Novena de los santos dominicos

Virgen del Santísimo Rosario

 

Modo de rezar la Novena

Al comenzar se reza la siguiente oración.

Oración para todos los días
¡Santísima Madre de Dios, Nuestra Señora del Rosario! Humildemente suplicamos tu auxilio para vivir en fidelidad a la gracia de Dios. Ayúdanos a ser, según tu ejemplo, tierra buena donde la semilla de la Palabra de tu Hijo dé mucho fruto. Estas gracias especialmente te pedimos, oh Madre nuestra, que deseamos alcanzar por tu intercesión.
Se deja un instante de silencio para que cada uno exprese su petición.
Todo sea, Señora nuestra, para alabanza y gloria de la Santísima Trinidad. Amén.

A continuación se reza el santo Rosario como de costumbre.

Oración del primer día | 28 de septiembre
Oh santa María, oh luz del cielo y de la tierra, de esta tierra que has iluminado con el misterio de tu Hijo, el Verbo divino; Tú que has dado a luz el esplendor de los Ángeles, dame una inteligencia que resplandezca; ideas justas, ciencia segura, fe sólida, junto con un hablar que le corresponda y procure gracia a mis oyentes; una palabra que sirva para confirmación de la fe, de edificación a la santa Iglesia y al honor de nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Que esta palabra diga y repita, oh divina María, que no cesas de colmar con los tesoros de tu misericordia a un pecador como soy yo, y manifestar por mi boca los prodigios de tu omnipotencia.
Oración del predicador | San Alberto Magno

Oración del segundo día | 29 de septiembre
Oh beatísima y dulcísima Virgen María, Madre de Dios, rica en misericordia, hija del sumo Rey, Señora de los Ángeles, Madre del Creador, al seno de tu misericordia confío este día y todos los días de mi vida, mi cuerpo y mi alma, todos mis actos, pensamientos, quereres, deseos, palabras y obras, toda mi vida y su fin, para que por tu intercesión vayan ordenados al bien, en conformidad con la voluntad de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, a fin de que, oh mi Señora santísima, tú seas mi ayuda y mi consuelo contra las insidias y los lazos del antiguo enemigo y de todos mis enemigos.
Oración del religioso | Santo Tomás de Aquino

Oración del tercer día | 30 de septiembre
Oh María, templo de la Trinidad! Oh María portadora de fuego, María dispensadora de misericordia, restauradora del género humano, porque llevando en tu cuerpo al Verbo, fue redimido el mundo. Cristo lo redimió con su pasión y con tu dolor del cuerpo y de la mente.
Oh María, mar pacífico, María de la paz. María, tierra feraz. Tú, María, eres aquella nueva planta por la que tenemos a la perfumada flor del Verbo, Unigénito Hijo de Dios, pues en ti, tierra fecunda, fue sembrado este Verbo. Tú eres la tierra y la planta. Oh María, carro de fuego, tú llevaste el fuego escondido y velado bajo las cenizas de tu humanidad.
Oh María, vaso de humildad, en la que está y arde la luz del verdadero conocimiento, con cuya luz te elevaste sobre ti misma y por eso agradaste al Padre eterno, quien te raptó y llevó a sí, amándote con singular amor. Con la misma luz y fuego de tu caridad y con el aceite de tu humildad atrajiste e inclinaste su divinidad a venir a ti, si bien y antes era Dios atraído a venir a nosotros por el ardentísimo fuego de su inestimable caridad.
Oración | Santa Catalina de Siena

Oración del cuarto día | 01 de octubre 
Te saludo, oh María Inmaculada, vivo templo de Dios, en el que la Sabiduría Eterna se esconde y quiere ser adorada por los ángeles y por los hombres. Te saludo, Reina del universo, que gobiernas todo aquello que está sometido a la soberanía de Dios. Te saludo, refugio seguro para los pecadores y asilo de misericordia para todos. Escucha los deseos que tengo de la divina Sabiduría y recibe, con este fin, las promesas y los dones que mi pequeñez te ofrece.
Yo, pecador infiel, hoy, en tus manos, renuevo y ratifico las promesas de mi bautismo. Renuncio a Satanás, a sus seducciones y a sus obras, y me doy enteramente a Jesucristo, Sabiduría encarnada, para llevar cada día mi cruz con El y para serle fiel en el futuro. Hoy, en presencia de los ángeles y de los santos, te elijo por mi Madre y Señora. Me ofrezco y me consagro enteramente a ti como esclavo; encomiendo a tu dominio materno mi cuerpo y mi alma, los bienes interiores y exteriores, el valor mismo de las buenas obras pasadas, presentes
y futuras. Te entrego el derecho pleno y total para disponer de cuanto soy y de cuanto tengo, sin exclusión, según tu beneplácito, para mayor gloria de Dios, en el tiempo y por la eternidad.
Oración a María | Luis María Grignion de Montfort

Oración del quinto día | 02 de octubre
¡Qué maravilla! Ella ha gestado en su seno a Dios, su Señor y Creador, y lo ha tenido entre sus brazos del modo más deseable y gozoso que se pueda concebir. Ella no tenía ninguna duda de que era el Señor, su Dios; es más, lo sabía con absoluta certeza. Lo trataba con la libertad de una madre y Él vivía con Ella como su hijo. Sin embargo, su corazón jamás obtuvo descanso ni satisfacción, en toda su vida, en ninguna de estas cosas, ni siquiera un instante. Pues su espíritu se elevaba incesantemente hasta el Abismo [de Dios], en donde únicamente encontraba su descanso. Este [Abismo] era su heredad, su descanso y su morada.
Sermón | Fray Juan Taulero

Oración del sexto día | 03 de octubre
Virgen, Madre de Dios, intercede por nosotros, asístenos pues somos miserables, intercede por nosotros, purifícanos de los vicios, intercede por nosotros, para que por tus méritos Dios se apiade de nosotros; ¡intercede por nosotros!
Virgen, hija de David, intercede por nosotros. Llena de la gracia de Dios, intercede por nosotros, que se nos dé nueva gracia, porque te veneramos; ¡intercede por nosotros!
Virgen, joya de las vírgenes, intercede por nosotros, mediadora de todos, intercede por nosotros, esperanza de los que en ti creen, intercede por nosotros, que por tu gozo se nos dé nuevo remedio; ¡intercede por nosotros!
Virgen llena de gozo, intercede por nosotros, que tu misericordia la remisión para nosotros, intercede por nosotros, que por tu intercesión se nos conceda nueva redención; ¡intercede por nosotros!
Invocación litánica | Siglo XII

Oración del séptimo día | 04 de octubre
¡Oh especial y singular amiga de Dios! ¡Oh preciosísimo trono de oro de la Eterna Sabiduría! Permite a este pobre pecador hablar un poco contigo. Mi alma se postra a tus pies con el corazón temeroso, con los ojos caídos y con el rostro avergonzado. Señora mía, Madre de gracia, yo no sé cómo, pero siento como si ni yo ni pecador alguno tuviéramos necesidad de mediador, permiso o ayuda alguna ante Ti: Tu eres la inmediata mediadora de todos los pecadores ante tu Hijo. Por eso, cuanto más enredado se siente uno en sus muchos pecados, tanto más justo le parece acudir a Ti; y cuanto más pecador, tanto mayor derecho piensa tener para refugiarse en Ti. Así pues, alma mía, avanza alegremente. Aunque te juzgues repudiada por tus muchas y grandes culpas, te invita y te llama la incomprensible bondad de la Madre de Dios. Tú eres el único consuelo de los acusados, el único refugio de los pecadores.
Alabanza a la Virgen | Beato Enrique Susón

Oración del octavo día | 05 de octubre 
Tú, María, fuiste hecha libro en donde se halla escrita la regla de nuestra vida. Hoy la escribió en ti del Padre eterno. En ti se manifiesta hoy la fortaleza y la libertad del hombre. Digo que se muestra la dignidad del hombre, porque si te miro, María, veo que la mano del Espíritu Santo describió en ti la Trinidad, orando en ti al Verbo encarnado Unigénito Hijo de Dios. La escribió la Sabiduría del Padre, es decir, el mismo Verbo; está descrita la potencia, porque fue poderoso en llevar a cabo este gran misterio; y la ha escrito la clemencia del Espíritu Santo, dado que sólo por la clemencia divina fue ordenado y realizado tan gran misterio.
Oración | Santa Catalina de Siena

Oración del noveno día | 06 de octubre
A ti, Madre, nos acercamos con confianza. En ti, que has creído en las palabras mandadas desde el cielo y las has llevado en tu corazón, nos refugiamos los Predicadores.
En torno a ti, que asistes siempre al colegio de los apóstoles, estamos reunidos en la diversidad de lenguas numerosas y en la unidad de corazones.
En ti se ha hecho carne la Palabra que participamos, que contemplamos, que alabamos, que predicamos y por la que vivimos. Bajo tu amparo, pues, hoy de nuevo nos consagramos al ministerio de la Palabra encarnada y nos consagramos también a ti, para que escuchando, como tu, interiormente la Palabra y siendo ungidos por el Espíritu, del que tu fuiste sagrario, nos dediquemos incansablemente a la predicación del nombre de tu Hijo por el mundo.
Tu, iluminada desde tu interior, has conocido el misterio de la Palabra. Haz que por ti podamos nosotros percibir ahora su presencia en la historia de nuestro tiempo para que lleguemos a contemplarla cara a cara en el cielo.
A través de ti el Padre envió su Hijo al mundo para salvarlo; que por ti podamos ser testigos ante los hombres de la verdad que hace libres y del amor que retine.
Súplica a María | Orden de Predicadores

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