San Pedro de Verona, presbítero y mártir

Breve historia

Nació a finales del siglo XII en Verona (Italia), de padres seguidores del maniqueísmo. Siendo aún niño se convirtió a la fe católica. De muy joven fue a Bolonia a estudiar y, movido por la predicación de santo Domingo, abrazó la vida dominicana y recibió el hábito de manos del mismo santo Domingo. Se dedicó después a la predicación, especialmente entre los cátaros. Valiéndose de la regla evangélica del  diálogo, como el santo Maestro Domingo, se convirtió en pregonero y testigo preclaro del Evangelio de la salvación.

Dotado maravillosamente de los dones del Espíritu Santo trabajó intensamente en la propagación y defensa de la fe verdadera y solícito de defender la fe entre el pueblo instituyó para ello las « Asociaciones de la fe » y las « Cofradías para la alabanza de la Bienaventurada Virgen María. » Amigo y seguidor de la fraternidad, promovió fervientemente la vida comunitaria y como prior la ordenó sabiamente y la defendió con empeño. Fue también solícito del bien espiritual de las hermanas, a las que brindó con gran amor su consejo y exhortación y les fue muy útil como guía espiritual.

Elevado al oficio de inquisidor a mediados de 1251, ya al final de su vida, cumplió su misión apostólica eficazmente y con gran clemencia. El día 6 de abril de 1252 regresando de Como a Milán cayó por la espada de los herejes «por amor a la fe y obediencia a la Iglesia romana » repitiendo como últimas palabras el Credo y ratificándolo con su sangre. Posteriormente uno de sus asesinos, Carino, ingresó en la Orden. El día 9 de marzo de 1253 (once meses después de su muerte), Inocencio IV inscribió a Pedro en el catálogo de los santos e instituyó su fiesta para el día 29 de abril. « Después de la reciente renovación litúrgica, su fiesta, impedida en abril, se celebra este día, que es el del aniversario de la traslación de sus restos en 1340 a una hermosa arca de mármol en la iglesia conventual de S. Eustorgio de Milán durante un capítulo general allí celebrado.

 

Liturgia de las horas

Del Común de un mártir.

Invitatorio

Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los mártires. (T.P. Aleluya.
O bien, especialmente con canto: ant. Adoremos al Rey del ejército celestial * y aclamémoslo por la victoria de su soldado. (T.P. Aleluya.)

Oficio de lectura

Himno
Hoy se celebra el día,
en que de las tinieblas,
un sol brillante surge.

Entre infieles nacido,
de ellos Pedro se aleja
por la luz de su vida.

Limpio, el mundo abandona,
abrazando la Orden
de los Predicadores.

De salvación espejo,
búcaro de virtudes,
de santa vida ejemplo.

Sembrando la palabra,
fuerte, lucha por Cristo,
extirpa los errores.

Su cuerpo cayó en tierra,
herido por cruel mano,
la fe con sangre sella.

Holocausto por Cristo,
entra al cielo llevando
la palma del martirio

El gozo sempiterno
disfruta con la gloria
de numerosos premios.

Perdón Dios nos otorgue
y el Premio de su gracia,
por la oración de Pedro.

Que al final de este exilio,
Dios nos conceda la gloria,
y eternidad dichosas. Amén.

Segunda lectura
De la Bula de canonización de san Pedro de Verona del papa Inocencio IV

(25 marzo 1253: BOP I, Romae 1729, pp. 228-230)

Pedro subió a la piedra que es Cristo, para ser dignamente coronado

Clama la voz de la sangre derramada, suena la trompeta del glorioso martirio y no calla la tierra empapada con la aspersión de su sangre. Estas son muestras seguras de la santa fe. Por eso se alegró el cielo, y la tierra igualmente exultó al percibir tanto gozo. Gran causa para alegrarse tiene la madre Iglesia; gran motivo de felicidad le ha sobrevenido.
Tiene la Iglesia por qué cantar al Señor un cántico nuevo, por qué entonar un himno de inmensa alabanza a su Dios. (Ap 5, 9) El pueblo cristiano tiene por qué aplaudir con las manos en alto al Altísimo, por qué aclamar con voces sonoras y regocijarse con ánimo alegre. La asamblea cristiana tiene motivo para elevar devotas canciones al Creador, puesto que del jardín de la fe llevaron recientemente un fruto agradable a la mesa del Rey eterno. De la viña de la Iglesia acaba de fluir el licor que se vierte en el cáliz real, porque un sarmiento fecundo cortado por la espada enemiga destiló más savia cuánto más unido estaba a la viva vid.
Una rosa roja brotó de la floreciente Orden de Predicadores. De la construcción de esta Iglesia se ha elegido una piedra que, labrada con el cincel de la tribulación, justamente se coloca en la construcción celeste. Por eso hay tanta alegría en el cielo, y todos los santos exultan y celebran la solemnidad de un día tan grande.
En verdad el bienaventurado Pedro, de la Orden de frailes Predicadores, eligiendo un camino de vida más seguro, se entregó totalmente al servicio divino, poniendo todo su empeño y orientando todas sus
acciones a la observancia de aquella fundación evangélica y siguiendo una senda recta y luminosa, es decir, la regla saludable de la misma Orden, poder regirse y orientarse e incluso ser conducido y llegar después del trabajo al descanso anhelado. En esta regla se robusteció y adelantó, por espacio de casi treinta años, guiado por la fe y acompañado de la caridad, sobre todo en la defensa de la misma, por la cual ardía todo entero. Y así Pedro, firme en la piedra de la fe y finalmente inmolado en la piedra-ara del martirio, subió hacia la piedra que es Cristo, para ser coronado dignamente.
Cómo deseaba sufrir la muerte por la fe se comprueba porque en sus intensas y frecuentes súplicas le pedía al Señor, sobre todo, que no lo dejara salir de este mundo sin haber bebido a causa de la fe del cáliz de la pasión. Cuando el asesino puso las manos en el ministro de Cristo para darle muerte, él no alzó ninguna queja, sino que sufriéndolo todo pacientemente, encomendó su espíritu al Señor diciendo: A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu, y comenzó, incluso, a recitar el símbolo de la fe, de la cual ni siquiera en este trance dejó de ser pregonero.
Así el grano de trigo cayendo en tierra, pisado por los pies de los infieles y muerto, se alza en espiga ubérrima; así el racimo hollado en el lagar produce el vino que se desborda; así el trigo trillado en la era y limpio de paja lo llevan al granero del Señor; así las hierbas aromáticas machacadas en el almirez exhalan profusamente su perfume; así arrebatan los esforzados el reino de los cielos; y así conquistan por la fe los santos el reino celestial.

Responsorio
V. Predicador ferviente, celador de la fe, * Amador y maestro esclarecido de la verdad. (T.P. Aleluya.)
R. Predica con la palabra y con la vida y muestra con signos abundantes su celo por la ley. * Amador y maestro esclarecido de la verdad. (T.P. Aleluya.)

Laudes

Himno
Dia grande y jubiloso,
nos regala hoy el cielo,
cuando Pedro ínclito mártir,
triunfante sube a la gloria.

De niño por la fe brilla,
sin la niebla de sus padres;
servir bien a Dios procura,
va a profesar la pobreza.

Castigaba el propio cuerpo
con trabajo y penitencias,
y de su Padre Domingo
anduvo, humilde, el camino.

Soldado fuerte de Cristo,
triunfante por el martirio,
intacto mantuvo el lirio
de pureza sin mancilla.

Alabanza y gloria sean,
a Dios Padre y a su Hijo
con el Espíritu Santo
por los siglos infinitos. Amén.

Salmodia
Antífona 1
Ser. A Mi alma está sedienta de ti, mi carne tiene ansia de ti. A la sombra de tus alas canto con júbilo por siempre. (T.P. Aleluya.)
Ser. B Enriquecido de gran pureza, refulgente por el carisma de la doctrina, esclarecido por la victoria del martirio, brilla Pedro en el cielo con triple corona. (T.P. Aleluya.)

Antífona 2
Ser. A El Cordero que está frente al trono lo condujo a las fuentes de la vida, y Dios enjugó las lágrimas de sus ojos. (T.P. Aleluya.)
Ser B Combatiendo en las filas de la Orden de Predicadores, está ahora incorporado a la multitud del ejército celeste. (T.P. Aleluya.)

Antífona 3
Ser. A Al que está sentado en el trono y al Cordero la bendición y el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos. (T.P. Aleluya.)
Ser. B Por su alma fue ángel, fruto dio su pa¬labra, fue apóstol con su vida, tuvo una muerte santa. (T.P. Aleluya.)

Lectura breve                         2 Tm 1, 8-10
No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor y por mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según las fuerzas que Dios te dé. El nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque antes de la creación, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo y ahora esa gracia se ha manifestado por medio del Evangelio, al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal.

Responsorio breve
V. El Señor es mi fuerza * Y mi alabanza.
R. El Señor es mi fuerza * Y mi alabanza.
V. El es mi salvación.
R. Y mi alabanza.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor es mi fuerza * Y mi alabanza.

Benedictus
Ant. El que quiera salvar su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. (T.P. Aleluya.)
O bien, especialmente con canto: ant. Preparaos, revestios de valor y estad dispuestos para dar la batalla. Es mejor morir combatiendo que estarnos mirando las desdichas de nuestra nación y del lugar santo. Lo que el cielo tenga dispuesto, lo cumplirá. (T.P. Aleluya.)

Preces propias o del Común de un mártir.

Oración
Te rogamos, Dios omnipotente, nos concedas vivir la fe con una dedicación tan generosa como la de tu bienaventurado mártir Pedro, que por la propagación de esta fe mereció alcanzar la palma del martirio. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas 

Himno
Exulte la madre Iglesia,
por estrella tan radiante,
cuando Pedro entra en el cielo,
con la palma del martirio.

Fraile humilde, casto y pobre,
a Cristo se dona entero,
su ley sigue y la predica
con su palabra y ejemplos.

Su voz de apóstol proclama,
que la fe es incorruptible;
al puñal de los herejes
por la fe entrega su vida.

Tras las huellas de otro Pedro,
que es de nuestra fe la piedra,
este Pedro a Cristo roca,
llega en triunfante victoria.

Alabanza y gloria sean
a Dios Padre y a su Hijo
con el Espíritu Santo
por los siglos infinitos. Amén.

Salmodia
Ant. 1 El Señor arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída: caminaré en presencia del Señor en el país de la vida. (T.P. Aleluya.)
Ant. 2 Oh Señor, yo soy tu siervo; te cumpliré mis votos en el atrio de tu casa eternamente. (T.P. Aleluya.)
Ant. 3 El Cordero degollado nos adquirió con su sangre e hizo de nosotros un reino y sacerdotes de nuestro Dios. (T.P. Aleluya.)

Lectura breve                          1 Tm 6, 11-14
Practica la justicia, la religión, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos. En presencia de Dios que da la vida al universo y de Cristo Jesús que dio testimonio ante Poncio Pilato: te insisto en que guardes el Mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.

Responsorio breve
V. Oh Dios, nos pusiste a prueba, * Pero nos has dado respiro.
R. Oh Dios, nos pusiste a prueba, * Pero nos has dado respiro.
V. Nos refinaste, como refinan la plata.
R. Pero nos has dado respiro.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Oh Dios, nos pusiste a prueba, * Pero nos has dado respiro.

Magníficat
Ant. Demos gracias al Señor nuestro Dios, que por su gran misericordia exaltó la verdad de la fe con la muerte del bienaventurado Pedro, nuestro hermano. (T.P. Aleluya.)
O bien, especialmente con canto: ant. Este es el que se entregó a la muerte por la ley de su Dios. No vaciló en morir; muerto por los inicuos, vive con Cristo para siempre; siguió al Cordero y recibió el premio. (T.P. Aleluya.)

Las preces propias o del Común de un mártir.

Oración
Oh Dios, autor y defensor de la fe, que coronaste con el martirio al bienaventurado Pedro porque perseveró en la profesión de la fe verdadera; concede a tus fieles que la profesemos de palabra y obra y alcancemos así nuestra propia salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.

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