Historia del monasterio

50 Años de presencia en Mendoza

 
La iglesia del monasterio

Su titular y Patrona es la Virgen del Rosario, que también es la Patrona de la Arquidiócesis de Mendoza y de toda  la región cuyana, cuyo Santuario -Basílica Menor-  es la iglesia  de los padres dominicos del Convento Santo Domingo en Soriano, de nuestra ciudad. La Virgen del Rosario es también la Patrona del Seminario Arquidiocesano.

Nuestro monasterio pertenece a la Orden de Predicadores o dominicos. Es una comunidad totalmente dedicada a la contemplación. Nuestro nombre propio es Monjas de la Orden de Predicadores, más conocidas como Monjas Dominicas Contemplativas.

Fundación del monasterio y hechos salientes de su vida

Nuestro monasterio fue fundado en Forcall (Castellón), Valencia, España, el 25 de julio de 1888, día del Apóstol Santiago, Patrono de España y de nuestra arquidiócesis de Mendoza, aprovechando el edificio de un convento dominicano del siglo XVII, erigido con el título de San Blas, que había quedado deshabitado por el martirio de ocho de sus nueve frailes con motivo de la persecución religiosa de Mendizábal (1835-1836) y que nunca pudo ser repoblado.

Después del martirio de los frailes el pueblo de Forcall, queriendo recuperar la presencia dominicana en el pueblo, y con motivo de la celebración del 2º Centenario (1886) de la llegada a él de las reliquias de San Víctor, mártir, que fue causa de una fuerte renovación espiritual en los fieles, pidió al Monasterio de Corpus Christi, de Villarreal (Valencia), fundado éste por la Venerable Rvda. Madre Inés de Sisternes y Oblites O. P. en 1639, hoy en proceso de beatificación, monjas para iniciar una nueva fundación. Este monasterio atendió el pedido del pueblo y accedió a realizar una fundación en Forcall. Las monjas fundadoras fueron seis: Sor Josefa María de San Manés Miralles Monterde OP (Priora), Sor Rosa de San Pedro Apóstol Doménech Gil OP, Sor Imelda de Santa Teresa Manero Arrufat OP, Sor María Ángela de Santa Juana de Aza Doménech Lecha OP, Sor Filomena del Corazón de María Vicente Vicente OP y Sor Francisca de los Ángeles Ballester Boix OP, monja de obediencia. Eran muy pobres de bienes materiales y muy observantes. Para conducirlas a su nueva morada se organizó una procesión con el Santísimo Sacramento desde la iglesia parroquial hasta la iglesia del monasterio con asistencia del clero, las autoridades civiles y multitud de fieles. El 4 de agosto del mismo año, día en que anteriormente se celebraba la Solemnidad de Nuestro Padre Santo Domingo, ingresaron en el monasterio cuatro postulantes.

La vida de este monasterio fue desarrollándose según el carisma de Santo Domingo, hasta 1936 en que comenzó la Guerra Civil Española. A las veintiuna horas del día 25 de julio de ese año, al cumplirse los 48 años de su fundación, las monjas se vieron obligadas a abandonar la clausura y refugiarse en casas de sus familiares, para no perder la vida. Era Priora la R. M. Sor Pascuala de Santa Catalina OP, el capellán, Pbro. Don Pedro Plana, un hermano religioso, un sobrino, y dos monjas ocultaron antes de salir del convento, algunos ornamentos, imágenes, candeleros, etc., haciendo un acto de valentía ante tan críticas circunstancias. El Padre Pedro Plana, fue fusilado el 29 de septiembre del mismo año, después de su arresto. Los demás objetos piadosos fueron arrojados desde una ventana y quemados el 15 de agosto, y el edificio se convirtió en vivienda de refugiados que venían de otros lugares. La iglesia conventual fue destinada para comedias y bailes, sirviendo el presbiterio de escenario. Después de la liberación, el monasterio fue destinado para acuartelamiento de las tropas. El estado del edificio del monasterio no sufrió grandes desperfectos, pero la Iglesia fue despojada de altares e imágenes y destruido el púlpito.

Antiguo convento dominicano de Forcall

Retablo de la iglesia, totalmente destruido en la guerra

Finalizada la guerra civil el Rdo. Padre Don Manuel Milián, que era el párroco de Forcall, puso gran empeño para que la comunidad tuviese medios suficientes para reiniciar su vida claustral y con la ayuda del Sr. Alcalde Don Antonio Peñarroya Dolz, consiguieron que fuese recuperado el monasterio. El 25 de marzo de 1939, reanudaron las monjas su vida regular. Con presencia del Ayuntamiento y numerosos fieles, se celebró la Santa Misa, terminada la cual las monjas que formaban la comunidad pudieron recomenzar su vida consagrada en el monasterio. La Madre Pascuala había muerto en ese tiempo de exclaustración.

El período de la post-guerra fue muy duro para la comunidad, como para todas las existentes en España: al estado deplorable del edificio, se sumó la escasez de alimentos, la falta de recursos económicos, la dificultad de conseguir un trabajo rentable y la dureza del clima de aquellos inviernos. Pero Dios seguía llamando a muchas jóvenes a consagrarse totalmente a Él en una vida de seguimiento de Jesús pobre, casto y obediente, por medio de la oración y la penitencia. Así es como los monasterios españoles pronto se encontraron con una riqueza humana jamás soñada.

En 1965, por dificultades en la asistencia espiritual de la comunidad, por el derrumbamiento de parte del edificio en que residían y por la imposibilidad e inconveniencia de repararlo, la Federación de la Inmaculada Concepción de Monjas Dominicas de Aragón (España), a la que pertenecemos, decidió trasladar provisionalmente a la comunidad a otro monasterio de la Federación en tanto se encontraba para ellas una morada definitiva.

Es así que el día 2 de octubre de 1966 a las seis de la mañana, festividad de los Ángeles Custodios y día también en que celebraban a la Virgen del Rosario, a los 78 años de su fundación, se cerró definitivamente el edificio del monasterio, con la esperanza firme de su apertura en el sitio donde Dios les tenía predestinado. La comunidad se trasladó provisoriamente a vivir en el Monasterio de “Nuestra Señora de la Consolación” de Játiva (Valencia), que le abrió generosamente sus puertas y su corazón, a la espera de hallar el lugar donde Dios la quería.

La partida de Forcall –como es de suponer- fue muy dolorosa tanto para las hermanas como para el pueblo que sentía que se fueran para siempre “sus monjas”. Con suma prudencia, habían mandado todo el equipaje previamente. El día anterior el Sr. Capellán distribuyó la Eucaristía a toda la comunidad y con el sagrario vacío, pasaron las últimas horas de ese día y toda la noche. Del Libro de la crónica se recogen estas frases, que reflejan cómo vivían esta situación previa a su inminente partida: “momentos de gran trascendencia en la comunidad, pero vividos con una naturalidad tan sobrenatural, admirable, siendo esta la causa de prepararlo todo con una paz inalterable, difícil de expresar. Todo sigue su curso: coro, trabajo, vida de comunidad, todo. Y es que cuando se hace en cada momento lo que Dios quiere, nada turba, y todo se hace con paz. Todo es don de Dios”.

Residiendo ya en la comunidad de Játiva pareció encontrarse en Gandía un convento en construcción que pertenecía a los Padres Jesuitas, cuyas primeras destinatarias finalmente no lo ocuparon. Las diligencias para que les fuera concedido iban bien, hasta el punto que la comunidad adquirió una sillería para el coro del nuevo convento. Pero poco tiempo después del primer ofrecimiento todo quedó en nada después de un cambio de superiores en la Compañía. Nuevamente la Federación y nuestra comunidad reanudaron la búsqueda de su morada definitiva.

Entretanto, el padre asistente de la Federación de la Inmaculada Concepción, Fray Marceliano Llamera OP, había viajado a Buenos Aires y visitado a la comunidad del Monasterio “Santa Catalina de Siena” y conversando con la Rvda. Madre Priora Sor María Jesús Franco Pomares, OP, se había enterado de que los frailes del convento “Santo Domingo en Soriano”, de Mendoza, pedían y deseaban una fundación de monjas dominicas en dicha Arquidiócesis, cuyo Patrono era precisamente el Apóstol Santiago, tan querido para todos los españoles. Viendo en esto un designio providencial de Dios y ante el fracaso de las gestiones para la concesión del monasterio de Gandía, el Padre Llamera le escribió a la Madre Priora de nuestra comunidad Sor María Esperanza Vázquez OP, quien el 25 de enero de 1969, reunidas las monjas, les leyó la carta enviada por él en la que les proponía un traslado para fundar en Mendoza, diciéndoles: “la Iglesia en Argentina necesita almas contemplativas, focos de oración que como Moisés, eleven oraciones y súplicas al Señor, a favor de nuestros hermanos argentinos”.

Relata la crónica que la noticia fue muy fuerte para la comunidad quien lo relata así: “no esperábamos tal cosa, pues se nos proponía nada menos que un traslado a América… era algo tan inesperado e inusual en la vida contemplativa, en la que se ingresaba a un monasterio para morir en él…”.

Se dio tiempo a la comunidad para pensarlo antes de tomar una decisión. Se pasaron angustias e incertidumbres, pero al fin comprendieron que era Dios quien les pedía el traslado y todas pronunciaron su “fiat” con amor y fe, esperanzadas en el futuro, dejando toda seguridad humana.

Así es como nuestra comunidad se trasladó casi íntegra a la Argentina, excepto cuatro hermanas. Las hermanas que se quedaron en España fueron: Sor Ángela Michavila OP y Sor Consolación Tejel OP, por ser muy ancianas, y Sor Dominga Carceller OP y Sor Trinidad Querol OP, por razones particulares. En 1970 embarcando en el buque “Cabo San Vicente” en el puerto de Barcelona y zarpando la noche entre el 1 y el 2 de noviembre de 1970 rumbo a Buenos Aires. Después de un viaje de quince días por mar llegaron por fin a la Argentina donde fueron recibidas por frailes y laicos dominicos y acogidas entrañablemente por las monjas de la comunidad de Santa Catalina de Siena de Buenos Aires en la que residieron veinte meses mientras se construía para ellas el nuevo monasterio en Mendoza, el cual se inauguró el 2 de julio de 1972 en la localidad de El Borbollón, departamento de Las Heras. A esta ceremonia de consagración del altar e inauguración del nuevo monasterio asistieron los tres obispos de Cuyo: Mons. Olimpo Santiago Maresma, Arzobispo de Mendoza, Mons. Ildefonso Ma. Sansierra, Arzobispo de San Juan y Mons. Rodolfo Laise, Obispo de San Luis. Y también asistieron el Embajador de España en la Argentina, el cónsul de España en Mendoza y el Gobernador de la Provincia y toda la colonia española de Mendoza.

Monasterio del Borbollón (vista desde la huerta)

Monasterio de Villa Nueva (vista desde el parque)

La mayoría de los fondos para la construcción de este monasterio fueron aportados por el Monasterio de Santa Catalina de Buenos Aires que se desprendió de casi todo su patrimonio para esta fundación. El proyecto estuvo a cargo del prestigioso arquitecto mendocino Daniel Ramos Correa, quien hizo también el proyecto de la Parroquia Santiago Apóstol y San Nicolás de nuestra ciudad. Componían la comunidad las siguientes monjas:

+ Sor María Esperanza Vázquez OP, Priora
+ Sor Ma. Rosario Troncho OP
+ Sor Ma. Imelda Troncho OP
+ Sor Ma. Magdalena Milián OP
+ Sor Ma. Gracia Escuder OP
+ Sor Ma. Vallivana Dabón OP
+ Sor Ma. Concepción Calvo OP

+ Sor Ma. Asunción García OP
+ Sor Ma. Margarita Cuadrado OP
+ Sor Ma. Presentación Cañueto OP
+ Sor Ma. Pilar Carrera OP
+ Sor Ma. Ascensión Voces OP
+ Sor Ma. Natividad Cuadrado OP

El edificio del monasterio en la Arquidiócesis de Mendoza fue inaugurado el 2 de julio de 1972. El Padre Marceliano Llamera OP, asistente de la Federación, les escribió nuevamente en esa oportunidad: “Vuestro establecimiento en el nuevo Monasterio no es un mero traslado local o material, es un verdadero trasplante o una verdadera plantación de la vida contemplativa en ese campo de Dios que es la cristiandad de Mendoza…sois elegidas de Dios para personificar y ejemplarizar ante el pueblo de Dios, en esa latitud cristiana, el más alto cometido de la Iglesia que es la comunicación contemplativa, amorosa y suplicante con la Trinidad Divina…”.

Mons. Maresma se mostró siempre muy cercano a la comunidad y nos visitaba muchas veces llegando sin anunciarse, compartiendo nuestra mesa y preocupándose por todas las necesidades y vicisitudes del monasterio, sobre todo cuando la comunidad se quedó todo un año sin priora porque la Madre Esperanza Vázquez OP, que había acompañado la fundación, se enfermó de cáncer, fue operada y después de un tiempo y ante el agravamiento de la enfermedad decidió regresar a España. Monseñor pagó el viaje a la Subpriora para que asistiera a la Asamblea Federal, en la que pediría a la Federación una nueva priora para la fundación. También las religiosas de la diócesis se mostraron todas muy hermanas atendiendo a nuestras necesidades, particularmente las dos congregaciones de Hnas. Mercedarias que tienen casa en la diócesis (Colegio San Pedro Nolasco y Hospital Militar), a quienes tanto les debemos. Los fieles de la arquidiócesis hicieron otro tanto y visitaban a menudo el monasterio ayudando a la comunidad con sus bienes y servicios.

El 5 de noviembre de 1972 el Sr. Arzobispo organizó una peregrinación al monasterio (14 km desde la ciudad) que contó con la presencia de miembros de Acción Católica, Legión de María, y demás asociaciones y colegios católicos de la diócesis en adhesión al Congreso Eucarístico Internacional; acudió una verdadera multitud, por lo que la Misa de cierre se celebró en la explanada exterior del monasterio.

Irradiación del monasterio

Nuestra comunidad, por la gracia de Dios, y a partir de su implante en Mendoza ha tenido una significativa irradiación en toda nuestra arquidiócesis y en sus alrededores ya que, en toda la región cuyana ha sido durante muchos años el primer monasterio dedicado exclusivamente a la oración, al que siguieron luego la fundación de los Carmelos de Caucete (San Juan) y Luján de Cuyo (Mendoza); el de Monjas Benedictinas en el Suyuque (San Luis) y años más tarde el de las Monjas Cartujas de Merlo (San Luis).

Al llegar la comunidad, la arquidiócesis de Mendoza contaba con un solo seminarista, el Señor arzobispo encomendó muy especialmente esta intención a la intercesión de las monjas y al año de su llegada, tenía ya cuarenta seminaristas formándose para el ministerio sacerdotal, lográndose así un aumento muy significativo de vocaciones.

Los fieles de Mendoza creían en el poder de la oración, pero les costaba asimilar el valor de toda una vida entregada ella, y de la cual éramos el primer referente en la región, por lo cual fue muy visitada la comunidad durante los primeros años de su llegada a nuestra provincia, por Colegios y demás instituciones católicas. Les llamaba mucho la atención nuestro modo de vivir y de ser Iglesia.

Después de la reforma litúrgica que introdujo el Concilio Vaticano II, el monasterio fue en la Arquidiócesis un referente válido al que acudían para consultar y solicitar material litúrgico sacerdotes, religiosas y seminaristas.

Durante los años de permanencia en el Borbollón el monasterio fue un verdadero centro de evangelización. Las monjas ofrecían a la gente la posibilidad de la Misa diaria, del rezo del Oficio Divino y de un lugar de oración con la presencia permanente del Santísimo Sacramento; formaron una escuela de monaguillos y colaboraron de muchas maneras apoyando la obra de la catequesis que los Padres Dominicos realizaban en el lugar, primeramente con catequistas de la Parroquia Santo Domingo y luego con gente de El Borbollón formada por ellos que luego se hicieron cargo de la catequesis de toda la zona. En nuestra capilla los niños recibían la Primera Comunión; desde nuestro monasterio partía la peregrinación que se hacía el 8 de diciembre para venerar la imagen de la Inmaculada Concepción en la gruta del Balneario La Cuyanita; en los días previos a Navidad se hacía en nuestra portería el pesebre viviente, cuyo libreto y vestuario era confeccionado por las monjas; también colaborábamos prestando los servicios de la casa con el Vía Crucis que el Círculo de Obreros Católicos (institución dominicana) organizaba en el Calvario que estaba construido en una loma frente al monasterio.

En 1980 la Iglesia en Argentina celebró en Mendoza el Congreso Mariano Nacional que fue un acontecimiento de gran importancia espiritual para toda la Nación. Nuestra comunidad recibió entonces la visita del Nuncio y de muchos sacerdotes y obispos, y además de su ferviente oración colaboró con la confección de 70 albas para el evento.

Nuestra comunidad, después de haber vivido 16 años en El Borbollón, recibió la visita del nuevo Arzobispo de Mendoza, Mons. Cándido Rubiolo, quien en su primer contacto con la comunidad -y viendo el monasterio y el lugar de su entorno, con ese juicio rápido y certero que lo caracterizaba-, les dijo a las monjas: “Hermanas ustedes tienen que salir de aquí”. Esto causó una gran sorpresa a toda la comunidad que jamás pensó, ni siquiera imaginó, la posibilidad de un nuevo traslado, También los superiores de la Federación vieron lo mismo que el Obispo y recomendaron vivamente a la comunidad un nuevo traslado a un lugar más adecuado dentro de la misma provincia de Mendoza, por significativas dificultades que presentaba el edificio en su construcción y entorno para el normal desarrollo de la vida contemplativa. Así es como la comunidad, movilizada por el señor Arzobispo y los Superiores mayores, se puso nuevamente en camino para encontrar un lugar adecuado para la construcción de un nuevo monasterio dentro de la misma Provincia de Mendoza, que finalmente se encontró en Villa Nueva, Guaymallén.

El edificio del monasterio de El Borbollón siguió funcionando un tiempo como casa de retiro a cargo de FASTA. y en el año 2007 fue vendido al Gobierno de Mendoza quien lo destinó a la Penitenciaría de Mujeres, con cuyas moradoras entramos en contacto en su momento a través de su capellán el Padre Marcelo De Benedectis, gran amigo de nuestra comunidad.

Al marcharse la comunidad del Borbollón quedó formado allí un grupito muy valioso de fieles, una verdadera comunidad cristiana. Y para que no se quedaran sin iglesia y sin Misa, ya que era el único templo católico de la zona, la comunidad puso una cláusula en el contrato de venta del Monasterio al Gobierno que establecía que se debía permitir a los fieles del lugar participar de las Misas que se celebraran allí. Para lo cual la comunidad dejó equipada la capilla con todo lo necesario para la celebración de la Misa. El Gobierno en principio aceptó la cláusula pero luego no la pudo cumplir a causa del reglamento carcelario que no lo permitía. Esta comunidad cristiana perseveró en su asistencia a Misa y pidió al párroco de la zona que les siguiera celebrando la Eucaristía en la Escuela del lugar y ahora ha adquirido un terreno para construir un salón multiuso que sirva también de capilla. También esta vez nuestra comunidad les ayudó con ornamentos y consiguió una donación para adquirir los vasos sagrados.

Aún con el nuevo monasterio en Villa Nueva sin terminar, y con el fin de apurar la obra, la comunidad se trasladó a su nueva casa el 28 de Febrero de 1988 esperando que esta fuera ya su morada definitiva. En la homilía de la última Eucaristía celebrada en el edificio del Borbollón, Mons. Rubiolo, nuestro Padre y Pastor , expresó: “para esta comunidad, estos han sido años de desierto, de prueba, como para el pueblo elegido cuando peregrinaba de Egipto a la tierra prometida… todo esto que ha significado una cruz para ustedes, y que la han vivido unidas al Señor, es para nosotros motivo de acción de gracias… que el edificio nuevo sea una invitación a una vida nueva, vida más santa, para que en cada una de ustedes se descubra siempre la imagen del Señor, el rostro de Cristo”.

El nuevo monasterio en Guaymallén se inauguró el 25 de julio de 1988, Fiesta del Apóstol Santiago, en la misma fecha en que celebraba el 1º Centenario de su existencia. Asistieron a dicha celebración el Padre Vito Tomás Gómez OP, Asistente religioso de nuestra Federación y el Padre Domingo Basso OP, quienes con motivo de la celebración del Centenario, en los días previos a la inauguración, pronunciaron dos conferencias: el Padre Vito Gómez OP, historiador, disertó sobre la Orden Dominicana y el Padre Basso OP, religioso de la Provincia Dominicana Argentina, disertó sobre la Vida Contemplativa. También adhirió a la inauguración del nuevo monasterio y a la celebración de su 1º Centenario de vida el Coro de la Universidad Nacional de Cuyo, dirigido por el Maestro Felipe Vallesi y la Hermana Cecilia López, de la Pía Unión Mater Dei, respectivamente, quienes dieron un concierto en nuestra iglesia de Música Polifónica Religiosa del siglo XVII y Canto Gregoriano, estrenando el repertorio con que el coro se iba a presentar ese año en el Concurso Internacional de Canto Gregoriano en Arezzo (Italia).

Coro de la UNC dirigido por el Maestro Felipe Vallesi y por la Hermana Cecilia López (Mater Dei)

La comunidad en el Coro de la iglesia

Este monasterio fue construido con la ayuda de los fieles de Mendoza y de muchos monasterios dominicanos del mundo, sobre todo con la del monasterio de Santa Catalina, de Córdoba, Argentina. Los arquitectos fueron: Rodolfo A. Gioia y Juan José Pino, dos jóvenes y talentosos arquitectos mendocinos quienes ganaron la licitación que se abrió para el proyecto.

El nuevo enclave de nuestro monasterio en Villa Nueva nos permitió entrar en contacto con un excelente grupo de familias cristianas, que buscan de verdad a Dios, que valoran mucho nuestra vida y nuestra liturgia y que se han convertido en incondicionales colaboradores con las necesidades de nuestra comunidad. Además de esto, un grupo de ellos, convocados por el monasterio contribuyen al sostenimiento de un comedor infantil.

El traslado de nuestra comunidad desde El Borbollón a Villanueva fue interpretada como la llegada a la “Tierra prometida” después de un largo Éxodo. Por fin, en una casa adecuada a la vida contemplativa recordamos las palabras de Ntro. Padre Santo Domingo a las Monjas de Madrid: “ya no podéis excusaros de no tener, por la gracia de Dios, edificios suficientemente idóneos para guardar la religión”.

Y pensamos que a partir de entonces los designios de Dios sobre nosotras serían los de todo monasterio: ser un signo de la primacía de Dios y de nuestro destino eterno, hacer cada día más ferviente la adoración y la alabanza de Dios, interceder por la salvación de todo el género humano y crecer en santidad y en fecundidad apostólica. Pero Dios siguió desplegando sus misteriosos designios sobre sus siervas.

En 1990 la comunidad cedió a Sor Marta Fonseca OP, monja profesa solemne de nuestra comunidad para integrar el grupo fundador de un nuevo monasterio, el de la Inmaculada Concepción, de Concepción, Tucumán, Argentina, que se inauguró en 1994.

En noviembre de 1992 se realizó en nuestro monasterio una reunión de Prioras y Delegadas de los Monasterios de Argentina y Chile, a la que asistieron las Maestras de Novicias de los dos noviciados de los países respectivos. Como fruto de esta reunión, el Consejo Federal decidió trasladar el Noviciado Federal Argentino a la Comunidad de Mendoza, residencia en ese momento de la Vicaria de la Madre Federal en América, Madre María Teresa Pont OP, a la sazón, Priora de nuestra comunidad.

Esto fue algo totalmente inesperado para nuestra comunidad que respondió pronta y generosamente a lo que Dios le pedía a través de los superiores, abriendo sus brazos y su corazón al Noviciado Común de la Federación en Argentina y les cedió parte del monasterio para este fin.

El día 1 de enero de 1993 recibimos la visita de nuestro Señor Arzobispo Mons. Cándido G. Rubiolo, quien aludiendo a la nueva misión que el Señor nos confiaba señaló en su homilía: “la importancia del compromiso de recibir al Noviciado y el valor de la entrega generosa de esta comunidad al proyecto de Dios”.

Así es como nuestro monasterio pasó a ser una comunidad formadora con todas las exigencias y sacrificios que eso implica, pero, -eso sí- ofrecidos con amor y entrega incondicionales al servicio de la formación y con la clara conciencia de nuestro límites.

En el año 2009 la comunidad asume el trabajo y el servicio eclesial de la elaboración de formas para la Misa, que surte a gran parte de la región cuyana y a Neuquén después que las Hermanas Hijas de San José se retiran de la provincia para fortalecer su presencia en otras casas dejándonos toda la maquinaria. A finales de ese año, nuevamente el Señor puso sus ojos en nuestra comunidad para encomendarnos una nueva responsabilidad: la Federación decide unir los dos Noviciados Comunes de Argentina y Chile en uno solo, que se establece en Mendoza.

Comunidad y Noviciado común

Comenzamos así esta etapa latinoamericana, iniciada por la incorporación a nuestra comunidad de dos profesas solemnes del Monasterio Nuestra Señora del Rosario, de Venezuela; en 2014, una hermana del Monasterio de Santiago de Chile; en 2015, otra del Monasterio del Rosario de Trinidad-Tobago. Otras hermanas latinoamericanas de Perú, de Ecuador y una de España también han pasado un tiempo entre nosotras para completar su formación.

En 2018 la comunidad celebró con una Misa presidida por Mons. Dante Braida, acompañado por Mons. Mazzitelli, sus 130 años de fundación, anticipando la celebración que debiera haber tenido lugar al cumplirse los 150 años por el motivo de tener todavía junto a nosotras a algunas de las fundadoras.

El 28 de mayo de 2019 se erige la nueva Federación María, Madre de la Gracia, de monjas dominicas argentinas a la que nos integramos; y se elige nuestro monasterio para la celebración de la Primera Asamblea Federal Constitutiva, la cual se celebró desde 31 de agosto al 2 de septiembre de 2019, en la cual se eligen las nuevas autoridades federales y se vuelve a destinar a nuestro monasterio como sede del Noviciado común de la nueva Federación.

No sabemos lo que nos deparará el futuro, pero nos abandonamos en la Providencia de Dios que nos ha conducido siempre tomadas de la mano de María, pidiéndole que en cualquier circunstancia podamos serle fieles para que Él pueda cumplir plenamente en nosotras su santísima voluntad.

Un emprendimiento apostólico importante de nuestra comunidad, realizado en forma conjunta con la Cofradía del Rosario del Convento de Santo Domingo en Soriano, de Mendoza, y que ha contribuido a hacer más presente nuestro monasterio en toda nuestra Provincia y en la región cuyana, ha sido la fabricación de más de cien imágenes misioneras vestidas de la Virgen del Rosario que han ayudado a recordar el patrocinio de Nuestra Señora del Rosario sobre toda la región desde la primera evangelización. También se han realizado imágenes de la Virgen del Rosario para algunos conventos de frailes del país y para particulares, y también de otras advocaciones marianas.

Aunque nuestra vida es puramente contemplativa y de clausura papal y por lo tanto está impedida de realizar ningún apostolado activo, el Señor llamó con un llamado particular a una hermana nuestra, Sor Norma Campusano OP, a dedicarse a la promoción de la Obra de la Divina Misericordia y a la construcción de su Santuario en Mendoza, llamado que fue discernido y autorizado por las autoridades eclesiásticas y cuya resolución canónica final está todavía en curso. Actualmente nuestra hermana y los colaboradores de la Obra tienen también encomendada por el Señor Arzobispo la pastoral del Hospital Humberto Notti.

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