos lo muestra como un eficaz intercesor. Formado en la escuela de Caná, donde la Virgen María –Madre y Medianera de la Gracia– nos dice “Hagan todo lo que él les diga” (Jn 2, 5), Domingo vive y predica lo que Cristo enseña. Y mirando las necesidades de los hombres y mujeres de su tiempo –y también de hoy– no deja de interceder.
Movido por la compasión, intercedió por las necesidades materiales de los que lo rodeaban despojándose de todo, incluso de sus libros. Intercedió por aquellos que habían perdido la libertad, vendiéndose incluso a sí mismo. Pasaba las noches entre oración y lágrimas pidiendo a Dios por los pecadores. Y culminó su vida con una promesa: que intercedería por nosotros desde la Casa del Padre.
Cuando las preocupaciones y las tristezas de esta vida nos asalten, no olvidemos que el afable Domingo está allí, pidiendo por nosotros. Cuando los enemigos del alma nos acechen, el Predicador de la Gracia está allí, para procurar nuestra libertad. En el tránsito de esta vida, el amigo de Dios y de los hombres, camina con nosotros para asegurar nuestra amistad con Dios, intercediendo por nosotros desde el Cielo.

Oración
Padre Domingo, habla hoy de tus hermanos al Eterno Rey. Míranos con tus ojos compasivos y presenta nuestras necesidades al Dios de la Vida. Extiende tus brazos y tus manos por los que hoy sufren en este mundo. Predicador de la Gracia, no dejes que nos falte el amor de Dios en el corazón. Recuerda una vez más tu promesa, ayúdanos hoy a predicar la Verdad con nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Matias Pedernera Allende
Pier Giorgio Frassati MJD | Córdoba

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Sobre el jubileo de Santo Domingo

2 respuestas

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