Nuestro Padre San Francisco de Asís, diácono

Breve historia

La fiesta de este día significa en la liturgia dominicana el singular vínculo de fraternidad que nos une con el fundador y con la Orden de los franciscanos, dada la afinidad de ambos fundadores en su misión histórica en la edificación de la Iglesia. Fueron, como recuerda santa Catalina: « Verdaderamente dos columnas de la santa Iglesia: Francisco con la pobreza, que es su verdadera característica, Domingo a su vez con la ciencia » (Diálogo, 158). Siguiendo nosotros su camino aprenderemos a ser fieles « discípulos de tan humildes maestros » (Celano, Vida 2a, 149).

Francisco es contemporáneo de santo Domingo. Siguiendo con admirable sencillez a Cristo pobre y con amor extraordinario a Cristo crucificado, se esforzó en asemejarse a él. Viviendo en la norma concretamente marcada en el Evangelio atrajo a sí una multitud de frailes y hermanas que enderezó con entusiasmo al amor de la pobreza, a la alabanza del Creador y a la obediencia a la Iglesia. Adornado con los estigmas de la pasión del Señor (1224) fue al encuentro de la « hermana muerte » lleno de alegría el 3 de octubre de 1226. Gregorio IX lo canonizó el 1228.

El probable encuentro de los dos fundadores en Roma en presencia del cardenal Hugolino —luego Gregorio IX— bien sea en el 1218, bien en 1221 es desde entonces un motivo repetido en su iconografía y siempre es expresión de la común inspiración evangélica de los dos fundadores y de sus Órdenes. Por inmemorable tradición las dos Ordenes celebran juntas a los dos fundadores y repiten la antigua antífona: « El seráfico Francisco y el apostólico Domingo, nos enseñaron, Señor, tu ley. »

 

Liturgia de las Horas

Del Común de religiosos.

Invitatorio

Ant. Venid, adoremos a Cristo, que ensalza a los humildes.
O bien, especialmente con canto: ant. Sea ensalzada la obra de la salvación y su autor Cristo Rey, * Cuyas llagas se renovaron en Francisco.

Oficio de lectura

Himno

Salmodia
Ant. 1 Dios hizo que me olvidara de la casa paterna y me hizo crecer en la tierra de mi pobreza.

Salmo 1 
Los dos caminos del hombre

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos +
ni entra por la senda de los pecadores *
ni se sienta en la reunión de los cínicos.
Sino que su gozo es la ley del Señor, *
y medita su ley día y noche.

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia +
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas *
y cuanto emprende tiene buen fin.

No así los impíos, no así, *
serán paja que arrebata el viento.
En el juicio lo impíos no se levantarán, *
ni los pecadores en la asamblea de los justo»
porque el Señor protege el camino de los justo», *
pero el camino de los impíos acaba mal.

Ant. 1 Dios hizo que me olvidara de la casa paterna y me hizo crecer en la tierra de mi pobreza.

Ant 2. Estimé como riqueza mayor que los tesoros el oprobio de la cruz de Cristo

Salmo 8 
Majestad del Señor y dignidad del hombre

Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre +
en toda la tierra! *
Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.

De la boca de los niños de pecho +
las sacado una alabanza contra tus enemigos, *
para reprimir al adversario y al rebelde.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos *
la luna y las estrellas, que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, *
el ser humano para darle poder?

lo hiciste poco inferior a los ángeles, *
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos, *
todo lo sometiste bajo sus pies:

rebaños de ovejas y toros *
y hasta las bestias del campo
las aves del cielo, los peces del mar *
que trazan sendas por el mar.

Ant. Estimé como riqueza mayor que los tesoros el oprobio de la cruz de Cristo.

Ant 3. Estoy muerto para el mundo y mi vida está escondida con Cristo en Dios.

Salmo 15 
El Señor es el lote de mi heredad

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; +
yo digo al Señor: « Tu eres mi bien. » *
los dioses y señores de la tierra no me satisfacen.

Multiplican las estatuas de dioses extraños, +
no derramaré sus libaciones con mis manos, *
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; *
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso, *
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja, *
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor, *
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón, +
se gozan mis entrañas, *
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte, *
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el camino de la vida, +
me saciarás de gozo en tu presencia, *
de alegría perpetua a tu derecha.

Ant. Estoy muerto para el mundo y mi vida está escondida con Cristo en Dios.

V. Señalaste, Señor, a tu siervo Francisco.
R. Con las señales de nuestra redención.

Primera lectura
Del libro del Eclesiástico                                                                      Si 50, 1. 4-11. 13-14. 22-25

Como sol que brilla sobre el templo del Altísimo

Mirad a quien en su vida reparó la casa y en sus días fortificó el santuario. Él cuidó de su pueblo para evitar su ruina y fortificó la ciudad contra el asedio. ¡Qué glorioso era rodeado de su pueblo, cuando salía de la casa del velo! Como lucero del alba en medio de las nubes, como la luna llena, como el sol que brilla sobre el templo del Altísimo, como el arco iris que ilumina las nubes de gloria, como flor de rosal en primavera, como lirio junto al manantial, como brote del Líbano en verano, como fuego e incienso en el incensario, como vaso de oro macizo adornado de toda clase de piedras preciosas, como olivo floreciente de frutos, como ciprés que se eleva hasta las nubes, cuando se ponía la vestidura de gala y se vestía sus elegantes ornamentos.

Cuando recibía las porciones de las manos de los sacerdotes, él mismo de pie junto al hogar del y en torno a él la corona de sus hermanos, brotes de cedro en el Líbano; lo rodeaban como altar, como tallos de palmera todos los hijos de Aarón en su esplendor Entonces bajaba y elevaba sus manos sobre toda la asamblea de los
hijos de Israel, para dar con sus labios la bendición del Señor y tener el honor de pronunciar su nombre. Y por segunda vez todos se postraban para recibir la bendición del Altísimo.

Y ahora bendecid al Dios del universo, el que por todas partes hace grandes cosas, el que exaltó nuestros días desde el seno materno, y que nos trata según su misericordia. Que nos dé contento al corazón y que haya paz en nuestros días, en Israel por los siglos de los siglos.

Responsorio                                                                                                                    1 CO 2, 4.2
V. Mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, * Sino en la manifestación y poder del Espíritu.
R. Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna sino a Jesucristo, y éste crucificado. * Sino la manifestación y poder del Espíritu.

Segunda lectura
De una Carta enviada desde el capítulo general del MO fray Humberto de Romans

(Epist. IV Opera de vita regulari, ed. J.-J. Berthier, vol II, Romae 1889, pp. 495-500)

El Salvador del mundo suscitó a los Menores y a los Predicadores para el ministerio de la salvación

A los queridísimos y amadísimos en Jesucristo, frailes Menores y Predicadores esparcidos por toda la tierra, fray Juan, Ministro general de los frailes Menores y fray Humberto, siervo inútil de los frailes Predicadores, os desean salud y que caminéis de un modo digno y loable en la santa vocación.

El Salvador del mundo, que ama a los hombres y no quiere que alguno perezca, (Jn 3, 15) después de la primera caída del género humano, ofrece incesantemente a cada generación, mediante sus diversos ministros, diversísimos remedios para la reparación de este mal, pero en estos últimos días, ya al final de los siglos, ha suscitado a nuestras dos Órdenes, como se cree sin duda alguna, para un ministerio de salvación, llamando a ellas no pocos hombres y enriqueciéndolas de bienes celestiales, mediante los cuales puedan actuar con eficacia en la salvación personal y de los demás no sólo con palabras sino más aún con el ejemplo.

Ellas son, hablando para gloria de Dios y no nuestra , dos grandes lumbreras que iluminan y disipan las tinieblas con una luz celestial para los que vivan en sombras de muerte en cualquier parte de la tierra. (Is 9, 1; Lc 1, 71)

Ellas son las dos trompetas de plata del verdadero Moisés: Cristo nuestro Dios y Señor, que por medio de su ministerio ya ha convocado a su servicio a una multitud innumerable de pueblos. (Nm 10, 2)

Son dos querubines llenos de ciencia que se contemplan y se aman mutuamente y que extienden sus alas sobre el propiciatorio, y que están preparados a emprender el vuelo cuando se lo pida la obediencia para sembrar la ciencia de la salvación sobre todos los pueblos. (Ex 37, 8)

Ellas son los dos pechos de la Esposa de los que se nutren los pequeños en relación a la medida de Cristo, para alimentarse y crecer hasta la salvación. (Ct 7, 3; Ef 4, 13)

Ellas son los dos ungidos que sirven al dueño de todo el mundo, preparados a obedecerlo y a cumplir las misiones que él los encargue en cualquier lugar. (Za, 4.14)

Son los dos testigos de Cristo, que, vestidos de saco, están ya predicando y dando testimonio de la verdad. (Jn 1, 15)

Estas son dos estrellas luminosas, que según el vaticinio de la Sibila teniendo la figura de cuatro animales anuncian a voces en los últimos tiempos el nombre del Cordero con la humildad y la pobreza. (Is 6, 2; Ap 4, 8)

¡Considerad, por tanto, queridos, y pensad cuánto debe abundar la pureza del amor entre vosotros, a quienes la madre Iglesia engendró al mismo tiempo, (Gr 25, 24) y a quienes el Amor eterno ha conferido idéntica misión de la salvación de las almas a conseguir en colaboración, y cuyas profesiones tan poco diversas nos hacen tan parecidos y que tanto nos debemos amar mutuamente pues somos tan semejantes!

¿Cómo, en fin, seremos reconocidos como verdaderos discípulos de Cristo si entre nosotros no se da un amor mutuo bien evidente? (Jn 13, 35)

¿Cómo lograremos inculcar en nuestra predicación el amor en el corazón de los demás, ese amor de uros para con otros que se debe anteponer a todo lo demás, si se descubre que nosotros lo hemos quebrantado, o es casi imperceptible entre nosotros mismos?

¿Cómo podremos resistir a tanta oposición que se nos hace y que nos está amenazando si entre nosotros estamos divididos por alguna disensión?

¡Qué gran ejemplo de mutuo amor y de paz nos han dejado nuestros Padres, el bienaventurado Francisco y el bienaventurado Domingo y todos nuestros primeros frailes, que tan tiernamente se amaron en vida y nos dieron muestras de un amor tan sincero cuando se consideraban unos a otros como ángeles de Dios; y cuando unos a otros se acogieron como quien acoge a Cristo; o cuando competían entre sí a quién de ellos honrar más; o cuando se alegraban recíprocamente de los triunfos de cada cual; o cuando mutuamente se ensalzaban con elogios; o cuando unos promovían el éxito de los otros; o cuando tenían sumo cuidado y prudencia en no promover escándalos u otra suerte de dificultades de unos para con otros!

Responsorio                                                                                                                        Sal 116, 1
R. El seráfico Padre Francisco y el apostólico Padre Domingo, * Nos enseñaron, Señor, tu ley.
V. Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos. * Nos enseñaron, Señor, tu ley.

Te Deum
Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.
Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:
Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.
A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:
Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
Santo Espíritu de amor y de consuelo.
Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.
Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.
Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.
Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.
Tú vendrás algún día,
como juez universal.
Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.
Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y elegidos.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.
Sé su pastor,
y guíalos por siempre.
Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.
Dígnate, Señor,
guardamos de pecado en este día.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado.

Laudes

Himno

Salmodia
Ant. 1 Fue hallado perfecto y justo y en el tiempo de la ira fue hecho reconciliación.
Salmos y cántico del domingo de la semana primera.
Ant. 2 La alabanza de Dios estaba siempre en su boca; invita a los astros, espíritus, aves y demás criaturas a la alabanza del Creador.
Ant. 3 Colocó Dios en alto al humilde y lo ensalzó hasta los extremos del orbe.

Lectura breve                                                                                                          Ga 1, 15-16.24A
Aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó a su gracia, se dignó revelar a su Hijo en mí para que yo lo anunciara a los gentiles. Y alababan a Dios por causa mía. 

Responsorio breve
V. Mi corazón y mi carne * Retozan por el Dios vivo.
R. Mi corazón y mi carne * Retozan por el Dios vivo.
V. Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor.
R. Retozan por el Dios vivo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Mi corazón y mi carne * Retozan por el Dios vivo.

Benedictus
Ant. Compartió con alegría los padecimientos de Cristo y ahora rebosa de gozo en la manifestación de su gloria.
O bien, especialmente con canto: ant. Con la fuerza del espíritu anuncia paz y salvación y une a la verdadera paz a los alejados de la salvación.
O bien: Nosotros no debemos gloriarnos, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

Preces
Roguemos humildemente a Cristo el Señor, que edificó la Iglesia mediante su sangre y que se ha dignado llamarnos al seguimiento de Francisco y digamos:

Consérvanos, Señor, en tu santo servicio.

Tú que viniste a anunciar la buena nueva a los pobres, enséñanos a extender tu reino con palabras y con obras,
— para que se afirme entre los hombres.

Tú que eres luz de los pueblos y maestro de santidad, concédenos adherirnos con firmeza a la fe verdadera,
— y anunciemos tu nombre hasta los confines de la tierra.

Tú que diste a tus discípulos el mandamiento del amor como el principal a guardar,
— concédenos esforzarnos en hacer el bien a todos.

Tú que eres la sabiduría del Padre eterno, ilumina nuestra inteligencia,
— para que actuando la verdad en la caridad pensemos siempre lo que es verdadero y santo.

Cristo, Salvador nuestro, que no hiciste de menos el trabajar con tus manos, ordena nuestras acciones,
— para que viendo todas nuestras buenas obras den gloria a Dios Padre.

Acuérdate, Señor, de nosotros cuando vuelvas en tu reino y ayúdanos a decir: 
Padre nuestro.

Oración
Te pedimos, Señor, que tu gracia celestial haga crecer siempre más a tu Iglesia, a la que te dignaste iluminar con los gloriosos méritos y ejemplos de nuestro Padre san Francisco. Por nuestro Señor Jesucristo.

Hora media

Salmos del día de la semana, o de la salmodia complementaria.

Sexta
Ant. Dichosos los pobres porque vuestro es el reino de Dios.

Lectura breve                                                                                                                   Flp 4, 4-7
Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino que en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras oraciones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

V. Yo soy pobre y desgraciado.
R. Pero el Señor se cuida de mí.

La oración como en Laudes.

Vísperas

Himno

Salmodia
Ant. 1 Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo y éste crucificado.
Salmos del Común de religiosos.
Ant. 2 Muriendo su misma muerte para conocerlo a él y la fuerza de su resurrección.
Ant. 3 Será el Señor tu luz perpetua y tu Dios será tu esplendor.

Lectura breve                                                                                                          Ga 6, 14.17B-18
Dios me libre de gloriarme sino es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo está con vuestro espíritu, hermanos. Amén.

Responsorio breve
V. Tu victoria * ha engrandecido su fama.
R. Tu victoria * ha engrandecido su fama.
V. Le concedes bendiciones incesantes.
R. Ha engrandecido su fama.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Tu victoria * ha engrandecido su fama.

Magníficat
Ant. La mirada de Dios lo vio firme en el bien y lo alzó de su humillación y levantó su cabeza: muchos se admiraron de él y por él alabaron al Señor.
O bien: Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
O bien: El Señor ha ensalzado a sus humildes siervos, y los recibió en su santa morada recordándose de su misericordia.

Preces
Pidamos a Dios, origen de toda santidad que por intercesión y a imitación de nuestro Padre san Francisco nos lleve a la santidad. Digámosle:

Te rogamos, óyenos.

Padre santo, que hiciste de tu siervo Francisco un discípulo perfecto de tu Hijo,
— haz que nosotros siguiendo sus huellas observemos también con fidelidad el Evangelio de Cristo.

Padre santo, condúcenos por los caminos de la paz que nuestro Padre san Francisco ya nos señaló,
— para que sepamos vivir de verdad en obediencia, sin propiedades y en castidad.

Padre santo, que dispersas a los soberbios y enalteces a los humildes
— concédenos seguir en su humildad a nuestro seráfico Padre.

Padre santo, que imprimiste en tu siervo Francisco las sagradas llagas de la pasión de tu Hijo,
— enséñanos a gloriarnos sólo y siempre en la cruz de Jesucristo.

Padre santo, que por la oración de nuestro Padre san Francisco perdonaste a tantos pecadores,
— muestra benigno la luz de tu rostro a nuestros hermanos difuntos.

Siendo hijos de un mismo Padre y viviendo unánimes en una misma casa, digamos a una voz con Jesucristo primogénito de Dios:
Padre nuestro.

Oración
Dios todopoderoso, que otorgaste a nuestro seráfico Padre san Francisco de Asís la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la pobreza; concédenos caminar tras sus huellas para que podamos seguir a tu Hijo y entregarnos a ti con amor jubiloso. Por el mismo nuestro Señor Jesucristo.

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