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“Todo lo ha hecho bien”

Domingo XXIII

 

5 de septiembre de 2021
Is 35, 4-7a | Sal 145, 7.8-9a.9bc-10 | St 2, 1-7

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Marcos 7, 31-37

En este evangelio de San Marcos, capítulo séptimo, encontramos esta expresión referida a Jesús: todo lo ha hecho bien. Esto es maravilloso. Porque también nosotros tenemos que tener esa confianza a pesar de nuestra sociedad actual, donde las cosas marchan algunas muy mal y muchas muy bien. Pero sabemos cuánto nos hace sufrir a nosotros lo que está mal de nuestra de parte: de nuestras autoridades civiles o religiosas o militares o sanitarias, sabemos muy bien qué y sufrimos porque no logramos como con Jesús, poder decir todo lo hizo bien. Tenemos que tener mucho cuidado de que todas nuestras cosas que hagamos sean bien hechas, al menos como intención nuestra. Pero para eso tenemos que cultivar las virtudes.

La principal virtud que tenemos que conservar en nuestra vida es sin duda la humildad. La humildad es la que nos hace descubrir el bien de los demás y no centrarnos en nosotros mismos y no ser como los egoístas, que piensan que lo único bueno es lo que ellos hacen. Están pensando siempre que lo que hacen los demás no es lo bueno sino lo malo. ¡Qué triste situación! Si nosotros vamos a la primera lectura del día de hoy en Isaías capítulo 55, vamos a encontrar algo muy positivo pero muy muy positivo lleno de Esperanza. Yo no les cuento porque ustedes lo podrán leerlo y ojalá que lo lean, estas homilías no son para sustituir a la lectura de los textos bíblicos sino para explicarlos y marcar las cosas que son más interesantes y para descubrirlas: aquí está un optimismo que no es basado en fábulas sino en la realidad de la bondad de Dios, que se derrama sobre nosotros sobre cada uno de nosotros, no tenemos que temer a esta alegría. Es la alegría sincera de saber que Dios nos ama a todos y como dice la segunda lectura de la carta de Santiago, en Dios no hay acepción de personas, todo lo contrario Dios tiene una preferencia. Por más que le moleste mucho a algunos, tiene preferencia por los pobres, y esto no es cuestión inventada por el papa Francisco. No es que quiera Dios que la gente sea pobre, (o “el pobrismo” como dicen algunos), o que los ignorantes sigan siendo ignorantes. Es todo lo contrario, pero ya que están así -pobres e ignorantes- Jesús quiere regalarles una riqueza especial. La carta de Santiago en el texto que leemos este domingo es muy elocuente, y qué lejos estamos nosotros de llevamos más 20 siglos de cristianismo y con la misma lectura, con la misma palabra de Dios y sin embargo, no hemos aprendido. Se podría decir al menos casi nada, porque obramos exactamente como dice acá el apóstol Santiago, es decir discriminamos entre ricos y entre pobres, discriminamos entre personas elegantes y personas digamos vestidas con vulgaridad. Y esto no lo podemos o no lo queremos sacar de encima en todas las sociedades: lo hacemos acá en Argentina, pero también lo hacen en otros lugares o en todos los lugares del mundo. Pero no hacemos lo que hace Jesús: de un sordo mudo al darle el oído y la voz y la saliva de Jesús le sirve digamos el instrumento de que la persona pueda hablar, tocando con su salida su lengua y tocando con sus dedos sus oídos y esos Milagros nos muestran que Jesús está lleno de amor por nosotros. Alguien decía, no me acuerdo qué santo o beato, que si nosotros supiéramos por (él lo conocía por experiencia mística), el amor que tiene Jesús para cada uno de nosotros moriríamos inmediatamente.

Pero nosotros pensamos a veces que nuestros pecados nos apartan de Dios. Y sí los pecados nos apartan de Dios es cierto, pero justamente Dios nos busca porque somos pecadores y nos quiere para liberarnos porque él ha venido para los pecadores no para los justos y ha venido para los enfermos y no para los sanos y por lo tanto, nosotros tenemos la necesidad de acercarnos a Jesús cuando Jesús se acerca a nosotros. No solo tenemos la seguridad de que no viene con severidad. No, sí manda enfermedad o manda una catástrofe es todo por amor. Es que no puede obrar de otra manera Jesús porque Jesús es Dios; y Dios es amor, y por lo tanto todo lo que habla Jesús, todo lo que permite, y todo lo que pone por obra siempre es por amor, aunque nosotros no lo entendamos así, aunque lo pensemos de otro modo. Aunque lo pensemos en calidad de castigo nada de nada es castigo, al contrario, todo es amor, aún el infierno, que existe y es tan temido y tan cierto, es una manifestación del amor de Dios. Nos cuesta entenderlo, sí nos debe costar, es un misterio. Claro que nos cuesta entender pero dejémosle a Dios, nosotros entreguémonos a que sea Él quien nos juzgue. No los demás, que nosotros no juzguemos sino que dejemos el juicio en las manos de Dios, aunque sea nuestro propio juicio personal.

Bueno hermanos/amigos, lean los textos bíblicos. No den por supuesto los textos, es justamente para que ustedes vayan y sigan en primer lugar los textos de una buena biblia católica, genuina, no inventada. Ojalá que lean primero esta breve homilía y luego vayan a ver los textos y comprobar que lo que les estoy diciendo es absolutamente cierto. Y qué, con la Gracia de Dios cambiemos, que no sigamos igual. Porque en la medida que cambiemos vamos a comenzar a hacer felices en la medida que sigamos siendo fieles y pacientes; y, después vamos a conquistar la felicidad eterna habiendo obrado con Jesús y por Jesús, y como Jesús, se pueda decir de nosotros: todo lo hizo bien. Y esto por medio de nuestra madre la Virgen María que tantos nos ayuda y que tanto amor recibió de su bendito hijo divino.

Gracias hermanos. Gracias por estar ahí, gracias por escuchar que Dios los quiere tanto. Dios los bendiga mucho y los colme de fe y esperanza.

Fray Diego José Correa OP
Mendoza, Argentina

Imagen: Christ healing a deaf and dumb man (Cristo sanando a un sordo-mudo) | Autor: Domenico Maggiotto | Fecha: 1713–1794 

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