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«La cosecha es abundante»

Domingo XIV

 

3 de julio de 2022
Is 66,10-14 | Sal 66,1-3.4-5.6-7.16.20 | Ga 6,14-18

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 10,1-12.17-20

El Evangelio de hoy nos dice que en el campo en el que siembra Dios, en el campo en el que nuestro Señor esparce la semilla «la cosecha es abundante». Y ésta es ciertamente la alegría del Divino Sembrador, que en su campo «la cosecha es abundante». Su gozo está en contemplar que la semilla que él plantó por medio de su Hijo y sus enviados dio buen fruto y que el campo ahora rebosa de primicias.

Pero para recoger esta cosecha, el Divino Agricultor, quiere hacerlo por medio de sus hijos. Quiere que los hombres colaboremos en el trabajo que hay en su campo. Ahora bien, él sabe que esta tarea que nos asigna, de cosechar en su campo, es una tarea que está por sobre nuestras fuerzas y que no sobrepasa porque «la cosecha es abundante». Y por eso nos advierte: «rueguen… rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha». En estas palabras, en este consejo, se nos revela el anhelo salvífico de Dios. Eso que San Pablo enseñó diciéndonos que «Dios quiere que todos los hombres se salven» (1Tm 2,4).

El anhelo universal de salvación de Dios, entonces, aparece hoy en nuestro evangelio encubierto bajo el deseo del Divino Sembrador que no quiere que nada de esa cosecha abundante se pierda y por eso nos aconseja, nos sugiere y persuade diciéndonos: «rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha». Que es como si dijera: «La cosecha es abundante. No quiero que nada de lo que he sembrado se pierda. Por eso, rueguen… rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha, para que nada se pierda».

Y es así como este domingo la Iglesia nos invita a pedirle a Dios más y más trabajadores para que nada de lo que él ha sembrado en su campo se pierda. Le rogamos hoy con nuestras plegarias que envíe obreros, esto es, sacerdotes, religiosos, consagrados, laicos comprometidos y matrimonios que deseen ponerse a trabajar en el campo de Dios para que nada de esta cosecha abundante se pierda.

Todos estamos llamados a cooperar con el Divino Maestro en la tarea a la que él nos llama: trabajar en los campos que él sembró. Y si bien, todos los bautizados trabajamos en el campo que Dios sembró, para que nada de la cosecha abundante se pierda, lo cierto es que no todos empleamos los mismos instrumentos para este trabajo. Así algunos, los religiosos, empleamos los votos religiosos y esa será nuestra manera de cosechar. Otros, emplearán las herramientas de la fidelidad conyugal y esa será su manera de cosechar en este campo. Otros emplearan las herramientas de la predicación, de la enseñanza, de la oración, de las obras de misericordia, etc. Y así, de este modo, laicos, consagrados y todos los bautizados, a su modo, trabajarán en esta cosecha de Dios para que nada se pierda.

«La cosecha es abundante», insiste Nuestro Señor, el trabajo arrecia y aumenta día a día en los sembrados del Señor. Es hora de cosechar pero también es hora de rogar. Es hora de recoger frutos de vida eterna para el Reino de Dios pero también de rogar que otros se sumen a la cosecha para que nada de lo que se ha sembrado se pierda.

Pidamos, entonces, en este día que la cosecha para el Reino sea abundante, que el horizonte de nuestro trabajo por la Iglesia se expanda cada día más y más sumando cada día nuevos campos sembrados y nuevos trabajadores para que nada de lo que Dios ha sembrado se pierda. Porque: «la cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha».

Fray Juan María Andrada OP
San Miguel de Tucumán

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