San Juan Macías, hermano cooperador

Breve historia

Nació en Ribera del Fresno (Badajoz) el año 1585. Quedó huérfano a los cuatro arlos y desde muy niño fue dedicado al oficio de pastor, cuando ya su vida estaba marcada per una primera educación en familia llena de especial devoción a la Virgen María, especialmente mediante el rezo del rosario. Emigrante hacia América del Sur, en una nave mercante llegó a Cartagena de Indias (Colombia) y más tarde a Lima. Allí pidió el hábito de hermano cooperador en el convento de Santa María Magdalena en 1622 cuando contaba treintaisiete años. Su vida se distingue por una gran pobreza, humildad y caridad. Fue portero del convento durante veintidós años y desde ese puesto ejerció una increíble obra de beneficencia material y espiritual con sus limosnas y con su rosario, ofrecido por los pecados propios, por los de los demás y en sufragio por las almas del purgatorio. Tuvo también mucho influjo en la ciudad con sus consejos. Vivió en gran amistad y comunicación con san Martin de Porres y santa Rosa de Lima. También, como san Martin, sufrió con valentía injurias y calumnias por su caridad heroica con los necesitados. Murió en Lima el 15 de septiembre de 1645 y su cuerpo se venera en la basílica del Rosario. Fue beatificado por Gregorio XVI en 1813 y canonizado por Pablo VI el 28 de septiembre de 1975.

Liturgia de las Horas

Del Común de religiosos o de santos consagrados a la misericordia.

Invitatorio

Ant. Venid, adoremos al Señor, que amaba a los pobres.
O bien, ant. Venid, adoremos a Crista Rey, que enaltece a los humildes.

Oficio de lectura

Himno
Cantemos de Dios la gloria,
cuando a san Juan alabamos,
que por ser su humilde siervo,
la corono ha recibido.

Holló los triunfos del mundo,
sobrellevó adversidades,
permaneció siempre rico
de caridad y de gracia.

Despreciando las riquezas
pasajeras, su mirada
fijó en los bienes de arriba,
de aquí abajo nada ansiaba.

Té pedimos, oh gran santo,
que escuches nuestras plegarias,
danos del bien el consuelo
para preparar el premio.

Poder, gloria y honor sean
a la Trinidad sagrada;
que la ayuda de los santos
nos conduzca a contemplarla. Amén.

Donde se celebra como fiesta.

Salmodia
Ant. 1
Señor, te ofrezco de buena gana y con alegría todo lo que tengo: manténme en mi propósito.
Salmos del común de religiosos.
Ant. 2
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte esté en tu mano.
Ant. 3 Vosotros, que habéis dejado todo y me habéis seguido, recibiréis cien veces más y heredaréis la vida eterna.

V. El Señor condujo al justo por sendas llanas.
R. Y le mostró el reino de Dios.

Primera Lectura
De la primera carta dela apóstol san Juan 4, 7-21

Quien ame a Dios, ame también a sus hermanos.

Queridos hermanos: Amémonos unos a otros, ya el amor es de Dios, y todo el que ama, ha nacido de Dios. Quien no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios mandó al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.
Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.
En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que nos ha dado su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.
Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tenemos confianza en el el día del juicio, pues como es él, así somos nosotros en este mundo. No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira al castigo; quien teme, no ha llegado a la plenitud del amor. Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero.
Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ame a Dios, ame también a sus hermanos.

Responsorio
R.
Dios es amor * Y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él.
V. Y en esto ha llegado su amor a la plenitud en nosotros. * Y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él.

Segunda Lectura
De la Homilía en la canonización del beato Juan Macías del Papa Pablo VI

(Roma, 28 spt. 1975, AAS 67 [1975], pp. 573-578)

Testigo admirable y elocuente de pobreza evangélica

Juan Macías, que fue pobre y vivió para los pobres, es un testimonio admirable y elocuente de pobreza evangélica: el joven huérfano, que con su escasa soldada de pastor, ayuda a los pobres «sus hermanos», mientras les comunica su fe; el emigrante que, guiado por su protector san Juan evangelista, no va en busca de riquezas, como tantos otros, sino para que se cumpla en él la voluntad de Dios; el mozo de posada y el mayoral de pastores que prodiga secretamente su caridad en favor de los necesitados, a la vez que les enseña a orar; el religioso que hace de sus votos una forma eminente de amor a Dios y al prójimo; que «no quiere para sí más que a Dios»; que desde su portería combina una intensísima vida de oración y penitencia con la asistencia directa y la distribución de alimentos a una verdadera muchedumbre de pobres; que se priva de buena parte de su propio alimento para darlo al hambriento, en quien su fe descubre la presencia palpitante de Jesucristo; en una palabra, la vida toda de este «padre de los pobres, de los huérfanos y necesitados» ¿no es una demostración palpable de la fecundidad de la pobreza evangélica, vivida en plenitud?
Cuando decimos que Juan Macías fue pobre, no nos referimos ciertamente a una pobreza –que nunca podría ser querida ni bendecida por Dios– equivalente a culpable miseria, o inoperante inercia en la consecución del justo bienestar, sino a esa pobreza llena de dignidad, que debe buscar el humilde pan terreno como fruto de la propia actividad.
¡Con cuánta exactitud y eficacia se dedicó a su deber, antes y después de ser religioso! Sus patronos y sus superiores dan claro testimonio de ello. Fueron Siempre sus manos las que supieron ganar el propio pan, el pan para su hermana, el pan para la multiplicada caridad. Ese pan, fruto de un esfuerzo socialmente creador y ejemplar, que personaliza, redime y configura a Cristo, mientras deja en lo íntimo del alma la filial confianza de que el Padre que alimenta a las aves del cielo y viste a los lirios del campo, no dejará de dar lo necesario a sus hijos: Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura. (Mt 6, 25-34)
Por otra parte, la ardua tarea de Juan Macías no distraía su alma del Pan celestial. El, que desde su niñez había sido introducido en el mundo íntimo de la presencia de Dios, fue, en medio de su actividad, un alma contemplativa. El campo, el agua, las estrellas, los pájaros le hablaban de Dios y le hacían sentir su cercanía: «Oh Señor, qué mercedes y regalos me hizo Dios en aquellos campos», mientras guardaba el rebaño: así exclamaba cuando ya era anciano. Y recordando su vida en el convento y aquel jardín donde con frecuencia se retiraba a orar de noche, diré: «Muchas veces orando a deshora de la noche, llegaban los pajarillos a cantar y yo apostaba con ellos a quién más alababa a Dios» ¡Frases de encantadora poesía que dejan entrever las largas horas dedicadas a la oración, a la devoción a la Eucaristía, al rezo del rosario!
Esta vida interior nunca representó para Juan Macías una evasión frente a los problemas de sus hermanos; antes bien, partiendo de la vida religiosa llegaba a la vida social. Su contacto con Dios no sólo no le hacía retraerse de los hombres, sino que lo llevaba a ellos, a sus necesidades, con renovado empeño y fuerza para remediarlos y conducirlos a una vida cada vez más digna, más elevada, más humana y más cristiana. No hacía con ello sino seguir las enseñanzas y deseos de la Iglesia, la cual con su preferencia por los pobres y su amor a la pobreza evangélica jamás quiso dejarlos en su estado, sino ayudarlos y levantarlos a formas de vida cada vez mejores y más conformes con su dignidad de hombres y de hijos de Dios.
A través de estos trazos parciales aparece ante nuestros ojos la figura maravillosa y atractiva de nuestro santo. Una figura actual; un ejemplo preclaro para nosotros, para nuestra sociedad.
Juan Macías supo en su vida honrar la pobreza con una doble ejemplaridad: con la búsqueda confiada del pan cotidiano para los pobres y con la búsqueda constante del Pan de los pobres, Cristo, que a todos conforta y conduce hacia la meta trascendente. ¡Estupendo mensaje para nosotros, para nuestro mundo materializado, tarado con frecuencia por un consumismo desenfrenado y por egoísmos sociales! Ejemplo elocuente de esa «unidad interior» que el cristiano debe realizar en su tarea terrena, imbuyéndola de fe y caridad. (Mater et Magistra, n. 51)

Responsorio
R.
Tened sentimientos de humildad unos con otros, * Porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes.
V. Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso. * Porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes.

Laudes

Himno
¡Oh admirable caridad del Redentor,
que al hombre quieres consagrar al Padre,
llevando su corazón el mismo Espíritu
de forma suave.

Hijos ya por el agua del bautismo,
de todo desprendidos, y mi delante,
infundiéndoles el germen del amor
a ti, oh Cristo.

Tú los llamas, y alegres van contigo,
de todo desprendidos, y tú delante,
buscando por el camino de la cruz
sólo al Padre.

A ti, Cristo, se unió este humilde santo,
con amor exclusivo y todo entero
ansiando siempre las rientes cimas
de las virtudes.

Loa sea al Padre y a ti, Cristo Rey,
honor par sea a] Santo Paráclito,
que el bien centuplicáis, si quien da poco,
lo da de veras. Amén.

Salmodia
Antífona 1
Ser. A
Se adhirió fuertemente al seguimiento de Cristo con la gracia y Juan demostró con obras y no sólo de nombre lo que era por profesión.
Ser. B El hombre de manos inocentes y de puro corazón, ése recibirá la bendición del Señor.
Antífona 2
Ser. A
Bebiendo en la contemplación de las fuentes del Salvador, contó a los pueblos las maravillas del Señor.
Ser. B Ensalzad con vuestras obras al rey de los siglos.
Antífona 3
Ser. A
Le acompañó sin cesar la generosidad del Padre de los cielos para ayudar a los pobres, aun viviendo bajo la regla de los pobres.
Ser. B Alabaré al Señor mientras viva.

Lectura breve
Si sirves a Dios serás recompensado. Pon cuidado, hijo, en todas tus acciones y muéstrate educado en toda tu conducta. No hagas a otro lo que a ti no te agrada. Da tu pan al hambriento y tu ropa al desnudo. Haz limosna de todo cuanto te sobra y que tu ojo no mire altanero cuando haces limosna. Pide consejo al sensato y no desprecies un consejo útil. Bendice al Señor Dios en todo momento y pídele que allane tus caminos y que te dé éxito a tus empresas y proyectos.

Responsorio breve
V.
La señal por la que conocerán, * Que sois discípulos míos.
R. La señal por la que conocerán, * Que sois discípulos míos.
V. Será que os améis unos a otros.
R. Que sois discípulos míos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. La señal por la que conocerán, * Que sois discípulos míos.

Benedictus
Ant.
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.
O bien, especialmente con canto: ant. Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso.

Oración
Oh Dios, que amas a los hombres y les diste de nuevo la salvación, por amor a ti el bienaventurado Juan se hizo todo para todos; concédenos, por su intercesión, estar siempre tan unidos a este misterio de tu bondad que de buena gana demos nuestros bienes y nuestra propia vida en favor de nuestros hermanos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Himno
Alegres a Juan honramos,
que con perfección te amaba;
agradecidos cantamos
de amor sincero este canto.

Fiel compañero de Cristo,
abandonó de buen grado,
las delicias y riquezas,
del mundo sutil engaño.

A ti se dio en obediencia
con su corazón sencillo;
imitó en pureza a Cristo,
de las vírgenes Esposo.

Sólo a ti buscó agradarte,
a ti sólo estuvo unido,
fomentó su amor ardiente
con alma, palabras y obras.

Para ti vivid en la tierra,
con su amor a ti enlazado;
triunfante volé a los cielos
libre sobre los luceros.

Haz que, siguiendo su ejemplo,
caminemos fervorosos,
para cantarte en el cielo
con el Espíritu y Cristo. Amén.

Salmodia
Antífona 1
Ser. A
Cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha.
Ser. B Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.
Antífona 2
Ser. A
Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Ser. B Dichosos los que trabajan por la paz; dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios.
Antífona 3
Ser. A
Os aseguro, que cada vez que los hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.
Ser. B Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también yo me pondré de su parte ante mi Padre.

Lectura breve
En esto hemos conocido lo que es amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos. Si uno tiene de que vivir y viendo a su hermano en necesidad, le cierra las entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos con palabras y solamente de boca, sino con obras y de verdad.

Responsorio breve
V.
El que ama a su hermano, * Permanece en la luz y no tropieza.
R. El que ama a su hermano, * Permanece en la luz y no tropieza.
V. El que camina en el amor guarda los mandamientos.
R. Permanece en la luz y no tropieza.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El que ama a su hermano, * Permanece en la luz y no tropieza.

Magnificat
Ant.
Quien se compadece del pobre será dichoso; el que cree en el Señor debe amar la misericordia.
O bien, especialmente con canto: ant. Los que con un corazón noble y generoso escuchan la palabra de Dios y la guardan, darán fruto perseverando.

Oración
Haz, Señor, que a imitación del bienaventurado Juan, al que diste caridad perfecta y una vida llena de candor, nosotros sepamos llevar con entusiasmo la carga del trabajo de cada día. Por nuestro Señor Jesucristo.

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